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jueves, 20 de diciembre de 2018

QUINCE BALAS

(Fort Dobbs - 1958)

Dirección: Gordon Douglas
Guion: George W. George y Burt Kennedy

Reparto:
- Clint Walker: Gar Davis
- Virginia Mayo: Celia Gray
- Brian Keith: Clett
- Richard Eyer: Chad Gray
- Russ Conway: Sheriff de Largo
- Michael Dante: Billings

Música: Max Steiner
Productora: Warner Bros

Por Jesús Cendón. NOTA: 7

“¿Nunca ha perdido nada, señor Davis?”, “Sí señora, pero aprendí a no mirar hacia atrás”. Conversación entre Celia y Gar mientras contemplan como el rancho de la primera es pasto de las llamas tras el ataque comanche.



Los años  cincuenta no sólo supusieron la época dorada del wéstern en el cine sino que a partir de mediados de la década comenzaron a proliferar las series de televisión ambientadas en el Far west que, casi de inmediato, alcanzaron una gran popularidad y se convertieron en serios rivales de los largometrajes. De entre las majors que más interés mostraron por las posibilidades del wéstern en televisión destacó la Warner Brothers con series como “Maverick” protagonizada por James Garner y “Cheyenne”, la primera serie wéstern para un público adulto con capítulos de mayor duración (una hora contando con el intermedio), que permaneció en antena desde 1955 hasta 1962 y de la que se emitieron ciento ocho episodios. Incluso, debido a su éxito, dio lugar a dos spin-off, “Bronco Lane” (1958-1962) con Ty Hardin dando vida al personaje principal en sesenta y ocho capítulos y “Sugarfoot” de la que se produjeron sesenta y nueve episodios entre 1957 y 1961.



“Cheyenne” lanzó al estrellato a Clint Walker, un actor de complexión fuerte y ciento noventa y ocho centímetros de estatura, quien descontento con sus condiciones salariales, poco acordes con el éxito alcanzado por la serie tanto en EE.UU. como en Europa, amenazó con abandonarla al finalizar la segunda temporada.



La Warner reaccionó ofreciéndole una sustanciosa mejora salarial y brindándole la posibilidad de dar el salto a la pantalla grande con la firma de un contrato por el que se comprometía a que protagonizase tres de sus producciones ambientadas en el Lejano Oeste dirigidas por Gordon Douglas, hombre de confianza de la casa especializado en películas de acción de bajo presupuesto y con wésterns en su haber tan atractivos como “Nevada” (1950), uno de los mejores títulos interpretados por Randolph Scott en la primera mitad de la década; “Solo el valiente” (1951), filme claustrofóbico con Gregory Peck; dos cintas protagonizadas por Alan Ladd “La novia de acero” (1952), sobre la vida del futuro héroe de El Alamo Jim Bowie, y “Grandes horizontes”; así como un curioso experimento en 3D, “La carga de los jinetes indios” de 1953 con una joven Vera Miles.



El resultado de la colaboración entre Douglas y Walker se tradujo en los wésterns “Quince balas” (1958), objeto de esta reseña; “Emboscada” (1959), único de los tres filmes en color y antiguo proyecto rechazado por John Ford y John Wayne quienes prefirieron rodar “Misión de audaces” también producida, curiosamente, por Martin Rackin pero en el seno de The Mirisch Corporation (1); y “Oro de los siete santos” (1961), en el que a diferencia de los anteriores no intervino como guionista Burt Kennedy al ser sustituido por Leigh Bracket, colaboradora habitual de Howard Hawks.



ARGUMENTO: Gar Davis, tras acabar con el amante de su mujer y ser perseguido por una patrulla dirigida por el sheriff de Largo, se interna en territorio comanche convirtiéndose en el improvisado protector de la viuda Celia Gray y de su hijo Chad a quienes guiará a Fort Dobbs.



La Warner Brothers no quiso arriesgar demasiado con su nueva estrella y encargó poner en pie la película a Martin Rackin con un presupuesto muy limitado; incluso para facilitar su identificación con el personaje televisivo que había popularizado convenció a Clint Walker para que en la primera parte del filme vistiera la misma chaqueta que lucía en la serie Cheyenne. Además el esqueleto argumental con un pistolero solitario y honesto protegiendo a una viuda y a su hijo, propietarios de un rancho aislado, del acoso de los indios recordaba sospechosamente a “Hondo” (John Farrow) película producida por la major cinco años antes en colaboración con la Wayne-Fellows. Incluso, como en el filme de Farrow, nuestro héroe tenía un encuentro desafortunado con el marido de la ranchera.



