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jueves, 27 de marzo de 2025

HUD, EL MÁS SALVAJE ENTRE MIL

Hud, 1963)

Dirección: Martin Ritt
Guion: Irving Ravetch y Harriet Frank Jr

Reparto:
- Paul Newman (Hud Bannon)
- Melvyn Douglas (Homer Bannon)
- Patricia Neal (Alma Brown)
- Brandon De Wilde (Lonnie Bannon)
- Whit Bissell (Mr. Burris)
- Crahan Denton (Jesse)
- John Ashley (Hermy)
- Val Avery (Jose)

Música: Elmer Bernstein
Productora: Salem-Dover Productions, Paramount Pictures

Por Jesús Cendón. NOTA: 8

Si hay petróleo aquí abajo que lo exploten cuando yo esté enterrado. No me gusta y no pienso explotarlo(Hommer Bannon a su hijo Hud)


En la década de los cincuenta la introducción de la televisión en los hogares estadounidenses la convirtió en un serio rival del cine. Las grandes productoras reaccionaron experiementando con nuevos formatos para dotar de mayor espectacularidad a sus producciones, al mismo tiempo que rechazaron la oferta de los distintos canales televisivos consistente en la compra de sus catálogos de películas (1). Esta negativa originó la reacción de las emisoras de televisión con la realización de sus propias producciones que fueron filmadas por un grupo de jóvenes directores de gran talento.


Dados el éxito y la popularidad obtenidos con sus productos televisivos, las compañías cinematográficas se fijaron muy pronto en sus realizadores y no tardaron en ofrecerles dirigir largometrajes. Nace de esta forma, al incorporarse a la gran pantalla, la denominada “Generación de la televisión”(2) compuesta por un grupo de artistas ideológicamente identificados con la izquierda liberal que junto con el denominado “New American Cinema” (3),transformaron la industria del cine a través de una serie de películas (generalmente en blanco y negro y con un formato estándar) caracterizadas por su ajustado presupuesto y su presteza en el rodaje, heredados de la forma de trabajar en la televisión, y en las que abordaron una temática más realista y cercana a la realidad social estadounidense de la década de los cincuenta, con personajes fácilmente identificables para el norteamericano medio. Además de ser, generalmente, producciones independientes, aunque distribuidas por las grandes productoras, a través de las cuales sus directores comenzaron a reivindicar su carácter de autores. Por ello  la “Generación de la televisión”, se puede considerar como una generación precursora a la de la década de 1970 (Spilberg, Coppola, Martin Scorsese, Cimino) en la que los directores se convirtieron en los verdaderos dueños de sus filmes, por lo menos hasta el desastre originado por “La puerta del cielo” (1980) tras el cual los productores retomaron el control sobre las películas.


Martin Ritt fue uno de los miembros más destacados de la mencionada generación (4), formando un tándem artístico de gran éxito con Paul Newman al rodar juntos seis películas entre 1958 y 1967, tres de ellas wésterns: “Cuatro confesiones” (1964), adaptación al Far-West de “Rashomon” (Akira Kurosawa, 1950), quizás su colaboración menos lograda con un Paul Newman encarnando de forma poco convincente a un bandido mexicano; Un hombre” (1967) excelente wéstern proindio, ya reseñado en este blog, basado en una novela corta del gran especialista Elmore Leonard; y “Hud, el más salvaje entre mil”, un wéstern contemporáneo objeto de esta reseña.


SINOPSIS: Los Bannon son una familia de rancheros. La tensión entre sus miembros, larvada durante años, estallará tras ver como todo su ganado debe ser sacrificado.


“Hud” es la adaptación al celuloide de “Horsemen, pass by” (título más apropiado al contenido del libro), primera novela escrita por Larry McMurtry, uno de los grandes cronistas del sur de los EEUU durante la segunda mitad del siglo XX y ganador del Pulitzer (5), adaptada a la gran pantalla por la pareja cinematográfica y sentimental compuesta por Harriet Frank Jr. e Irving Ravetch, habituales colaboradores de Martin Ritt y grandes especialistas en relatos ambientados en el sur (6).


La primera imagen de la película constituye toda una declaración de intenciones por parte de Martin Ritt al mostrarnos las grandes extensiones típicas del Farwest pero mortalmente heridas al estar atravesadas por carreteras, cicatrices de asfalto símbolo del deterioro de la naturaleza, por las que circulan caravanas a motor transportando caballos, animales que han sido sustituidos por estos vehículos como medio de locomoción; todo ello mientras escuchamos el evocador y minimalista tema compuesto por Elmer Bernstein.


A continuación, para reforzar esta idea, Ritt nos muestra la pequeña ciudad situada en medio de ninguna parte, clara reminiscencia de los antiguos poblados de los colonizadores, con su calle principal donde se encuentran los edificios más importantes así como las tabernas, antiguos saloons, o la general store. Finalmente enfoca un cartel anunciando la celebración del rodeo, último reducto de los antiguos cowboys que ha convertido el trabajo de éstos en un mero espectáculo. 


Con este inicio el director nos plantea uno de los temas fundamentales del filme: el profundo cambio vivido por la sociedad rural estadounidense durante la primera mitad del siglo XX; y, con ello, el fin de una época y el de los hombres y mujeres que la protagonizaron.


