jueves, 18 de octubre de 2018

ESPECIAL CICLO RANOWN (1)



Por Jesús Cendón.

Con el curioso nombre de ciclo Ranown se conoce al conjunto de siete wésterns dirigidos por Budd Boetticher e interpretados por Randolph Scott entre 1956 y 1960. La denominación se tomó de la productora fundada por el actor y por el productor Harry Joe Brown bautizada de esa forma al tomar las tres primeras letras del nombre del intérprete y las tres últimas del apellido del productor. Sin embargo, la pareja tan sólo produjo, contando con la distribución de la Columbia, cinco de los siete wésterns y tan sólo en los dos últimos aparece como tal la productora. En cuanto a los otros dos filmes, cabe señalar que el primero de la serie fue un proyecto de la Batjac de John Wayne, mientras que en el quinto, quizás el menos Ranown de todos, se implicó la Warner Brothers.


En todo caso las películas presentan unas características comunes y fueron el fruto de la unión artística de Randoplh Scott y Bud Boetticher cuya primera colaboración databa de 1943 con “Los desesperados”, filme de Charles Vidor en el que Boetticher ejerció como ayudante de dirección y contó, precisamente, con la producción de Harry Joe Brown para la Columbia.

Detengámonos pues, aunque someramente, en la carrera cinematográfica de los creadores de esta serie de wésterns.


Si a algún actor se le puede calificar como estrella del wéstern serie b es sin duda a Randolph Scott (1898-1987). Interprete con evidentes limitaciones, buscó a lo largo de su fructifera carrera a directores que se adaptaran a su forma de actuar, por lo que su trayectoria cinematográfica se caracteriza por los distintos ciclos de películas en los que formó tándem con un único realizador. Así rodó bajo la ordenes de Henry Hathaway siete películas entre 1932 y 1934; con Ray Enright cinco en el período 1942-1948, siendo la más recordada “Los usurpadores” que le reunió con Marlene Dietrich y John Wayne; otros siete fueron los títulos rodados con Edwin L. Marin entre 1946 y 1951, entre los que destacan “Colt 45” y “Fort Worth”; mientras que con André De Toth colaboró en seis ocasiones en apenas cuatro años (1951 a 1954), siendo el resultado filmes de la calidad de “Carson City”, “La última patrulla” o “El cazador de recompensas”.

Budd Boeticher (1916-2001), al igual que otros directores como Sam Fuller, se caracterizó por su inconformismo y la defensa a ultranza de su independencia. Era un auténtico aventurero y hombre de acción que practicó el rugby, el boxeo e, incluso, ejerció como torero profesional en México (1). Una vez instalado en Hollywood no dudó en cuestionar el sistema impuesto por las major y se vio relegado a producciones de bajo coste.

No creo que se le pueda comparar con los grandes directores del género pero lo que sí pienso que se puede afirmar sobre sus wésterns es que fueron fundamentales para el desarrollo y evolución del género, situándole en un estadio intermedio entre los clásicos y los directores más modernos como Sam Peckinpah y Clint Eastwood en EEUU o Sergio Leone en Europa.

Junto al ciclo Ranown, que le valió el reconocimiento de la crítica francesa con un entusiasta André Bazin a la cabeza aunque no tanto en los EEUU, Boetticher rodó tres wésterns notables en la década de los cincuenta: “Horizontes del Oeste” (1952), una historia cainita ambientada en los EEUU inmediatamente después de la Guerra de Secesión que contó con un gran trabajo de Robert Ryan; “Traición en Fort King” (1953); original wéstern ambientado en Florida con los indios seminolas como protagonistas en la que volvió a colaborar como en la película anterior con Rock Hudson además de con su amigo Anthony Quinn; y “El desertor de El Álamo” (1953), un wéstern profundamente moral protagonizado por Glenn Ford (2).

Junto a Scott y Boetticher otros dos nombres fueron decisivos en el ciclo.

Por una parte el citado Harry Joe Brown (1890-1972), amigo personal de Randolph Scott desde la década de los treinta, con el que fundó primero la Scott-Brown Production y posteriormente la Ranown, además de ser el responsable de la mayoría de los wésterns rodados por el actor para la Columbia (3).

Y por último, el guionista Burt Kennedy (1922-2001) que colaboró en cuatro de los siete títulos del ciclo (para mí los mejores). Extraordinario escritor, además de los libretos para los filmes del ciclo, escribió los guiones de dos de los tres wésterns dirigidos por Gordon Douglas con un Clint Walker en pleno apogeo (4) como protagonista (“Quince balas” de 1958 y “Emboscada” de 1959), y el de “Seis caballos negros” (Harry Keller, 1962), uno de los mejores wésterns protagonizado por Audie Murphy que presenta semejanzas con las películas integradas en el ciclo Ranown, sobre todo con “Estación Comanche”.