Sin embargo, lo que en principio debía ser un producto rutinario de serie b se convirtió en manos de su director Gordon Douglas y de sus guionistas, fundamentalmente Burt Kennedy, en un wéstern vigoroso en el que construyeron una fábula sobre el mundo de las apariencias y la facilidad y ligereza del ser humano para juzgar y condenar a otros individuos sin poseer la información en su conjunto ni todos los elementos necesarios.

Para ello estructuraron el filme en tres partes claramente diferenciadas:



- La primera con un magnífico inicio, en el que vemos a un cowboy entrar en un pueblo en plena tormenta de arena (sobresaliente metáfora tanto de la ceguera emocional como de su torturada alma carcomida por impulsos vengativos), se extiende hasta el abandono del rancho por parte de Gar, Celia y Clett.



Estamos ante treinta o cuarenta minutos apabullantes y de un ritmo trepidante gracias a la mano maestra de Douglas en los que utiliza de forma magistral el fuera de campo (hasta el final de la película no sabremos qué ocurrió realmente en el interior de la cabaña), la elipsis narrativa y, en la escena del asalto al rancho por parte de los comanches, la cámara subjetiva con la intención de que apreciemos el reducido campo de visión del protagonista situado tras una ventana de la casa y cómo este va dirigiendo su mirada de un lado a otro del vano. Además en este primer tramo predominan las secuencias sin diálogo, mostrándonos de esta forma el director que el cine es básicamente imagen.



- El tramo central responde al típico wéstern de itinerario en el que Gar intentará conducir a Celia y Chad a un lugar seguro, el fuerte Dobbs del título original, ante la amenaza constante de los comanches. Al trío protagonista se le unirá Clett, un comerciante de armas sin demasiados escrúpulos y viejo conocido de Gar. Con el nuevo personaje, así como con la actitud de Celia hacia Gar, se subraya nuevamente la tesis principal del fime. Clett resultará ser un individuo muy diferente del que parecía en un primer momento; mientras que Celia, tras descubrir que Gar conserva una cazadora ensangrentada de su marido, se obstinará con la idea de que su improvisado protector asesinó a su esposo a pesar de las repetidas explicaciones del pistolero y de su actitud con ella y con su hijo. Así en un momento dado le recriminará: “¿Cómo se le dice a un niño que has matado a su padre?” y este, cansado de su obcecación, le responderá “¿Cómo se le dice a una mujer que no lo hice?”



Esta parte presenta similitudes con los mejores wésterns escritos por Kennedy para el tándem Boetticher-Scott (“Cabalgar en solitario” también de 1959 y “Estación Comanche” rodada al año siguiente), alternando las escenas intimistas, necesarias para conocer el carácter de los personajes, con las de acción, como la del río o la del enfrentamiento con los comanches, brillantemente rodadas por Douglas con profusión de panorámicas y planos largos; demostrando de nuevo su fiabilidad para rodar en exteriores. De hecho, salvo la primera escena, la película está rodada en escenarios naturales, entre ellos el famoso Monument Valley tan querido por John Ford.



- La última parte, de una gran espectacularidad, se centra en el enfrentamiento entre los comanches y los habitantes de Largo en el fuerte Dobbs al que acudieron buscando la protección del ejército. En ella se aprecia el reducido presupuesto con el que se contó, sobre todo al insertarse algunos planos de otro wéstern en el ataque al fuerte por parte de los indios.



Este tramo nos revelará las incógnitas sobre el pasado de Gar que han condicionado su presente; al mismo tiempo sabremos lo que realmente ocurrió en la cabaña, a Celia la informará el sheriff de que Gar no acabó con su marido y Clett mostrará su verdadera personalidad. Confirmándose, de esta forma, que un hecho aislado puede darnos una visión errónea de la realidad y sólo con el conjunto de estos podemos acercarnos a la verdad; demostrándose, por tanto, como cierta la máxima que le enseñó a David su padre: “Un hombre nunca debe decir palabras contra nadie, a menos que conozca todos los hechos… a veces las cosas se ven de una manera y llegan a ser del todo distintas”.



Es, por tanto, al final del filme cuando el director y el guionista nos desvelan su doble juego. El espectador se ha comportado con Gar respecto al asesinato de la cabaña como Celia en relación con la muerte de su esposo. Ambos le hemos condenado sin tener todas las pruebas para ello.