Tras este excelente inicio la película se centra en el protagonista cuyo carácter queda perfectamente definido con tan sólo dos escenas: aquella en la que el barman recoge los destrozos causados por Hud en una noche de juerga y, posteriormente, otra en la que sale de una vivienda tras haber mantenido relaciones sexuales con una mujer casada, no dudando en atribuirle a su sobrino el romance con el objeto de evitar la ira del marido.


Así Hud se nos presenta como un individuo pendenciero, carente de moral, fullero y tramposo que no respeta nada ni a nadie. Un ser egoísta sin la menor empatía cuyo único objeto en la vida es satisfacer sus instintos y cuyo vacio existencial pretende llenar con noches de violencia, sexo y alcohol. Sin duda, uno de los personajes más desagradables en la filmografía de Paul Newman quien lleva a cabo una actuación esforzada pero, para mi gusto, excesivamente apegada todavía a las enseñanzas del Actor’s Studio por lo que en ocasiones se muestra como un clon de Marlon Brando o Montgomery Clift. Es un personaje, por momentos repugnante, que va más allá del grupo de jóvenes inconformistas y airados surgidos en la década anterior gracias a papeles protagonizados por actores como James Dean o el nombrado Marlon Brando. Mostrándonos su lado más oscuro en la escena nocturna en la que intenta violar a Alma, la mujer encargada de las tareas domésticas del rancho propiedad de su padre; secuencia maravillosamente fotografiada por James Wong Howe cuyo trabajo en la película es sobresaliente y fue merecedor de un Oscar. 


En el rancho habitan junto a Hud su sobrino y su progenitor, respecto al que mantiene una tensa relación presidida por la incomunicación y la incomprensión, agravada por un hecho trágico acaecido en el pasado y del que el protagonista fue el mayor responsable; convirtiéndose, de esta forma, el peso de la ausencia y los remordimientos en otros de los leitmotivs de la cinta.


Con este enfrentamiento paternofilial nos encontramos otro de los temas principales de la película, la oposición entre tradición y modernidad, entre un mundo cuya muerte, a pesar de su resistencia, es inexorable frente a otro que, una vez nacido, comienza a imponerse. Así, al igual que abordó George Stevens en “Gigante” (1956), Hommer Bannon, encarnado por un Melvin Douglas (7) en estado de gracia que obtuvo un merecidísimo Oscar, pretende seguir dedicando el rancho a la compra , cría y venta de ganado, la actividad que ha llevado a cabo durante toda su vida y de la que se siente enormemente orgulloso, mientras que su hijo anhela iniciarse en el negocio del petróleo explotando las reservas existentes en su propiedad; incluso, al mostrar su oposición Hommer a los planes de su vástago, éste no dudará en intentar inhabilitarlo para adueñarse de la propiedad. De esta forma el patriarca simboliza la cultura del esfuerzo frente a su hijo, representante de la ganancia fácil.


Ambos personifican, por tanto, generaciones diferentes con una visión del mundo distinta, pero además Hommer, heredero directo de los cowboys que cabalgaron por las infinitas llanuras del Oeste durante el siglo XIX, es un hombre integro, de conducta intachable, preocupado por distinguir en todo momento el bien del mal y de cumplir con la ley por muy dolorosa que sea; lo que le lleva a despreciar a su hijo por carecer de principios. Mientras que éste le recrimina el haberle tratado con dureza y no haber contado nunca con su opinión al haberlo considerado como un peón más del rancho. 


La tensión entre ambos estallará en una noche de reproches y dolor tras haber asumido el padre el sacrificio de todo su ganado por padecer fiebra aftosa, mientras Hud era partidario de su venta antes de que se hiciera pública la desgracia; estafa no permitida por su progenitor. De nuevo aparece el enfrentamiento entre la ética, la honradez y la honestidad, y la inmoralidad, la falta de escrúpulos y valores y el egoísmo e individualismo más extremos.


Junto a los dos personajes principales nos encontramos con Lonnie, al que dio vida el malogrado Brandon de Wilde en su mejor trabajo hasta el momento (8). Nieto de Hommer y sobrino de Hud, es un individuo en plena formación que se debate entre el cariño y admiración profesados a su abuelo y la atracción por el espíritu rebelde de su tío; aunque tras una serie de incidentes comprenderá cuál es el verdadero carácter de Hud, no dudando en abandonarlo y marcharse lejos del ambiente enrarecido del rancho para buscar su lugar en el mundo.


Igualmente, con ellos vive Alma, interpretada por una magnética y cautivadora Patricia Neal cuyo trabajo también fue recompensado con el Oscar. Contratada por Hommer para atender a las necesidades domésticas del rancho, es una mujer experimentada y golpeada por la vida; revelándose como el único personaje capaz de proporcionar un poco de calor y humanidad al rancho de los Bannon.



Coherentemente con el tono amargo del filme, la película cuenta con un final duro y nada complaciente en el que todos los personajes principales aparecen como perdedores, caracterizándose por su desarraigo físico y emocional. Sobre todo Hud, quien pagará un precio muy alto por su ambición y su codicia al verse arrastrado a la más absoluta soledad. Totalmente aislado, tan sólo le quedará refugiarse en su casa, una vivienda que desde hace mucho tiempo ha dejado de ser un hogar.


