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miércoles, 28 de marzo de 2018

FLECHA ROTA

(Broken arrow, 1950)

Dirección: Delmer Daves
Guion: Albert Matz

Reparto:
- James Stewart: Tom Jeffords
- Jeff ChandlerCochise
- Debra PagetSonseeahray
- Basil RuysdealGeneral Oliver Howard
- Will GeerBen Slade
- Joyce MackenzieTerry
- Arthur HunnicutMilt Duffield
- John DoucetteMule driver
- Frank McGrathBarfly

Música: Hugo Friedhofer
Productora: Twentieth Century Fox Film Corporation. (USA)

Por Jesús Cendón. NOTA: 7’5.

“Hasta este momento no se me había ocurrido pensar que una madre india pudiera echar de menos a sus hijos” Tom Jeffords tras haber curado de sus heridas a un joven y comentarle este que debía volver al poblado para no preocupar a su madre.


En la década de los cuarenta algunos autores mostraron una visión más ajustada a la realidad sobre el conflicto surgido entre los colonos y el ejército estadounidense por una parte, y los nativos norteamericanos por otra; abandonando la imagen deshumanizada y estereotipada del indio como un ser sediento de sangre al que tan sólo se le reservaba un papel amenzante para el hombre blanco. Así Raoul Walsh presentó a los pieles rojas como víctimas de la codicia y de los escasos escrúpulos de especuladores y políticos en su monumental “Murieron con las botas puestas” (1941); mientras que John Ford en “Fort Apache” (1948) responsabilizó a un ignorante en cuestiones indias, además de prepotente y soberbio, Coronel Thursday del enfrentamiento final entre el ejército y los apaches. En ambas cintas los pieles rojas eran tratados con dignidad.


Incluso en 1950, año de producción de “Flecha rota”, dos películas aportaron una visión más positiva de la cultura de las grandes praderas, además de denunciar las injusticias cometidas contra la misma. Me refiero a “La puerta del diablo” de Anthony Mann, en la que el director abordaba el tema de abandono por parte del gobierno de los EEUU de los pieles rojas al estar incapacitados legalmente para tener propiedades por carecer de la nacionalidad estadounidense y “Caravana de paz” de John Ford, que, aunque de forma tangencial, incluía un bellísimo alegato a favor de los navajos y sus costumbres.


Sin embargo, fue la película de Delmer Daves la que ejerció una influencia decisiva en Hollywood y originó en la década de los cincuenta una importante corriente revisionista en la que se cuestionaba la imagen dada hasta ese momento de los pieles rojas, comenzando a retratarlos de forma más sincera; además de mostrar un mayor respeto por su cultura. Tendencia culminada, cómo no, por John Ford en 1964 con “El gran combate” (horroroso nombre en castellano de su título original “Cheyenne autumn”, más poético y acorde con el contenido del filme), en el que el viejo director de origen irlandés mostraba su fascinación, nunca ocultada, por los nativos norteamericanos.


Sin tener la intención de ser exhaustivo y como títulos más significativos dentro de esta primera oleada de wésterns pro-indios o que al menos mostraban un acercamiento hacia los originales habitantes de Norteamérica destacaría “El piel roja” (George Sherman, 1951), “Más allá del Missouri” (William Welman, 1951), “Paz rota” (George Sherman, 1952), “El salvaje” (George Marshall, 1952), “Río de sangre” (Howard Hawks, 1952), “Hondo” (John Farrow, 1953), “Traición en Fort King” (Budd Boeticher, 1953), “Lanza rota” (Edward Dmytryck, 1954), “Apache” (Robert Aldrich, 1954), “Raza de violencia” (Douglas Sirk, 1954), “El gran jefe” (George Sherman, 1955), “Pacto de honor” (André de Toth, 1955), “La última cacería” (Richard Brooks, 1956), “La tierra del orgullo” (Jesse Hibs, 1956), “Yuma” (Sam Fuller, 1957), “Estrella de fuego” (Don Siegel, 1960) y “Los que no perdonan” (John Huston, 1960).