Junto a la gran dirección de Douglas sobresale el libreto escrito por George W. George y Burt Kennedy en el que los principales personajes no responden a los arquetipos del Oeste.
Gar Davis, interpretado por un limitado Clint Walker aunque apropiado dado su imponente físico, se nos muestra como un frío pistolero, taciturno, reservado, amargado, antisocial, violento y obsesionado por dar un escarmiento al amante de su esposa. Un individuo que ha vivido una gran mentira en relación con su mujer (las semejanzas con Bart Allison, protagonista de “Cita en Sundown” en cuyo libreto intervino, aunque sin acreditar, Burt Kennedy son evidentes) y para el que el itinerario físico se convertirá en un viaje interior a través del cual purgará culpas y expiará “pecados”. Así, si al inicio del filme se nos presenta a Gar perseguido por una patrulla por haber cometido un asesinato, y, a continuación, intentando robar un caballo del rancho de Celia que le recriminará su actitud, poco a poco su preocupación se centrará en la seguridad de la ranchera y de su hijo; y en el tramo final se jugará la vida para salvar a los habitantes de Largo, entre los que se encuentra el sheriff que lo persiguió. Incluso, no dudará en enfrentarse a Clett, temible con el revólver, y arrebatarle los rifles Henry, a los que alude el título en castellano (2), con el objeto de armar a los ciudadanos sitiados. La recompensa por ese trayecto interno será la promesa de un futuro feliz con Celia y David, su nueva familia.



Clett, al que da vida un convincente Brian Keith (3), se nos muestra inicialmente, y en contraposición con Gar, como un hombre extrovertido, sociable, buen conversador y sinceramente atraído por Celia, lo que despertará nuestra simpatía; incluso salvará la vida de Gar a pesar de haberlo expulsado del grupo. Sin embargo, a medida que avanza la cinta se manifestará su verdadera personalidad presa de la lujuria y la codicia al intentar abusar de Celia y al anteponer el beneficio económico de la venta de sus rifles Henry a la vida de los habitantes de Largo. Estamos ante un personaje que recuerda al interpretado por Claude Akins en “Estación Comanche” (Budd Boetticher, 1960), también escrita por Burt Kennedy, siendo igualmente un antiguo conocido del protagonista con el que mantiene una actitud ambigua.



El tercer vértice del triángulo lo constituye Celia Gray, encarnada en uno de sus últimos wésterns por Virginia Mayo (4), una mujer tan valiente y aguerrida como obstinada y, en ocasiones, poco inteligente que mostrará su tozudez con Gar e, incluso, buscará amparo en Clett y lo intentará utilizar para desembarazarse del que hasta ese momento se había convertido en su guardián y le había llegado a salvar la vida en el río.



Junto a ellos, y como fue habitual en los años cincuenta, nos encontramos con un preadolescente, el hijo de Celia, interpretado por Richard Eyer al que habíamos visto, entre otras, en “Fugitivos rebeldes” (Hugo Fregonese, 1954) y “La gran prueba” (William Wyler, 1956) que pronto comenzará un acercamiento a Gar, convertido en improvisado sustituto de su padre. Las escenas protagonizadas por él hacen bueno, para mí, el consejo de Alfred Hitchcock “Nunca trabajes con niños, con animales o con Charles Laughton", al deslizarse el filme por una pendiente edulcorada que desentona con la dureza de la mayor parte de la película.



“Quince balas” (5) se erige, por tanto, como un wéstern más complejo de lo que pudiera parecer en una lectura superficial y, desde postulados clásicos, anuncia el devenir del género en los años sucesivos, sobre todo a través de unos personajes, perfectamente construidos, caracterizados por su ambigüedad moral; así como, por un tratamiento más crudo de la violencia y una visión del Oeste menos idealizada.



1) Posteriormente para interpretar al personaje de Yellowstone Kelly en “Emboscada” se barajó, entre otros, el nombre de Robert Mitchum pero finalmente fue Walker el elegido.

(2) La fabricación de los rifles Henry supuso una pequeña revolución ya que podían disparar quince balas sin necesidad de ser recargados. De hecho popularmente se decía que: “una vez cargado en domingo podías disparar con él toda la semana”.

(3) Brian Keith debutó en la gran pantalla como el oficial nordista de “Hoguera de odios” (Charles Marquin Warren, 1953) y dos años después protagonizaría la mítica serie wéstern creada por Sam Peckinpah “The Westerner”.

(4) Virginia Mayo (1920-2005) a pesar de su evidente magnetismo y de haber rodado bajo las ordenes de directores como Raoul Walsh (“Juntos hasta la muerte”, “Al rojo vivo” y “Camino de la horca”), William Wyler (“Los mejores años de nuestra vida”) o Jacques Tourneur (“El halcón y la flecha”) vio limitada su carrera a productos de bajo presupuesto. Tras este filme tan sólo se acercaría a este género en “Nacida en el Oeste”, el filme más flojo del ciclo Rannown, y “Fort Utah” típica producción en la década de los sesenta de A. C. Lyles interpretada por antiguas estrellas del wéstern serie b en decadencia.