(1) En plena crisis, la negativa de los grandes estudios a vender sus filmes a los distintos canales de televisión duró escasos años; siendo la RKO la primera gran compañía que subastó su amplia filmoteca a mediados de la década de los cincuenta.
(2) Tradicionalmente se considerá a “Marty” (Delbert Mann, 1955), producida por la Hecht-Hill-Lancaster y ganadora de los Oscar a la mejor película, director, guion adaptado (Paddy Chayefsky) y protagonista (Ernst Borgnine), el debut de la “Generación de la televisión” en el cine; mientras que 1957 fue un año fundamental al estrenarse “Doce hombres sin piedad” (Sidney Lumet), película modélica sobre juicios, y dos cintas filmadas por el propio Martin Ritt: “Donde la ciudad termina”, drama social protagonizado por Sidney Poitier y John Cassavetes que denunciaba el racismo latente en la sociedad estadounidense, y “Más fuerte que la vida”, visión ácida de la “American Way of Life” a través de la historia de cuatro matrimonios que contó con una esplendida Joanne Woodward.
(3) Nacido en Nueva York, el “New American Cinema” fue una corrienta cinematográfica vanguardista muy cercana estilísticamente al cine europeo de la época que tuvo como mayores representantes a John Cassavetes y Andy Warhol.
(4) Además de los nombrados Delbert Mann, Sidney Lumet y Martin Ritt, se encuadran en esta generación directores de la talla de Robert Altman, John Frankenheimer, Robert Mulligan, Arthur Penn, Sidney Pollack, Stuart Rosenberg o Franklin J. Schaffner, entre otros.
(5) Entre las obras de Larry McMurtry llevadas al cine con gran acierto debemos citar, aparte de “Hud”, a la cinta de culto “La última película” (Peter Bogdanovich, 1971), en cuyo guion también intervino el novelista. Además escribió los libretos de la excelente serie, basada en su propia novela, “Paloma solitaria” (Simon Wincer, 1989) y de “Brokeback Mountain” (Ang Lee, 2005) por el que obtuvo el Oscar. Tanto “Hud” como “La última película” han sido editados en España por Gallo Nero Ediciones.
(6) Harriet Frank Jr. y Irving Ravetch habían colaborado con Martin Ritt escribiendo los guiones de dos dramas situados en el sur de los EEUU basados en obras de William Faulkner: “El largo y cálido verano” (1958), también protagonizado por Paul Newman, y “El ruido y la furia” (1959) con Yul Brynner y Joanne Woodward; además de haberse ocupado del libreto de “Con el llegó el escándalo” (Vincente Minelli, 1960), película ambientada en Texas en la década de los cincuenta y protagonizada por Robert Mitchum. 
(7) La carrera de Melvin Douglas se vio muy perjudicada al ser acusada su mujer de comunista por haberse enfrentado a Nixon en California y, más tarde, oponerse al Comité de Actividades Antiamericanas. Así, en la década de los cincuenta tan sólo intervendría en dos filmes.
(8) Brandon de Wilde falleció en 1972 a los treinta años en un fatídico accidente de tráfico. Entre las películas que rodó destacan “Raíces profundas” (George Stevens, 1953); “El niño y el perro” excelente y desconocido largometraje rodado por William Wellman en 1956; “La última bala” (James Neilson, 1957) wéstern protagonizado por James Stewart que, en principio, debía haber dirigido Anthony Mann; o “Primera victoria” (Otto Preminger, 1965), filme bélico protagonizado por John Wayne, Kirk Douglas y, como éste, Patricia Neal.

jueves, 13 de marzo de 2025

RÍO LOBO


 (Rio Lobo, 1970)

Dirección: Howard Hawks
Guion: Burton Wohl y Leigh Bracket

Reparto:
- John Wayne (Coronel Cord McNally)
- Jorge Rivero (Capitán Pierre Cordona)
- Jennifer O’Neill (Shasta Delanay)
- Jack Elam (Phillips)
- Christopher Mitchum (Sargento Tuscarora Philips)
- Victor French (Ketcham)
- Susana Dosamantes (María Carmen)
- Sherry Lansing (Amelita)
- Mike Henry (Sheriff Tom Hendrinks)

Música: Jerry Goldsmith
Productora: Cinema Center Films, Batjac Production y Malabar

Por Jesús Cendón. NOTA: 6,75

Lo suyo fue una acción de guerra pero vender información significa traición, una sucia traición por dinero” El coronel McNally al capitán Cordona y el sargento Tuscarora.


SINOPSIS: En las postrimerías de la Guerra de Secesión un grupo de sudistas comandado por el capitán Cordona y el sargento Tuscarora asalta un tren para robar el oro trasportado. El coronel McNally, militar al frente de los envíos, jura encontrar al traidor que posibilitó el robo y vengar la muerte en el asalto de un oficial muy querido. Una vez finalizada la guerra sus pesquisas le llevarán a Río Lobo, una localidad controlada por el sheriff corrupto Hendrinks.



Tras el fracaso cosechado por su anterior filme “Peligro…línea 7000” (1965), quizás una de las películas menos logradas de su excelente filmografía, Hawks decidió no arriesgar y sus siguientes proyectos fueron dos wésterns protagonizados por John Wayne, para asegurarse con la presencia del veterano actor una excelente acogida en la taquilla (1), que suponen una especie de revisitación de la esplendida “Río Bravo” (1959), de tal forma que componen un peculiar tríptico popularmente conocido como “la trilogía de los ríos” donde se repiten personajes, situaciones y paisajes (los tres se rodaron, entre otras localizaciones, en el pueblo de Old Tucson).