ARGUMENTO: Arizona 1870. Los apaches, liderados por el valeroso Cochise, llevan ya diez años en pie de guerra defendiendo su territorio de la avidez expansiva del hombre blanco. Un antiguo explorador del ejército, Tom Jeffords, se propondrá llevar la paz al territorio para lo que no dudará en entrevistarse con el jefe chiricahua del que se hará amigo. Pero el coste de la paz será muy doloroso.


Delmer Daves, uno de los mayores directores de películas del Oeste y gran renovador del género en la década de los cincuenta, escogió para su primer wéstern la novela de Elliot Arnold “Blood brother” basada en hechos reales y convertida en guion por Albert Matz, escritor víctima de la caza de brujas del infausto senador McCarthy, que abordaba el enfrentamiento entre el hombre blanco y los nativos norteamericanos abandonando los planteamientos simples y maniqueos predominantes hasta ese momento en el cine hollywoodiense; para ofrecernos un retrato honesto y muy bien documentado sobre la sociedad y cultura apaches.


En la misma plantea, en un momento en el que las minorías raciales en EEUU comenzaban a organizarse para denunciar tanto su situación injusta como para reivindicar sus derechos, la necesidad del entendimiento y la convivencia entre culturas separadas por muros de ignorancia y océanos de intolerancia e incomprensión. Reivindicando el conocimiento como herramienta esencial para comprender al otro, para entender a aquel que es diferente. Un tema, la superación de los prejuicios entre miembros de distintas culturas o razas través de su acercamiento, que se convertiría en una constante en sus wésterns sobre el problema indio (“Tambores de guerra” realizada cuatro años después y también basada en un hecho histórico, y “La ley del talión” filmada en 1956).


De hecho, el personaje de Tom Jeffords se puede entender como un alter ego del propio Daves quien convivió durante años con varias tribus indias y estableció un estrecho vínculo similar al de John Ford con los navajos.


Es precisamente Tom quien nos sumerge en la historia con su voz en off, para a continuación Daves descubrir sus cartas al presentar a un joven indio como un ser humano. De hecho en alguna entrevista llegó a afirmar que su intención era algo tan evidente como humanizar a los apaches. Así nos va a presentar a un joven guerrero herido que ha perdido a sus hermanos en el conflicto con los blancos, reza a sus dioses y se muestra preocupado por el hecho de que su madre le pueda echar de menos.

A partir de esa escena Daves estructura la historia con base en una doble relación mantenida por tres personajes:


El propio Jeffords, un hombre desprejuiciado, moderno e incluso adelantado a su tiempo que, hastiado de tanta muerte durante diez años de guerras apaches, se planteará la posibilidad de llevar la paz al territorio.


El valeroso jefe de los chiricahuas Cochise, al que el director reserva una espectacular presentación para acentuar el carácter legendario de su figura. Nos lo describe como un hombre práctico (llega a afirmar en relación a la situación del pueblo apache que: “si sopla el huracán, el árbol debe doblarse o será arrancado de cuajo”), noble, sincero (en un momento dado le comenta a Tom: “yo no rompo mi palabra, es mi vida”), inteligente, realista (asume que: “hablar de la paz es sencillo, pero vivirla no”), sabio y verdaderamente comprometido con la paz ( al final del filme sentencia respecto a la situación de Tom: “De igual modo que soporto la muerte de mi gente, soportarás tú la de tu esposa”).


Sonseeahray, interpretada por una quinceañera Debra Paget, símbolo de la pureza, inocencia y candidez.


Los dos primeros comenzarán una relación basada en la sinceridad que oscilará desde la cautela inicial, pasando por una creciente admiración, hasta una intensa amistad. Mientras que el antiguo explorador y la joven apache protagonizarán una bella y trágica historia de amor interracial. Son ambas relaciones, que por momentos parecen interesar más al director que la propia historia por lo que el ritmo del filme se resiente, las que permiten a Daves, gracias a sus amplios conocimientos, detenerse en la descripción casi documental de las costumbres del pueblo apache, cuya forma de vida se caracterizaba por su total armonía con la naturaleza.