(5) La película, incomprensiblemente y pese a su calidad, no se estrenó en las salas españolas hasta 1965 y todavía no ha sido editada en DVD en nuestro país.

jueves, 20 de septiembre de 2018

PERSEGUIDO

(Pursued, 1947)

Dirección: Raoul Walsh
Guion: Niven Buchs

Reparto:
- Robert Mitchum: Jeb Rand
- Teresa Wright: Thorley Callum
- Judith Anderson: Medora Callum
- Dean Jagger: Grant Callum
- Alan Hale: Jake Dingle
- John Rodney: Adam Callum
- Harry Carey Jr.: Prentice
- Clifton Young: The sergeant

Música: Max Steiner
Productora: United States Pictures (USA)

Por: Jesús Cendón. NOTA: 8’5.

”Todo volverá a repetirse, pero ya no me importa. Sé que hay una respuesta que siempre he estado buscando. ¿Por qué siempre he estado solo? ¿Por qué todo salía mal? ¿Por qué hay odio en mí en lugar de amor? Había algo trágico en mi destino y también en el tuyo. Supongo que hemos perdido nuestra oportunidad y ya no podemos hacer nada”. Jeb Rand a Thorley Callum instantes antes de ser apresado por Grant Callum.


ARGUMENTO: Tras el asesinato de su familia, Jeb Rand es adoptado por Medora Callum que lo cría junto a sus dos hijos, Thorley y Adam, como uno más de la familia. Sin embargo su existencia estará marcada por el odio que le profesa Grant, el cuñado de Mrs. Callum.
Raoul Walsh, un director tan apegado a los géneros como tradicional en su forma de abordarlos, sorprendió en su vuelta al wéstern tras haber rodado una de sus cimas de un clasicismo arrebatador (1) con esta singular película del Oeste, una de las propuestas más innovadoras y arriesgadas dentro del wéstern en la década de los cuarenta.


Situada a caballo entre dos siglos, el filme, basado según palabras del propio guionista en hechos reales aunque también se ha visto en el mismo una libre adaptación de la novela “Cumbres borrascosas”, narra una historia de odio, venganza, traición, envidia, celos, pasiones amorosas y rivalidad fraternal en el seno de una familia de rancheros en Nuevo México. A la vez que están muy presentes temas como el destino, la fatalidad, el amor como elemento redentor y la suerte.


De hecho junto con el odio visceral profesado por Grant a Jeb, la vida de este último estará marcada por una moneda lanzada al aire que determina su incorporación a filas para enfrentarse a los españoles en la Guerra de Cuba de 1898 (2) y la pérdida de su parte del rancho a favor de Adam. Incluso la misma moneda le propiciará, a través del juego, una pequeña fortuna con la que comenzar una nueva vida junto a su amigo y protector Jake (interpretado por un Alan Hale alejado de sus habituales personajes de corte cómico como compañero del protagonista).


Sin embargo la ubicación espacio-temporal del filme no constituye un elemento determinante ya que podría haberse desarrollado en otro lugar y en otra época sin perder su esencia; porque en realidad la cinta bebe tanto del wéstern como de otros géneros.


Así, en primer lugar se aprecia la influencia de las tragedias clásicas y de los dramas shakesperianos, tan apreciados por el propio director y por Niven Busch, guionista que en su dilatada carrera escribió varios dramas familiares ambientados en el salvaje Oeste. Baste en este sentido recordar “Duelo al sol”, cuya novela fue adaptada al cine por King Vidor en 1946, o su guion para “Las Furias” (Anthony Mann, 1950) que cuenta con su oportuna reseña. Películas en las que, además, describe mujeres de fuerte carácter fundamentales en el desarrollo de la trama.


Asimismo nos encontramos elementos propios del noir. Respecto a esta cuestión no creo que fuera casualidad la elección del director de fotografía, puesto que James Wong Howe, un genio de la iluminación con dos Oscar y diez nominaciones en su haber, fue uno de los pilares, junto con John Alton, en la codificación estílistica del cine negro norteamericano. En este filme su aportación resulta fundamental para reflejar la tortura psicológica y emocional vivida por el protagonista.



Como ejemplos del extraordinario trabajo del cameraman de origen chino cabe citar tres secuencias nocturnas: el enfrentamiento en un callejón entre Prentice, nuevo pretendiente de Thorley, y Jeb; aquella con una iluminación tenebrista más propia de una película de terror en la que Thorley confiesa a su madre sus verdaderos planes respecto a Jeb; y el asalto del rancho de Jeb por parte de Grant y sus secuaces con la posterior huida del protagonista, escena en la que, por otra parte, Raoul Walsh muestra su maestría para crear suspense y tensión. Igualmente destacable es la secuencia del entierro de Prentice que podría haber sido rodada por el mismísimo Luis Buñuel por su composición e iluminación marcadamente surrealistas.