Pero si en “El Dorado” Hawks retoma “Río Bravo” con unos héroes más vulnerables y avejentados por el paso del tiempo y las secuelas derivadas de sus profesiones, deslizándose de esta forma por la corriente crepuscular del género a pesar de su enorme vitalidad y la proliferación de gags; con “Río Lobo” nos deleitó a los amantes del género con un wéstern de tono optimista y postulados clásicos, con Wayne volviendo a representar a la justicia y a la ley frente a la anarquía del viejo Oeste y los abusos cometidos por poderosos sin escrúpulos; de tal forma que el filme constituye una rareza anacrónica respecto a las películas del Oeste filmadas durante esa época caracterizadas por su tono crepuscular o su perspectiva revisionista (2).


Para sacar adelante el proyecto Hawks, en su calidad de productor, se rodeó de profesionales de reconocido prestigio: el excelente músico Jerry Goldsmith quien compuso una gran banda sonora en la que sobresalen tanto los temas de corte intimista, destacando el que acompañaa los títulos de crédito de carácter minimalista, como los más épicos; el montador John Woodcock, quien ya había colaborado con él en “El Dorado”; el sobresaliente director de fotografía William H. Clothier, cuya presencia fue constante en este género; y, sobre todo, la magnífica guionista Leigh Bracket (3), prestigiosa escritora de novelas de ciencia ficción y autora de los libretos de los otros dos títulos de la trilogía quien sustituyó a Burton Wohl, autor del relato en el que se basa la película y de la mayor parte del libreto relativo al episodio desarrollado durante la Guerra de Secesión.



Bracket junto a Hawks, que como era costumbre en él retocó continuamente el guion, estructuró el filme en dos partes muy diferenciadas:

La introducción, de media hora, sin duda el tramo más original de la película, transcurre durante la Guerra Civil de los EEUU (de hecho “Río Lobo” es el único wéstern en el que Hawks abordó este conflicto), caracterizada por su dinamismo y ritmo trepidante y centrada en el asalto al tren, excelentemente planificado, dirigido y montado, y la posterior persecución al grupo sudista por parte del coronel McNally, quien ira dividiendo sus tropas hasta quedar sólo y ser atrapado por sus enemigos; aunque, posteriormente, los dos cabecillas rebeldes serán apresados por nuestro protagonista. Esta primera parte acaba con el fin del conflicto y la reunión mantenida por el coronel con sus anteriores enemigos en la que les revelará su plan de descubrir a los nordistas traidores que posibilitaron los robos a los trenes y la muerte de un oficial nordista muy querido por él. A través de la actitud mantenida con los sudistas Cordona y Tuscarora por parte del coronel nordista, mostrándoles su respeto e incluso camaradería por su condicón de exmilitares y no reprochándoles sus golpes de mano al haber cumplido en todo momento con su deber, Hawks introduce el tema de la reconciliación entre los bandos que protagonizaron el conflicto bélico; cuestión que planeará a lo largo de todo el filme.


La parte central y más larga, un wéstern urbanita y en determinados momentos claustrofóbico, se localiza fundamentalmente en los pueblos de Blacthorne y, sobre todo, Río Lobo, repitiendo el esquema básico desarrollado en los dos filmes anteriores de la trilogía: un grupo reducido de individuos enfrentados con una banda de malechores superior en número que intentan imponer su voluntad a los habitantes del pueblo mediante el uso de la violencia. Además de repetir situaciones ya vistas en las anteriores películas como por ejemplo la decisión de hacerse fuertes en la cárcel (símbolo de la ley y el orden transgredido por el sheriif y sus ayudantes) o todo el enfrentamiento final con intercambio de rehenes incluido. Incluso varios personajes parecen recuperados tanto de “Río Bravo” como de “El Dorado”. Así Shasta, “una mujer triste con una historia triste que contar”, contiene rasgos tanto de Feathers (Angie Dickson en el clasíco de 1959) al presentárnosla como un personaje enérgico, independiente, con gran determinación y fortaleza, como de Mississippi (James Caan en el filme de 1967) al perseguir al asesino de su amigo y mentor; mientras que no es difícil rastrear la huella de Stumpy (Walter Brennan) y Bull (Arthur Hunnicutt) en el viejo, bebedor y cascarrabias Phillips, estupendamente interpretado por Jack Elam.


Incluso los guiños a los dos filmes anteriores son constantes; así, por ejemplo, tras tirar Phillips una botella McNally le dirá que sólo hace falta que toque la trompeta (clara alusión al personaje de Bull en “El Dorado”) o justo antes del enfrentamiento final McNally cambiará su rifle por el wínchester con la palanca más redondeada que portó en los dos wésterns anteriores.


Este tramo, además, permite al director abordar temas habituales en su filmografía como el de la amistad varonil, la lealtad, la profesionalidad (Wayne sólo aceptará la ayuda de varios hombres al saber que fueron soldados en la guerra y no simples granjeros) o el sentido del deber; además de ahondar en el relativo a la necesaria reconciliación nacional tras la guerra civil a través de la unión en un mismo grupo de los antiguos enemigos.