Junto a Tom y Cochise, será decisivo en la pacificación del territorio por el bando del rostro pálido el general Howard, un tipo de personaje recurrente en la filmografía wéstern del director. Hombre profundamente religioso, tras ser derrotado por Cochise en una espectacular batalla rodada excelentemente por Daves a base de panorámicas, apostará decididamente por la paz y se mostrará tan sincero y honorable como el jefe chiricahua.


Los cuatro personajes deberán superar la incomprensión, el resentimiento y el odio generado por el conflicto en ambos bandos a lo largo del tiempo.


Así, el filme nos presenta al rostro pálido, salvo excepciones, moviéndose por estereotipos, actuando de forma maniquea (llegan a espetarle a Tom que si no combate a los indios es que está con ellos) y capaz, en una escena con claras referencias a la paranoica situación vivida por los EEUU con el senador McCarthy, de linchar a un hombre basándose en meras conjeturas o, incluso, de pagar por cabelleras de los pieles rojas. Mientras que el pueblo apache aunque es retratado con más simpatía (se hace hincapié en que fue el hombre blanco el que rompió el tratado de paz) tampoco se escapa de la mirada crítica de Daves en una secuencia, estéticamente impresionante cuya composición me recuerda al cuadro de Goya sobre los desastres de la guerra titulado “Grande hazaña con muertos”, en la que nos muestra su crueldad al torturar a varios hombres blancos. Además de presentarnos a un grupo de apaches, liderado por Geronimo, que no acepta la paz y atacará a una diligencia poniendo en grave peligro a esta.


“Flecha rota” quizás no sea el mejor wéstern de un director que nos legó cintas del nivel de “La ley del talión” (1956), “Jubal” (1956), “El tren de las 3:10” (1957) o “El árbol del ahorcado” (1959); pero, sin duda, fue una película muy necesaria y esencial para la evolución del género en los años venideros.


Como curiosidades os puedo citar las siguientes:

- Albert Matz obtuvo el Oscar al mejor guion, pero al estar incluido en la lista negra lo tuvo que recoger Michael Blankfort, escritor y amigo suyo que además figura como autor del libreto en los títulos de crédito. Hasta la década de los noventa no se le reconoció a Matz la autoría del mismo.

- Jeff Chandler, nominado al Oscar al mejor actor secundario, interpretó a Cochise en otras dos ocasiones: “Paz rota” (1952) y “Raza de violencia” (1954). En la última efectuaba un cameo y cedía el protagonismo a su hijo Taza, interpretado por un emergente Rock Hudson.

- El éxito de la película originó una serie de televisión que se mantuvo en antena durante cuatro años (1956 a 1960) con Michael Ansara en el papel de Cochise y John Lupton en el de Tom Jeffords.

- La película recibió críticas tanto de los sectores más puristas por hablar los apaches en inglés, como de los grupos más retrógrados por mostrar abiertamente una relación amorosa interracial.





jueves, 14 de diciembre de 2017

ENTRE DOS JURAMENTOS

(Two flags west, 1950)

Dirección: Robert Wise
Guion: Casey Robinson

Reparto:
- Joseph Cotten: Coronel Clay Tucker
- Linda Darnell: Elena Kenninston
- Jeff Chandler: Comandante Henry Kenninston
- Cornel Wilde: Capitán Mark Bradford
- Dale Robertson: Lem
- Jay C. Flippen: Sargento Terrance Duey
- Noah Beery: Cy Davis
- Arthur Hunnicutt: Sargento Pickens
- John Sands: Teniente Adams

Música: Hugo Friedhofer
Productora: Twenty Century Fox (USA)

Por Jesús Cendón. NOTA: 7

“¿Será cierto que la guerra va a terminar? “Sí”. “¿Y no es el fin de la guerra a su vez un principio?” (Conversación final entre Elena Kenninston y el coronel Tucker)