También propio del cine negro es el recurso a la voz en off del protagonista. Jeb Rand se convierte, de esta forma, en el narrador omnisciente del relato y quizás en este hecho radica una de las escasas debilidades de la película puesto que llega a relatar acontecimientos en los que no estaba presente (¿Cómo sabe Jeb el contenido de la conversación mantenida entre su madre adoptiva y Grant tras haber intentado este asesinarle cuando era un adolescente?).


Igualmente característico del noir es la propia estructura del filme a través de varios flash-backs. Así tras la secuencia inicial que arranca con una panorámica de uno de los personajes galopando (3) para a continuación revelarnos la situación desesperada del protagonista, la acción se retrotrae en el tiempo con el objeto de dar a conocer el espectador cómo ha llegado Jeb a esa circunstancia.


Por último tenemos al propio protagonista, Robert Mitchum, cedido por la RKO a la United States Pictures una pequeña compañía vinculada  a la Warner Brothers de la que era participe el propio Niven Buchs, que ese mismo año con “Retorno al pasado” (Jacques Tourneur) comenzaría a forjar su imagen definitiva muy vinculada al cine negro (4).

Incluso la mayor parte de los temas compuestos por Max Steiner remiten a melodramas o a thrillers, reforzando esta doble influencia.


En tercer lugar la película es deudora de la corriente psicoanalista tan en boga en el Hollywood de la década de los cuarenta (5) y cuyo paradigma fue “Recuerda” (Alfred Hitchcock, 1945), que incluso contó con la participación de Dalí como diseñador de la escena del casino. Así Jeb, de los luctuosos acontecimientos vividos de niño, tan sólo rememora unas espuelas y unos destellos de luz que lo atormentan en sueños y será el regreso al lugar en donde se produjeron lo que provoque el recuerdo de la secuencia completa. De esta forma, en un final memorable, tanto Jeb como el espectador, conocerán las razones del odio de Grant y cómo este ha sido fundamental en las desgracias acaecidas al protagonista que han marcado su vida hasta ese momento.



El merito de Walsh consiste en integrar todos estos elementos e influencias tan dispares evitando en todo momento lo que podría haber sido un pastiche para crear un filme arrebatador de una gran coherencia, de una rotunda modernidad (anticipa varias claves del wéstern de la década siguiente) y enormemente complejo que cuenta con un ritmo, como era habitual en él, trepidante. Destacaría en este sentido cómo necesita tan sólo dos planos para mostrarnos el paso del tiempo o la utilización magistral del recurso de la elipsis narrativa en la escena del juicio de Jeb.

Igualmente meritoria es la creación de los cinco presonajes principales que sustentan el drama: los tres hermanos (incluido Jeb), su madre y el cuñado de esta.


Jeb Rand, memorable Robert Mitchum en un papel para el que se pensó en Montgomery Clift y Kirk Douglas, es el típico héroe trágico. Un hombre incapaz de gobernar su vida al verse sobrepasado constantemente por unos acontecimientos no provocados por él. Un individuo que intenta desesperadamente buscar en su pasado la explicación de su dramática situación actual y evitar con ello su sino, un destino que se estrecha peligrosamente sobre él igual que, en la escena final, la horca alrededor de su cuello.


Thorley Callum, personaje escrito por Niven Buchs especialmente para Teresa Wright (6), es la hermana adoptiva y posterior amante de Jeb. En todo momento intentará mantener unida a la familia y sobre todo a sus dos hermanos, debatiéndose entre el amor fraternal que profesa a Adam y la pasión que siente por Jeb con el que la une una especial sintonía, confirmada por su hermano adoptivo cuando le dice: “Siempre podías pensar con mi mente y sentir con mi corazón”. La actriz, por la que tengo debilidad, lleva a cabo una extraordinaria interpretación pasando de ser una mujer dulce (típico papel desarrollado a lo largo de su carrera) a una persona dura, fría y calculadora que, a pesar de amar a Jeb, idea un plan para acabar con él tras haberse convertido en su esposa.


Adam Callum, al que dio vida un debutante John Rodney, que se mostrará desde niño como un rival de Jeb. Rivalidad acrecentada tanto por la participación de este en la guerra y la envidia que le provoca la condecoración tras su regreso; como por los celos causados por la relación del protagonista con su hermana. Vislumbrándose un cierto deseo incestuoso respecto a Thorley.