Pero, a pesar de contener buenas escenas de acción como el tiroteo en el saloon, y acertados gags, destacando el de la visita de McNally al dentista quien se ve obligado a ponerle realmente una inyección dadas sus escasa aptitudes como actor (4), la película va poco a poco perdiendo intensidad y brio, encontrándonos con una dirección de Hawks meramente funcional e incluso desganada en varias secuencias del filme. Al parecer su actitud se debió a los constantes choques mantenidos con Jennifer O’Neill que en palabras de “el zorro plateado” se comportó durante todo el rodaje como una estrella caprichosa cuando, prácticamente, debutó con esta película en la gran pantalla. De hecho fue Wayne el que, como favor a Hawks y para evitar mayores enfrentamientos, se ocupó durante gran parte de la filmación de dirigir a los actores.


Y es precisamente en el elenco donde encontramos otra de las debilidades de la película. Wayne ofrece una actuación inferior a las que nos tenía acostumbrados aunque, a sus sesenta y tres años, vuelve a mostrar que su carisma se mantenía intacto; pero parece algo incómodo con un personaje que no correspondía a su edad y, de hecho, no protagonizará ninguna trama amorosa mostrándose ante las mujeres tan sólo como “un hombre confortable”. Además, dada la diferencia de edad, no se percibe demasiada química con el resto de reparto: Jorge Rivero, Jenniffer O’Neill y Chris Mitchum, añorándose el magnífico entendimiento que tuvo con sus compañeros de las otras dos películas de la trilogía: Dean Martin y, sobre todo, Robert Mitchum. De hecho Hawks pensó en este último como coprotagonista pero tener a ambas estrellas disparaba el presupuesto del filme concebido como un wéstern modesto y la Cinema Center Films (5), coproductora de la película, se negó a abonar los emolumentos de Mitchum; por lo que Hawks decidió dividir el papel inicialmente previsto en dos: el capitán Cordona al que dio vida Jorge Rivero y el sargento Tuscarora asignado a Chris Mitchum (6), precisamente el hijo mediano de Bob.


El primero, un actor mejicano con algunos filmes en su haber, se muestra bastante soso, titubeante (tuvo problemas con el idioma) e incapaz de brillar en la relación amorosa mantenida con Jennifer O’Neill que resulta bastante anodina. Mientras que el segundo se limita a desplegar su simpatía natural a lo largo de la cinta.


Por su parte Jenniffer O’Neill no era la actriz adecuada para dar vida a una mujer de fuerte carácter como Shasta Delanay y, además, sus constantes choques con el director llevaron a éste a recortar su papel. Así, pasará de tener un gran protagonismo, incluso en las escenas de acción (tiroteo en el saloon, rescate del viejo Philips) a desaparecer en todo el tramol final de la película provocando un cierto desconcierto en el espectador; mientras que paralelamente adquieren mayor peso durante el desenlace de la cinta  otros dos personajes femeninos: María Carmen interpretada por Susana Dosamantes (madre de la cantante Paulina Rubio) y, sobre todo, Amelita, a la que dio vida Sherry Lansing, quien acaba con la vida del sheriff Hendrinks, encarnado por Mike Henry (6), y comparte el último plano del filme con John Wayne.


Del inadecuado elenco se salva un estupendo Jack Elam al dar vida al viejo Phillips; pero, en realidad, el actor era trece años más joven que John Wayne acentuándose aún más el desajuste existente entre ambos personajes. De tal forma que Wayne, consciente de este hecho, parece parodiar su personaje en varias escenas de la película.



No obstante cabe señalar que “Río Lobo”, pese a la opinión de Hawks sobre ella (8), sus baches narrativos y los problemas anteriormente citados, constituye un sólido y a veces vigoroso wéstern, un regalo muy especial de “el zorro plateado” a las personas que crecimos con este género y una más que digna despedida de uno de los tres grandes directores, junto a John Ford y Raoul Walsh, del Hollywood clásico.


(1) John Wayne, como recoge el crítico y especialista Juan Tejero en su libro “Duke, la leyenda de un gigante”, se mantuvo entre los diez actores más taquilleros durante el período 1949-1973, con la excepción de 1958. De hecho fue el primero en 1950. 1951, 1954 y 1971; el segundo en 1956, 1957, 1963, 1965 y 1969; el tercero en 1952, 1953 y 1955; y el cuarto en 1949, 1961, 1962, 1964, 1968, 1970 y 1972. Tal era su popularidad que se extendió la frase “voy a ver una película de John Wayne” con independencia del director que filmaba la cinta protagonizada por él y la temática de la misma.

(2) Solamente en 1970, año del rodaje de “Río Lobo”, se produjeron, entre otras, las desmitificadoras y revisionistas “Pequeño gran hombre” y “Soldado azul”, la también revisionista y naturalista “Un hombre llamado caballo”, las crepusculares “La balada de Cable Hogue” y “Monty Walsh”; las spaghetteras “El Cóndor”, “Los forajidos de Río Bravo” y “Cañones para Córdoba”; o la memorable farsa “El día de los tramposos”. Películas muy alejadas de la visión y el tono empleados por Howard Hawks en el largometraje objeto de esta reseña.

(3) Recientemente la editorial Valdemar en su colección Frontera ha publicado su excelente novela wéstern “Sigue el viento libre”.

(4) En realidad fue una broma improvisada por Hawks a modo de homenaje al protagonista del filme ya que el actor por fin había visto reconocida su carrera al recibir el Oscar por su interpretación del sheriff Rooster Cogburn en “Valor de ley” (Henry Hathaway, 1969); coincidiendo su entrega con el rodaje de esta película.