Robert Wise, director y productor estadounidense, es uno de esos buenos profesionales caído en el olvido a pesar de haber obtenido los Oscars correspondientes a la mejor película y al mejor director por un filme tan popular como “West Side Story” (1961); premios que repitió con la no menos afamada “Sonrisas y lágrimas” (1965). Comenzó como montador (“Ciudadano Kane”) y muy pronto fue fichado por la RKO, compañía en la que, junto a Val Lewton, realizó varios filmes notables de corte fantástico, además de thrillers del nivel de “Nadie puede vencerme” (1949), ambientado en el mundo del boxeo; para a lo largo de su prolongada carrera, más de cincuenta años y con cuarenta y cuatro títulos de los más variados géneros, trabajar en la órbita de las grandes productoras cinematográficas como la Metro Goldwyn Mayer, Warner Bross, United Artits y Twentieth Century Fox.



Precisamente “Entre dos juramentos” (1950) fue su primer filme rodado para la Twentieth Century Fox después de abandonar la RKO y su segundo wéstern tras “Sangre en la luna” (filme de cierto prestigio y con fuerte influencia del noir rodado en 1948). Wise tan sólo se acercaría a este género una vez más con la curiosa “La ley de la horca” (1956), una de las escasas incursiones de James Cagney en el wéstern.



ARGUMENTO: En las postrimerías de la Guerra de Secesión (otoño de 1964) el Coronel sudista Clay Tucker, prisionero junto a sus cuarenta y dos hombres en un campo nordista de Illinois, acepta la oferta del Capitán Bradford de vestir la casaca azul para defender Fort Thorn, situado en Nuevo México, del ataque de los pieles rojas. Una vez allí, el odio visceral a los sudistas del mayor Kenninston, comandante del fuerte, le hará replantearse su situación y desertar para volver a combatir por la Confederación.



La película se basa en un hecho histórico poco conocido, la proclama de Abraham Lincoln en 1863 prometiendo la libertad a los presos confederados que defendieran la frontera de los ataques de los indios. Frank Nugent, guionista habitual de John Ford y según determinadas fuentes yerno del genial director aunque este dato no está totalmente confirmado, se topó con esta ley que permitió la liberación de más de 6.000 soldados, y escribió una primera historia convertida en guion por Casey Robinson.

El resultado fue un wéstern irregular pero adulto y reflexivo con claras reminiscencias a la Trilogía de la Caballería de Ford, sobre todo “Fort Apache”, tanto desde el punto de vista temático como estético.



Así nos vamos a encontrar con temas habituales del tándem Ford-Nugent como el de la descripción de la vida cotidiana en un fuerte situado en pleno desierto y aislado de la civilización a través de las relaciones establecidas entre los oficiales, al mismo tiempo que se presta atención a los suboficiales y a los soldados; la necesaria reconciliación nacional; la reconstrucción de los EEUU simbolizada en la propia reparación del fuerte tras el cruento ataque indio; o la presentación de la Guerra de Secesión como un sinsentido que tan sólo provocó sufrimiento y desolación (a lo largo de la película se hace referencia al dolor y odio causados en la población del Sur por la denominada guerra total emprendida por el general Sherman consistente en la destrucción de hogares, plantaciones y estaciones de ferrocarril).



Además, la cena de los oficiales con el ulterior enfrentamiento entre el comandante Kenninston y el coronel-teniente Tucker al recordar a los familiares muertos en la contienda; el encuentro entre Satank, jefe indio, y el comandante Kenninston que, cegado por su odio, provocará con su torpeza el violento ataque de los pieles rojas al igual que le ocurría al coronel Thursday en “Fort Apache”; la conversación entre Elena y Clay delante de las tumbas de los caídos en un día nublado; la delicadeza del comandante Kenninston retirando un mechón de la cara de una adormecida Elena en señal de despedida o la marcha de la caravana por un territorio desértico son secuencias que remiten directamente al director de origen irlandés.