Medora Callum, encarnada por una excelente Judith Anderson que interpreta un papel muy alejado de su perversa señora Danvers en “Rebeca” (Alfred Hitchcock, 1940) o de la interesada amante de T. C. Jeffords en “Las Furias”. Estamos ante una mujer bondadosa y protectora que intenta compensar un “pecado” del pasado adoptando a Jeb y tratándolo como un verdadero hijo. Es junto a Grant el único personaje conocedor de la terrible verdad que está condenando a Jeb en el presente, pero se niega a confesársela a su hijo porque como le dice cuando era niño: “No hagas preguntas al pasado. Para ti no hay respuestas”. Personaje que parece perder importancia a medida que avanza la narración, se revelará fundamental en la resolución del drama.


Y Grant Callum (magnífico Dean Jagger) verdadera encarnación del Mal. Un ser maquiavélico cuyo único objetivo en la vida es acabar con Jeb para culminar su venganza. Un individuo que, cual demonio, tentará primero a Adam y posteriormente a Prentice, encizañándolos contra Jeb y utilizándolos como instrumento de su revancha.


En definitiva, “Perseguido”, actualmente caída en el olvido a pesar de haber sido alabada por directores como Martin Scorsese o Sergio Leone, constituye una clara muestra tanto del enorme talento narrativo como del genio creativo de su autor, uno de los mayores directores del Hollywood clásico, por lo que es de visión imprescindible para todo aficionado al género. 

(1) En 1941 Raoul Walsh había dirigido a Errol Flynn en “Murieron con las botas puestas”, una gran epopeya sobre la vida y muerte del general Custer ya reseñada en este blog.

(2) Al igual que en “Cielo Amarillo”, que también cuenta con su oportuna reseña y fue dirigida un año después por William Welman, la situación vivida por Jeb tras su regreso de la guerra y su aparente inadaptación; así como, las consecuencias en la población civil de su retorno, fundamentalmente en su hermano Adam, aluden claramente a las dificultades, la amargura y el desencanto que estaba viviendo la sociedad estadounidense tras la II Guerra Mundial.

(3) En la escena de apertura del filme, y como igualmente haría en la también comentada “Juntos hasta la muerte” (1949), el director nos muestra a través de la utilización de la panorámica la fragilidad e insignificancia del ser humano en comparación con la solidez y grandiosidad de la naturaleza.

(4) La figura de Robert Mitchum quedaría definitivamente asociada al cine negro gracias a una serie de películas protagonizadas en el seno de la RKO, entre las que destacan, junto a la mencionada “Retorno al pasado”, “Encrucijada de odios” (Edward Dmytrick, 1947), “El gran robo” (Don Siegel, 1949), “Donde habita el peligro” (John Farrow, 1950), “El soborno” (John Cromwell, 1951), “Macao” (Josef Von Stenberg, 1952) o “Cara de ángel” (Otto Preminger, 1952). En 1949 protagonizaría, además, “Sangre en la luna” un wéstern dirigido por Robert Wise claramente influenciado, la igual que “Perseguido”, por el noir.

(5) Entre los ejemplos hollywodienses más sobresalientes durante la segunda mitad de la década de los cuarenta de esta corriente podemos citar, junto con la señalada “Recuerda”, a “El séptimo velo” (Compton Bennet, 1945), “Secreto tras la puerta” (Fritz Lang, 1947), “Nido de víboras” (Anatole Litvack, 1948) o “Vorágine” (Otto Preminger, 1949).

(6) Teresa Wright estuvo casada con Niven Buchs desde 1942 a 1952 y volvió a coincidir con Robert Mitchum en “El rastro de la pantera” (William Wellman, 1954). Wéstern, tan singular como “Perseguido”, sobre los miedos y disputas existentes entre los miembros de una familia escasamente cohesionada. 

miércoles, 6 de junio de 2018

DODGE, CIUDAD SIN LEY

(Dodge City, 1939)

Dirección: Michael Curtiz
Guion: Robert Buckner

Reparto:
- Errol Flynn: Wade Hatton
- Olivia de HavillandAbbie Irving
- Ann SheridanRuby Hilman
- Bruce CabotJeff Surret
- Alan HaleAlgernon “Rusty” Hart
- Frank McHughJoe Clemens
- John LitelMatt Cole
- Henry TraversDr. Irving
- Victor JoryYancey
- William LundinganLee Irving
- Guinn “Big Boy” WilliamsTex Baird
- Gloria HoldenMrs. Cole
- Ward BondBud Taylor
- Russell SimpsonJack Orth

Música: Max Steiner
Productora: Warner Bros. (USA)

Por Jesús Cendón. NOTA: 7

“¡Escucha eso. Cantan himnos y ni siquiera es domingo. Ay, esta ciudad se está haciendo tan pura y noble que no hay quien viva en ella!” Tex Baird a Wade Hatton y Algernon “Rusty” Hart tras haber pacificado Dodge City.


1939 es, sin duda, un año esencial para la génesis y la evolución del wéstern como género tal y como lo identificamos en la actualidad.