(5) Cinema Center Films, compañía cinematográfica de la CBS, produjo desde 1968 a 1972 treinta filmes, generalmente de presupuesto ajustado. Entre ellos el mencionado “Monty Walsh”, cuya dirección ofrecieron precisamente a Howard Hawks quien declino la oferta, por lo que finalmente se ocupó de ella el televisivo William A. Fraker; y otras dos wésterns en 1970 que cosecharon un gran éxito, las también citadas “Pequeño gran hombre” (Arthur Penn) y “Un hombre llamado caballo” (Elliot Silverstein).

(6) Christopher Mitchum volvería a trabajar junto a John Wayne en “El gran Jack” (George Sherman-John Wayne, 1971), interpretando, junto a Patrick Wayne, a uno de sus hijos. 

(7) Mike Henry, que actuó junto a John Wayne en “Boinas Verdes” (John Wayne-Ray Kellog, 1968), panfleto bélico a favor de la intervención estadounidense en Vietnam mal acogido por crítica y público, fue el encargado de dar vida a Tarzán en tres producciones entre 1966 y 1968, obteniendo cierta popularidad. 

(8) Llegó a afirmar que la película no valía nada y que Wayne estaba demasiado mayor y torpe.

jueves, 27 de febrero de 2025

SILVERADO

(Silverado, 1985)

Dirección: Lawrence Kasdan
Guion: Lawrence Kasdan, Mark Kasdan

Reparto:
- Kevin Klein (Paden)
- Scott Glenn (Emmet)
- Kevin Costner (Jake)
- Danny Glover (Mal)
- John Cleese (Sheriff Langston)
- Rosanna Arquette (Hannah)
- Brian Dennehy (Cobb)
- Linda Hunt (Stella)
- Jeff Goldblum (Slick)
- Jeff Fahey (Tyree)
- Sheb Wooley (Sargento de caballeria)

Música: Bruce Broughton
Productora: Columbia Pictures, Delphi IV Productions, Eaves Movie Ranch

Por Jesús Cendón. NOTA: 7


“Dentro de un tiempo yo habré perdido la belleza, pero esta tierra no” Hannah a Paden mientras contemplan la extensión de su nuevo rancho.



El wéstern clásico vivió su época de esplendor entre finales de la década de los cuarenta y mediados de los años sesenta aproximadamente. Fueron alrededor de veinte años caracterizados por el ingente número de filmes del Oeste producidos tanto por las majors como por pequeñas compañías independientes, y por el altísimo nivel de dichos filmes gracias al enorme talento y, en bastantes ocasiones, genialidad del personal involucrado en ellos. A partir de mediados de los sesenta comenzó su lento pero constante declive causado por diversos factores, entre otros, el cambio en la mentalidad de la sociedad estadounidense; la paulatina jubilación e, incluso, desaparición de las grandes figuras que elevaron a sus cotas más altas a este género (1); o el éxito del wéstern filmado en Europa con su visión desmitificadora del Oeste, sus personajes cínicos y amorales, su estética sucia y su mayor violencia.

De esta forma, desde finales de la década de los sesenta proliferaron los wésterns revisionistas y, en consonancia con la edad de las estrellas que los protagonizaban, crepusculares; al mismo tiempo que el número de las producciones wésterns se reducía drásticamente y su calidad también disminuía.


Curiosamente el golpe de gracia al género se lo propinó la excelente “La puerta del cielo” (Michael Cimino, 1980), una producción ruinosa que acabó con la United Artist y, aparentemente, con el wéstern al considerarlo los productores poco o nada rentable, desapareciendo prácticamente de las pantallas.
 
En medio de este erial, 1985 se convirtió en un oasis para los aficionados a las películas del Oeste al estrenarse dos grandes filmes que obtuvieron buenos resultados en taquilla: “El jinete pálido” con el que Clint Eastwood mostraba, de nuevo, su fidelidad al género que le convirtió en estrella a través de una historia deudora de “Raíces profundas” (George Stevens, 1953) transformada en un largometraje muy personal que contenía gran parte de sus constantes cinematográficas; y “Silverado” obra de Lawrence Kasdan, cineasta con una querencia especial por el cine de género tanto en su labor de guionista (la mítica “En busca del arca perdida” o “El imperio contraataca” que, dirigida por Irvin Kershner en 1980, no es más que una película clásica de aventuras ambientada en el futuro) como en su primera película como realizador (“Fuego en el cuerpo” de 1981 constituye un sincero homenaje al cine negro clásico en general y a “Perdición”, dirigida en 1944 por Billy Wilder, en particular).