Lástima que Robert Wise llevará a cabo un trabajo tan correcto como frío y carente de fuerza (parece ser que nunca se sintió cómodo rodando esta película), sobre todo en relación con la subtrama amorosa, desprovista de la necesaria emotividad, en la que se ven implicados los cuatro protagonistas:



El coronel Clay Tucker, al que aportó su apariencia distinguida y aristocrática Joseph Cotten en un papel inicialmente pensado para Victor Mature. Estamos ante un inteligente y práctico militar que aceptará la proposición del capitán Bradford para poder abandonar la prisión y evitar más penurias a sus soldados. Hombre honorable, tras la traición de Kenninston, se debatirá entre la fidelidad a su palabra y la lealtad a la causa del Sur.



Elena Kenninston, interpretada por Linda Darnell (Chihuahua en “Pasión de los fuertes”). Viuda del hermano del comandante, que al igual que el capitán Bradford está secretamente enamorada de ella, se encuentra retenida por su cuñado en el fuerte. Al final de la película parece iniciar un acercamiento a Clay ante el cambio de actitud del militar sudista.



El capitán Mark Bradford, al que da vida Cornel Wilde. Representa el necesario entendimiento entre el Norte y el Sur al apostar desde un primer momento por Clay y pedir una oportunidad para él. Será un elemento clave en la toma de la decisión final por el excoronel rebelde.



El mayor Kenninston, encarnado por Jeff Chandler tras el éxito obtenido como Cochise en “Flecha rota” (Delmer Daves, 1950). Sin duda el personaje más interesante y complejo. Un hombre amargado y frustrado por la muerte de su hermano durante el conflicto civil y por su confinamiento en un fuerte perdido tras haber sido herido en la primera batalla en la que participó. Profesa un odio irracional y visceral tanto a los sudistas como a los indios a los que considera rebeldes. Provocará, con una decisión absurda motivada por su soberbia, la matanza llevada a cabo por los indios en el fuerte (de nuevo estamos ante un filme contado desde el punto de vista de los blancos que explica las razones del levantamiento de los pieles rojas motivado por una actuación injusta de los anglosajones) pero al final tomará una decisión tan dramática como valiente buscando redimirse.

Aunque Wise no acertó a dotar al filme del tono que requería, su trabajo tras la cámara desde el punto de vista técnico es irreprochable como se aprecia en tres grandes secuencias:



La inicial, con un travelling lateral necesario para mostrarnos la situación penosa de los prisioneros sudista que culmina en el interior de un almacén iluminado por los rayos del sol filtrados por las juntas de los maderos. Escena en la que el gran director de fotografía Leon Shamroy, con cuatro Oscars y dieciocho nominaciones a lo largo de su carrera, realizó un gran trabajo.



La estupenda carga de caballería de los hombres de Clay seguida de una larga, descarnada y brutal batalla magníficamente rodada y montada. Combate de una violencia y un realismo poco habituales para el cine de la época.



Y, sin duda, la mejor escena del filme con uno de los personajes aceptando su sacrificio. Así, le vemos salir desarmado del fuerte y encarar su destino perdiéndose entre la bruma de la noche para a continuación, rompiendo el silencio nocturno, oír un grito desgarrador. Extraordinaria e impactante secuencia, con una atmósfera más propia del cine fantástico gracias, de nuevo, al gran trabajo de Shamroy, en la que Wise utiliza de forma magistral el fuera de campo.



Película por tanto que, a pesar de su falta de fuerza en determinados momentos, cuenta con los aciertos suficientes para agradar al aficionado al wéstern en general y a las películas sobre la caballería estadounidense en particular; por lo que seríamos injustos si pretendiéramos compararla con la famosa Trilogía de la Caballería rodada por John Ford, una de las cumbres del wéstern sobre militares.


jueves, 12 de octubre de 2017

VERACRUZ

(Vera Cruz, 1954)

Dirección: Robert Aldrich.
Guion: Roland Kibbee y James R. Webb.

Reparto:
Gary Cooper: Benjamin Trane
Burt Lancaster: Joe Erin
Denise Darcel: Condesa Marie Duvarre
Cesar Romero: Marqués Henri de Labordere
Sara Montiel: Nina
George Macready: Emperador Maximiliano
Jack Elam: Tex
Ernst Borgnine: Donnegan
Henry Brandon: Capitán Danette
Charles Bronson: Pittsburgh

Música: Hugo Friedhofer
Productora: Hecht-Lancaster Production (USA)

Por Jesús Cendón. NOTA: 8

“Corazón blando” “Sólo para los caballos” (Conversación entre Joe Erin y Benjamin Trane tras haber acabado el segundo con su caballo para evitarle sufrimientos).