A comienzos de los sesenta comenzará a dirigir tanto sus propios guiones como los de otros escritores, pero sus filmes como realizador, a pesar de contar con estrellas de la talla de John Wayne, Robert Mitchum, Kirk Douglas o Henry Fonda, adolecen de irregularidad; no estando generalmente bien compensadas las escenas drámaticas y las cómicas en la mayoría de sus wésterns, de entre los que sin duda sobresale “Ataque al carro blindado” (1967).

Pero volvamos a las películas objeto de esta reseña e intentemos desentrañar los elementos comunes existentes en la mayoría de ellas.


- Son producciones modestas, de escaso presupuesto si bien asociados a las mismas figuran grandes técnicos. Nos encontramos por tanto con los comúnmente denominados wésterns de serie b y de hecho fueron acogidos con mayor entusiasmo en Europa que en los EEUU. Como consecuencia de las limitaciones presupuestarias los filmes se caracterizan por su austeridad y concisión narrativa. Así, son películas que introducen la historia de forma directa, sin preámbulos salvo alguna excepción como “Los cautivos”, en las que parece no sobrar nada y que contienen los planos indispensables, como si Boetticher hubier aprendido la lección recibida de John Ford con “El torero y la dama” (5). Igualmente debido a los exiguos presupuestos manejados, incluso Randolph Scott rebajó enormemente su caché, los filmes se rodaron en tiempo record, dos o tres semanas, y su duración no llega a los ochenta minutos; además de contar con escasas localizaciones.


- Los mejores títulos de la serie son wésterns de itinerario al narrar la historia de un viaje (6), tanto físico como moral, en el que la naturaleza juega un papel fundamental; de tal forma que las películas del ciclo Ranown se identifican con el paisaje rocoso de Lone Pine en California al igual que el cine de Ford quedó definitivamente ligado al Monument Valley.


Como excepción nos encontramos con “Cita en Sundown” y “Buchanan cabalga de nuevo” al tratarse de wésterns urbanitas. En estos filmes, frente a la pureza de la naturaleza, se nos muestra una sociedad corrupta controlada y sojuzgada por oligarcas que ejercen su poder de forma despótica. En ambos casos el protagonista, aunque le muevan intereses personales y sea de forma involuntaria, se convertirá en el revulsivo para acabar con esta situación.


- La mayor parte de los wésterns que componen el ciclo son historias que abordan temas como la venganza (7), la codicia ligada a la pobreza, la imposibilidad de recuperar un pasado perdido, la búsqueda a menudo imposible de la redención, el peso de un pasado trágico como condicionante del presente o la delgada línea que separa el bien del mal en un marco geográfico hostil. Temas en los que está presente el gusto por la tragedia por parte de Boetticher, dotando a los filmes de cierto aire crepuscular al que contribuyó, por su edad, el propio Randolph Scott.


Al mismo tiempo, al desarrollar estos temas, el director nos da una visión profundamente escéptica e incluso, en alguna películas, pesimista del Far-West y por extensión del ser humano.

Estamos, por tanto, ante películas reflexivas en las que son tan importantes las escenas de acción como aquellas en las que conversan los protagonistas, a través de las cuales conoceremos su forma de pensar, sus deseos, sus anhelos y las razones que motivan su comportamiento.


- Como consecuencia de esta visión y de las cuestiones tratadas, los principales personajes suelen ser complejos, cargados de matices y en absoluto estereotipados.

El protagonista es un hombre solitario (8), individualista, con un pasado que lo atormenta y cuya forma de actuar se debe a oscuras motivaciones, Nos encontramos ante un individuo hosco, lacónico, a veces desagradable e, incluso, en algunos filmes como “Cita en Sundown” con graves desequilibrios sicológicos. Un hombre que, probablemente, nunca hallará de forma definitiva la paz y que en varios de los wésterns integrantes de este ciclo vivirá anclado en el presente, con un pasado perdido irremediablemente, sin ningún futuro y condenado a vagar de forma errática el resto de sus días.

Igual de atípicos suelen ser los antagonistas del héroe. Personajes a los que Boetticher se esfuerza por entender, humanizándolos ante nuestros ojos al presentárnolos como, al igual que el protagonista, víctimas de una época y un país salvajes y violentos. De esta forma, Boetticher se esmera en mostrarnos las motivaciones de su comportamiento y en darnos a conocer su perfil más delicado; asi como sus temores, sus dudas y sus debilidades. Tal es así que incluso en dos filmes de la saga Boetticher permite que permanezcan con vida (9). 