Ambos, junto a la excelente serie “Paloma Solitaria” dirigida por Simon Wincer en 1989 (2), pusieron los cimientos para el resurgimiento del wéstern en la siguiente década, sobre todo tras el gran éxito de crítica y de público de “Bailando con lobos” (Kevin Costner, 1990), galardonado con siete Oscars, incluidos los relativos al mejor filme, dirección y guion, al que siguió una explosión de producciones: “Sin perdón” (Clint Eastwood, 1992), igualmente galardonada con los Oscars a la mejor película y dirección; “Gerónimo, una leyenda” (Walter Hill, 1993); “Tombstone” (George Pan Cosmatos, 1993); “Wyatt Earp” (Lawrence Kasdan, 1994); “Maverick” (Richard Donner, 1994); “Wild Bill” (Walter Hill, 1995); “Rápida y mortal” (Sam Raimi, 1995); “Dead man” (Jim Jarmusch, 1995); el excelente neowéstern fronterizo “Lone Star” (John Sayles, 1996); “Cabalga con el diablo” (Ang Lee, 1999); etcétera. Películas capaces de demostrar que el wéstern no había muerto, interesaba al público y, por tanto, podía ser rentable siempre que se ofreciesen productos dignos; consolidándose su recuperación en las décadas siguientes, tanto con largometrajes destinados a la gran pantalla como, sobre todo, con series y películas producidas para la televisión. Pero eso es otra historia.



SINOPSIS: Tras varios incidentes, cuatro vaqueros se dirigen a la ciudad fronteriza de Silverado, controlada de manera despótica por un poderoso ganadero, donde se reencontrarán con sus respectivos pasados.


Como en “Río Bravo”, “Silverado” se inicia con una secuencia silente. Escena en la que el protagonista acaba con tres pistoleros en una cabaña; para inmediatamente la cámara seguirle y enfocar a través de la puerta, en claro homenaje a los planos iniciales y finales de “Centauros del desierto”, la inmensidad del paisaje mientras se ven los títulos de crédito y suena el tema principal de sonoridades clásicas compuesto por Bruce Broughton, remitiendo a compositores como Elmer Bernstein o, sobre todo, Jerome Moross y su banda sonora para “Horizontes de grandeza”.


En una sola secuencia el director, al haber citado a Howard Hawks y a John Ford, ha destapado sus intenciones: rendir un sentido tributo al género cinematográfico por excelencia con un wéstern luminoso, dinámico, enérgico, ágil, trepidante, divertidísimo y, fundamentalmente, épico en el que se dan la mano los principales temas (la amistad, la lealtad, la familia como célula básica de la sociedad, el compromiso, la valentía, el honor, el abuso de poder, el conflicto entre ganaderos y rancheros, entre los partidarios de los campos abiertos y los defensores de las alambradas, la frontera como territorio mítico, etcétera), situaciones y paisajes (desiertos mortíferos, ríos profundos que deben ser cruzados, grandes espacios abiertos, estampidas de ganado, duelos, bailes, persecuciones, tiroteos; incluso en el guion figuraba una escena con indios desechada por la productora, la Columbia Pictures, debido a su enorme coste), y personajes (sheriffs corruptos, ganaderos despóticos, decididos colonos, lúcidas regentes de saloons, pistoleros de pasado oscuro, jugadores profesionales, “coristas”) del género.


Aunque nos encontramos ante una historia coral son cuatro los personajes que llevan el peso de la película y responden, igualmente, a arquetipos del género:


Emmet (Scott Glenn) es un individuo taciturno y meditabundo que, a pesar de haber cumplido injustamente condena durante cinco años en la prisión de Leavenworth, responde a la imagen del héroe íntegro, sin tacha, que sabe siempre cuál es su deber y actúa bajo un férreo código ético. A lo largo de la película muestra la importancia que tiene para él la familia, primero salvando a su hermano Jake de morir ahorcado y posteriormente, a pesar de estar convaleciente de una paliza, atacando el rancho del poderoso ganadero para rescatar a su sobrino secuestrado. 


Paden, al que dio vida Kevin Kline que se convertiría en el actor fetiche de Kasdan (3), hunde sus raíces en los personajes ambiguos, aunque no exentos de nobleza, interpretados por James Stewart en los wésterns de Anthony Mann; así, como Glyn McLyntock (“Horizontes lejanos”) cuenta con un pasado turbio que desea dejar atrás, y al igual que Jeff Webster (“Tierras lejanas”) se muestra excesivamente individualista, manteniéndose normalmente al margen de los problemas que no le afectan directamente (como él mismo dice “Siempre he sido partidario de no hacer nada”). Es el único de los cuatro sin arraigo y lo más cercano que ha tenido a una familia son sus antiguos compañeros de correrías (el sheriff de Silverado habla de él como “Uno de los últimos supervivientes de mis viejos amigos”). Mostrará su integridad y lealtad uniéndose a sus nuevos amigos en el enfrentamiento final; culminando, de esta forma, su proceso de redención.


Mal, Danny Glover, un cowboy negro (4) letal con el wínchester, tiene su más claro antecedente en Lance Poole de “La puerta del diablo” puesto que como el personaje del filme de Mann sufrirá la xenofobia de la sociedad anglosajona, le arrebatarán fácilmente sus tierras simplemente por no ser blanco e, incluso, padecerá vejaciones por su color de piel. Todo ello le llevará a repetir la frase “Esto no es justo”. Tras haber vivido varios años en el este, Chicago, siente la familia como un refugio.



Jake, Kevin Costner (5), es el hermano pequeño de Emmet. Vehemente, irreflexivo, mujeriego, alocado, de gatillo fácil, bastante irresponsable y proclive a meterse en líos. Quizás es el personaje menos convincente y, aunque recuerda a los jóvenes generalmente impulsivos que en los wésterns rodados a partir de los cincuenta solían acompañar al experimentado protagonista, supone una concesión clara al cine ochentero, presentando bastantes elementos en común con el Billy el Niño retratado por Christopher Cain en “Arma joven”.