Estamos ante uno de los westerns más influyentes del género, así como fundamental para el desarrollo del mismo, resultado de la unión de dos grandes personalidades: Burt Lancaster y Robert Aldrich.


El primero, al igual que otras estrellas como Kirk Douglas con su Bryna y John Wayne con la Wayne-Fellogs embrión de la Batjac, fue un actor inquieto dispuesto a controlar desde los inicios su carrera profesional, para lo que en 1948, sólo dos años después de su debut en la imprescindible “Forajidos” (Robert Siodmak, 1946), creó la productora Norma (nombre de su mujer), compañía que compaginó con la Hecht-Lancaster, fundada junto con Harold Hecht, a la que se unió James Hill, pasándose a denominar a partir de entonces Hecht-Hill-Lancaster. Fruto de esta unión fueron gran parte de los mejores filmes protagonizados por Burt Lancaster durante la década de los cincuenta en los que supo aunar comercialidad y calidad, como queda patente en títulos del nivel de: “El temible burlón” (Robert Siodmak, 1952), “Chantaje en Broadway” (Alexander McKendrick, 1957), “Mesas separadas” (Delbert Mann, 1958), “Torpedo” (Robert Wise, 1958) o “Los que no perdonan” (John Huston, 1960).


Por su parte Robert Aldrich, con el que Burt Lancaster había trabajado en “Apache” también producida por su compañía, fue uno de los mayores exponentes de la denominada “Generación de la violencia” (Don Siegel, Richard Fleischer, Anthony Mann, Nicholas Ray o Sam Fuller) caracterizada por presentar la violencia de forma más realista y por estar protagonizadas sus historias por personajes definidos por su comportamiento agresivo. El hoy algo olvidado director tuvo un inicio de carrera fulgurante, encadenando cinco cintas de la calidad de “Apache” y “Veracruz” (ambas de 1954), “El beso mortal” y “The big Knife” (las dos de 1955) y “Attack” (1956), para dejar huella de su impronta cinematográfica, con los altibajos lógicos, durante tres décadas y más de veinticinco películas.


ARGUMENTO: Dos aventureros Benjamín Trane, un ex oficial confederado arruinado por la guerra, y Joe Erin, un temible pistolero al mando de una banda de forajidos, deciden vender sus servicios a Maximiliano en su lucha contra los juaristas. Encargados de escoltar a la condesa Marie Duvarre, los problemas surgirán cuando descubran que en realidad están trasportando tres millones de dólares en oro.

Creo que el adjetivo que mejor define a este filme es moderno, ya que contiene una serie de elementos, más o menos novedosos, desarrollados posteriormente tanto por el western norteamericano como por las películas del oeste europeas.


- En primer lugar tenemos el marco geográfico: México. Así a partir de mediados de los cincuenta proliferarán los westerns protagonizados por aventureros y ambientados en este país norteamericano, tanto durante la monarquía de Maximiliano I (1863-1867) como durante el proceso revolucionario de comienzos del siglo XX. Entre otras destacan “El tesoro de Pancho Villa” (George Sherman, 1955); “Bandido” (Richard Fleischer, 1956) y “Más allá de Río Grande” (Robert Parrish, 1959) interpretadas por Robert Mitchum; o las ya reseñadas en este blog “Mayor Dundee” (Sam Peckinpah, 1964), “Los profesionales” (Richard Brooks, 1966) y “Grupo salvaje” (Sam Peckinpah, 1969). E incluso en Europa a finales de la década de los sesenta dará lugar a un subgénero, con una profunda carga ideológica, denominado Zapata-western con títulos tan destacados como “Yo soy la revolución” (Damiano Damiani, 1967) o “Tepepa” (Giulio Petroni, 1969), por citar dos ejemplos.