Por último, los personajes femeninos se suelen caracterizar por su fortaleza y son fundamentales, con su ausencia o su presencia, para el desarrollo de la trama.

Para finalizar con respecto a las reseñas de las películas integrantes de este ciclo os comento que he respetado el orden de su estreno; aunque conforme señaló Boetticher en una entrevista publicada en Nickel Odeon el orden correcto sería el siguiente: “Tras la pista de los asesinos”, “Cita en Sundown”, “Los cautivos”, “Nacida en el Oeste”, “Buchanan cabalga de nuevo”, “Cabalgar en solitario” y “Estación Comanche”.




(1) Su pasión por la tauromaquia la plasmó en tres filmes: “Bullfighter and the lady” (1951), también producido por la compañía de John Wayne y recientemente editado en DVD, en el que precisamente narraba la historia de un torero norteamericano en México interpretado por Robert Stack; “Santos el Magnífico” (1955) que, protagonizado por Anthony Quinn, relataba la relación entre dos toreros, uno veterano y experimentado y otro joven e inexperto; y “Arruza” (1972) biografía novelada del gran torero Carlos Arruza en la que invirtió siete años y fue un auténtico desastre, marcando el declive definitivo de su carrera. Curiosamente su primer trabajo en Hollywood fue el de asesor, sobre todo de Tyrone Power, en “Sangre y arena”, drama ambientado en el mundo de los toros dirigido por Rouben Mamoulian en 1941.

(2) Boetticher también destacó en otros géneros, sobre todo en el noir con dos grandes filmes: “El asesino anda suelto” (1956), mixtura entre el noir y el thriller que contenía una descarnada reflexión sobre el American Way of Life; y “La ley del hampa” (1960), uno de sus mejores filmes comparable en calidad con los más destacados del ciclo Ranown, sobre el gánster Jack “Legs” Diamond.

(3) La presencia de Harry Joe Brown en el ciclo parece que fue testimonial. Incluso la Columbia quiso prescindir de él, hecho al que se negaron tanto el actor como el director.
(4) Con sus casi dos metros de altura, el actor Clint Walker gozó de gran popularidad gracias a la serie “Cheyenne” de la que se rodaron 108 episodios entre 1955 y 1962. Dentro de este género también se le pudo ver protagonizando tres películas firmadas por Gordon Douglas, las dos citadas anteriormente más la inédita en España “Oro de los Siete Santos” (1961),y las muy inferiores “Tierra de alimañas” (Joseph Pevney, 1966), “Más muerto que vivo” (Robert Sparr, 1962), “Sam Whisky” (Arnold Laven, 1969) y el eurowéstern “El desafío de Pancho Villa” (Eugenio Martín, 1972).

(5) Para este filmé Boetticher contó como montador de lujo con John Ford quien cortó aproximadamente cien metros de película, el equivalente a unos cuarenta minutos.

(6) Según afirmaba Boetticher: “La mejor manera de conocer el lejano Oeste es viajando a través del mismo.”

(7) El propio Boetticher manifestó que sus películas con Randolph Scott contaban la misma historia con pequeñas diferencias, la búsqueda por parte de un hombre del asesino de su mujer.

(8) En varios de los wésterns el director remarca la soledad e insignificancia del héroe presentándonoslo en una primera escena mediante una panorámica que nos lo muestra cabalgando y sin compañía. Incluso el título de dos filmes de la serie hace hincapié en este hecho: “Buchanan rides alone” y “Ride lonesome”. Para algunos críticos tanto la soledad como la fragilidad de los protagonistas del ciclo Ranown simbolizarían la situación de Boetticher frente a la industria cinematográfica de los EEUU.

(9) El personaje interpretado por Pernell Roberts en “Cabalgar en solitario” fallecía en su enfrentamiento con el héroe en el libreto escrito por Burt Kennedy, pero Boetticher cambió el final argumentando que un forajido tan concienciado por conseguir el indulto y cambiar su forma de vida se merecía una segunda oportunidad. Mientras que en “Cita en Sundown” Tate Kimbrough, interpretado por John Carroll, tan sólo fue uno más de los amantes de la fallecida esposa de un desequilibrado Bart Allison por lo que no se le podía culpar del suicidio de esta y conseguía salvar su vida in extremis gracias a la intervención desesperada de Ruby, su actual “amiga”. 

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