John Ford con “La diligencia”, un filme adulto con una historia de gran hondura y personajes muy bien construidos con el que el wéstern alcanzó la madurez, no sólo mostró el camino por dónde debían discurrir este tipo de películas para gozar de la misma consideración que otros géneros cinematográficos. Sino que las majors por fin comenzaron a confiar en las películas del Oeste, rescatándolas del papel desempeñado hasta ese momento como complemento del filme principal en las sesiones dobles y apostaron por ellas como cintas de las que se podían obtener pingües beneficios y que, asimismo, podían convertirse en excelentes vehículos para lanzar las carreras de sus estrellas especializadas en películas de acción.


Así dos de los grandes estudios hollywoodienses produjeron ese año costosos wésterns que rivalizaron entre si. La Paramount puso en marcha “Union Pacific”, filme dirigido por Cecil B. De Mille ya reseñado en el blog; mientras que la Warner Bross. se embarcó en “Dodge, ciudad sin ley”. Curiosamente ambos filmes son complementarios al pivotar sobre el ferrocarril como elemento fundamental para la unión, el progreso y el desarrollo de la nación; pero mientras que “Union Pacific” se centra en su construcción, “Dodge, ciudad sin ley” aborda las consecuencias originadas por la misma. De hecho, da la sensación de que “Dodge, ciudad sin ley” arranca justo en el momento en el que finaliza “Union Pacific”, por lo que es recomendable la visión conjunta de ambos wésterns.


ARGUMENTO: Años después de su fundación, junto a la nueva línea de ferrocarril, Dodge City se ha convertido en una urbe controlada por los forajidos. Wade Hatton, un aventurero que participó en la construcción de la línea ferrea, tras asistir a la muerte de un niño decide aceptar el cargo de sheriff para limpiar la ciudad de malechores.


La película de la Warner se centra en un hecho histórico cuya proximidad temporal con la cinta es notable, el nacimiento en 1871 de la ciudad de Dodge City cerca del famoso Camino de Santa Fe; así como en los problemas surgidos en la ciudad por su crecimiento desordenado durante la década siguiente en la que cobró gran importancia la presencia en número creciente de  pistoleros y cowboys atraídos por la riqueza generada por el extraordinario desarrollo de la ganadería durante los años ochenta favorecida, igualmente, por la construcción de las líneas férreas.


Además los hermanos Warner concibieron el filme como una gran superproducción e, incluso, decideron rodarla en color, con el enorme coste adicional que suponía esta elección; y destinaron para su realización a gran parte de los mejores profesionales en la nómina de la productora. El músico Max Steiner que compuso una banda sonora muy pegadiza; el director de fotografía Sol Polito, uno de los técnicos que más contribuyó a la impronta visual de la compañía durante los años treinta y cuarenta; Hal B. Wallis, un productor caracterizado por su minuciosidad y por el férreo control ejercido sobre todas las fases de la realización de cada filme; y, sobre todo, el director Michael Curtiz.


Nacido en Hungría en una familia judia, Curtiz emigró a Hollywood en 1926 contratado por Jack Warner, desarrollando una fructífera carrera en los EEUU durante más de cuarenta años. Su época de máximo esplendor coincidió precisamente con el período en el que estuvo contratado por la Warner Bross. (1926-1954), época en la que se convirtió, junto a Raoul Walsh, en el director de confianza de la compañía (tan sólo en la década de los treinta rodaría cuarenta y cinco películas e intervendría en otras siete aunque sin acreditar). Mundialmente conocido por su obra maestra “Casablanca” (1942), al haber permanecido durante gran parte de su carrera al servicio de una major, y al igual que otros directores como Henry Hathaway o Henry King (ambos asalariados de la 20th Century Fox) o incluso durante años Raoul Walsh, no ha gozado del reconocimento que por su talento merecía.


Igualmente, la importancia que los hermanos Warner dieron a “Dodge, ciudad sin ley” quedó patente en la fastuosa premiere organizada en la propia ciudad de Dodge, para la que se llegaron a alquilar varios aeroplanos y una locomotora del siglo XIX, además de organizarse un multitudinario desfile a la cabeza del cual, montado a caballo, iba Errol Flynn. Definitivamente el wéstern gozaba de la misma consideración que los llamados géneros serios.

Y ¿Qué nos encontramos en esta película?


Ante todo con una cinta espectacular, grandiosa y colorista que ha pasado a la Historia del cine como compendio de los temas, escenas y personajes de este género, y que al mismo tiempo llevaba implícita, como era habitual en las cintas de los hermanos Warner de esa época, cierta crítica social al denunciar los excesos en el proceso de industrialización, simbolizado en el ferrocarril, y la necesidad de su correción; presentando, además, a la prensa como institución fundamental en su labor de denuncia para luchar contra la corrupción, el crimen y los abusos en el ejercicio del poder.