- Una visión más realista de los personajes alejados de la división maniquea entre positivos y negativos y del prototipo de héroe clásico. De esta forma se nos presenta a los protagonistas del filme como dos individuos amorales cuyo único objetivo en tierra mexicana es la obtención de un beneficio económico. Benjamin Trane, encarnado con su carisma habitual por Gary Cooper, es un ex oficial confederado arruinado tras la Guerra de Secesión que dejó sepultado su idealismo junto a su hacienda destruida y prefiere el dinero ofrecido por Maximiliano al romanticismo y a la nobleza de la causa defendida por el general juarista. Persona culta, con gran capacidad para la negociación (obtiene del emperador el doble de la cantidad inicialmente ofrecida) y hombre de palabra, será el único que evolucione favorablemente apoyando la causa revolucionaria con la que se había comprometido previa promesa de recibir 100.000 dólares. Por lo que respecta a Joe Erin, interpretado por Burt Lancaster de forma dinámica y expresiva, es un pistolero tan sólo fiel a sí mismo (llega a decir a uno de sus hombres: “Yo no tengo amigos Donnegan. Ni siquiera tú”), un fullero brabucón para el que la traición es norma de vida. La relación entre ambos queda definida magistralmente en la primera escena en la que Erin vende a Trane un caballo que no es suyo, para inmediatamente después el segundo robarle su montura al primero. El tercer vértice del triángulo le corresponde a la Condesa Duvarre, a la que dio vida la actriz francesa Denise Darcel en un papel muy diferente al que protagonizó en “Caravana de mujeres”. Se nos muestra como una auténtica femme fatale, una mujer ambiciosa y manipuladora con sus propios planes para quedarse con el dinero que no dudará en servirse de sus encantos para utilizar a los dos pistoleros.


- Con base en estos personajes la película aborda como temas principales la avaricia, la codicia y la traición; estableciéndose un juego entre los tres personajes principales basado en la desconfianza y el engaño con el objeto de apropiarse cada uno de ellos de la totalidad del botín. Esquema argumental adoptado por Sergio Leone, que siempre reconoció la influencia de esta película, en “El bueno, el feo y el malo” al situar, como este filme, a tres personajes codiciosos en un marco histórico concreto (en su caso la Guerra de Secesión) buscando un botín y traicionándose continuamente.


- El tratamiento de la violencia. Cualidad inherente a los protagonistas, unos seres desarraigados (Trane reconoce que la guerra no sólo destruyó su hacienda sino su forma de vida), que viven al filo de la barbarie y que se resisten a ser absorbidos por la civilización, será presentada de forma más brutal, directa y difícilmente controlable.


- Por último la dirección de Aldrich, más enfática, y su forma de encuadrar y utilizar el montaje; cuyo mejor ejemplo lo constituye la planificación del duelo final entre Erin y Trane en el que alterna sucesivamente planos de conjunto, encuadrando a los dos protagonistas, con primerísimos planos y planos detalle de las caras y las armas y manos de ambos contendientes. Duelo que remite necesariamente a los filmados por Sergio Leone aunque sin la dilatación del tiempo y la magistral utilización de la música del director romano.


“Veracruz” por tanto es, a pesar de sus imperfecciones entre las que destaca el desequilibrio existente entre los actores y actrices principales o la dirección un tanto descuidada de algunas escenas como la del ataque al convoy en un pueblo, una obra capital para comprender la evolución de este género durante la segunda mitad de la década de los cincuenta, los años sesenta e, incluso, parte de los setenta de cuya trama François Truffaut dijo que funcionaba como un reloj suizo; por lo que es de visión obligatoria para los amantes del western.


Como curiosidad contaros que Sara Montiel, por aquella época casada con Anthony Mann, debutó en Hollywood con esta película. Posteriormente rodaría “Dos pasiones y un amor” (Anthony Mann, 1956) y “Yuma” (Sam Fuller, 1957). Para a continuación regresar a España y continuar su exitosa carrera con “El último cuplé” (Juan de Orduña, 1957).