Así nos vamos a encontrar con pistoleros, cazadores de búfalos, ganaderos, sheriffs, coristas, peleas y números musicales en el saloon, tiroteos en las calles, intentos de linchamiento, caravanas, ferrocarriles, estampidas de ganado, ciudades sin ley convertidas en nuevas Babilonias, alusiones a la Guerra de Secesión y a los atropellos cometidos por los blancos con los nativos, etcétera. Situaciones y personajes que en la actualidad pueden parecer tópicos pero que en ese momento abrieron el camino para el desarrollo del género.
De entre la gran cantidad de escenas sobresalientes destacan sobre todo tres en las que Michael Curtiz volvía a demostrar su talento como director:


- La carrera al principio del filme entre la diligencia (símbolo de la tradición) y el tren (representante de la modernidad), que constituye toda una lección de montaje cinematogáfico.


- La pelea en el saloon que termina totalmente destrozado y ha pasado a la Historia del cine como una escena modélica. Incluso la propia Warner la repitió, pero con la utilización de armas de fuego, en “San Antonio” (David Butler, 1945).


- El aparatoso, llamativo y memorable enfrentamiento final en un tren ardiendo y a toda velocidad en el que, curiosamente, Wade no será quien acabe con Surret.


Pero lo que es su máxima virtud también constituye el principal defecto de la película. Es tal la intención de abrumar al público con la sucesión de escenas espectaculares, así como con otras en las que parece pretenderse mostrar el dinero invertido, que la narración se resiente, la cinta en su conjunto resulta dispersa y la historia principal, la pacificación de la ciudad por parte de Wade Hatton y sus fieles compañeros, tarda en arrancar y se resuelve de forma algo precipitada.


Como pareja protagonista la Warner apostó por el dúo más estable del Hollywood clásico. Me refiero a Errol Flynn, gran estrella de las películas de aventuras, y Olivia de Haviland; siendo esta la sexta de sus ocho colaboraciones entre 1935 y 1941, con títulos tan significativos como “El capitán Blood”, “La carga de la Brigada Ligera” y “Robín de los Bosques”, todas ellas dirigidas por Curtiz, o “Murieron con las botas puestas”,ya reseñada en este blog, bajo la batuta de Raoul Walsh.


Flynn exportó al wéstern las características principales de los personajes de sus películas de aventuras como la galanura o simpatía y nos brindó una composición enérgica, dinámica y gallarda como Wade Hutton. Un personaje basado libremente en la figura de Bat Masterson, sheriff del condado a finales de la década de los setenta y que, como Wade, había desempeñado distintos trabajos en la construcción del ferrocarril para, posteriormente, convertirse en cazador de búfalos o conductor de ganado; incluso en la película se insinúa su relación con la prensa escrita (al final de su vida fue periodista deportivo).


Olivia de Havilland repite el papel de enamorada del héroe, aunque como también era habitual al principio ambos personajes parecen incompatibles y su relación no comienza con buen pie. En todo caso, la historia de amor entre ambos adolece de cierta superficialidad y trivialidad.


Junto a ellos, protagonizando las escenas de corte cómico (la introducción de elementos humorísticos en dramas era otro de los sellos de identidad de la Warner), nos encontramos con Alan Hale, compañero habitual de Errol Flynn, y Guinn Williams. Ambos también constituirían una pareja humorística estable a las ordenes de esta major. Y como principal personaje negativo figura Bruce Cabot, amigo personal de Flynn, que interpreta a Jeff Surret, el principal enemigo de Wade, que al igual que el héroe resulta un personaje excesivamente plano, sin aristas y estereotipado. Por último, nos encontramos con Ann Sheridan que apenas puede mostrar su talento como cantante.


“Dodge, ciudad sin ley” puede parecer en la actualidad un filme del Oeste ingenuo y algo simple pero, sin duda, constituyó un hito en la época y fue fundamental para el asentamiento del género; además de inaugurar, prácticamente, un tipo de wéstern de carácter urbanita en el que el protagonista, un hombre íntegro y hábil con el revólver, terminará aceptando el cargo de sheriff de una ciudad con el objeto de acabar con los desmanes existentes.


Como curiosidad comentaros que el filme finaliza con un plano en el que se ve a Hutton-Flynn y de Havilland-Irving viajando hacia Virginia City para pacificarla. De esta forma la Warner estaba anunciando la siguiente película de Errol Flynn titulada precisamente “Virginia City”, en España se tradujo como “Oro, amor y sangre”; aunque Olivia de Havilland fue sustituida por Miriam Hopkins.