Los cuatro son en realidad herederos de los caballeros medievales, prestos a defender al débil frente al fuerte y a acabar con las injusticias. Tan sólo han cambiado la espada por el colt y la lanza por el wínchester; puesto que, como en su día apuntó André Bazin, al carecer los EEUU de Edad Media el wéstern sería el equivalente a los cantares de gesta europeos.

Kasdan vertebra la película en dos partes claramente diferenciadas: una larga introducción con varios escenarios y la parte principal desarrollada básicamente en la ciudad fronteriza de Silverado y sus alrededores.

- La introducción, en la que los protagonistas asentarán las bases de su amistad, tiene un carácter episódico y algo disperso por lo que puede desconcertar al espectador. Así veremos sucesivamente la escena inicial anteriormente citada con el espectacular tiroteo, a Emmet salvar a Paden abandonado en el desierto y a éste recuperar su caballo tras acabar con un forajido. A continuación, en Turley, tendrán su primer contacto con Mal y salvarán de la horca a Jake y tras ser perseguidos por el peculiar e irónico sheriff de la ciudad, interpretado por el Monty Python John Cleese, se convertirán en improvisados guías de una caravana una vez recuperado el dinero robado por sus antiguos conductores. Entre los miembros de la caravana se encuentra Hannah (Rosana Arquette), representante del espíritu indomable de los colonos, por la que se sentirán atraídos tanto Emmet como Paden.

- El escenario de la parte principal es Silverado, tierra de promisión, un lugar en el que encontrar una nueva vida más prospera. Sin embargo, la situación real dista mucho de la esperada por los colonos al estar controlado por el cacique del lugar, un poderoso y despótico ganadero, en connivencia con un sheriff corrupto dueño del salón del pueblo. Ambos ejercen su poder de forma tiránica a través de la fuerza y la violencia.


En este tramo se incorporan nuevos personajes como la lúcida y sabia regente del saloon Stella (Linda Hunt), una mujer con la que Paden mantendrá una relación muy especial y que se rige por el principio consistente en que “El mundo es como tú te lo haces, si no está a tu medida hay que arreglarlo” o el sibilino, siniestro y traicionero jugador encarnado por Jeff Goldblum; así como, se desarrolla aún más el personaje del sheriff Cobb (Brian Dennehy), un antiguo pistolero reconvertido en falso hombre de ley.

En esta parte de la película la tensión irá creciendo hasta desembocar en un doble enfrentamiento, ubicado en el rancho del ganadero y en la ciudad de Silverado, entre los cuatro protagonistas y los hombres del cacique motivado tanto por los atropellos cometidos en Silverado por el poderoso terrateniente como por las deudas pendientes existentes entre los personajes. Así, Jake acabará con un joven y peligroso pistolero a su vez rival amoroso; Mal se las verá con el jugador que le había traicionado; Emmet se enfrentará en un espectacular combate a caballo con el cacique a cuyo padre mató en defensa propia, hecho por el que fue condenado; y Paden protagonizará un simbólico duelo con Cobb, en el que el director lo sitúa en mitad de la calle principal representando el futuro y la civilización, mientras que el sheriff aparece justo al final de la ciudad personificando el pasado y la barbarie (6).


Una vez restablecidos la paz, la ley y el orden, los protagonistas seguirán su camino, salvo Paden, recién nombrado sheriff, quien por fin habrá encontrado su lugar en el mundo.

Junto a la dispersión inicial, y como elementos no tan positivos del filme podemos destacar la tendencia a la grandilocuencia y el recorte sufrido de sus originarios 170 minutos a las definitivas dos horas, lo que da lugar a ciertos problemas de continuidad debido a escenas mal hilvanadas y a la pérdida de protagonismo de ciertos personajes como el de Rosanna Arquette, cuya historia de amor a tres bandas queda apenas apuntada, o el de Jeff Goldblum, con un comportamiento difícil de entender. En todo caso, el último defecto no sería achacable a Kasdan sino a la Columbia.


La película costó alrededor de 23 millones de dólares y tuvo un éxito relativo al recaudar más de 33 millones, por lo que se pensó realizar una segunda parte; pero, a pesar de haber comenzado Kasdan a escribir el guion y a la promesa final de Jake (“Volveremos”), nunca se llevó a cabo.

“Silverado” supuso un soplo de aire fresco para el género y una agradable sorpresa para el aficionado; un intento sincero por parte de un director, a su vez cinéfilo, de recuperar aquellas viejas películas de vaqueros protagonizadas por actores de una pieza como Wayne, Cooper, Stewart, Widmark, Lancaster, Douglas o Fonda con las que crecimos y aprendimos a amar al cine. Unos filmes en los que se dirimía la eterna lucha entre el bien y el mal, y en los que, tras superar todo tipo de obstáculos, resultaba vencedor el primero. Con “Silverado”, en definitiva, Lawrence Kasdan, nos devolvió el embrujo del wéstern clásico y eso es mucho ¿no? 


(1) John Ford y Raoul Walsh dirigieron sus últimos wésterns, “El gran combate” y una “Trompeta lejana” respectivamente, en 1964; mientras que la última película del Oeste filmada por Anthony Mann fue “Cimarrón” (1960), quien nunca llegó a poner en pie su proyecto consistente en hacer una versión wéstern de “El rey Lear”, protagonizada por John Wayne, al fallecer de forma prematura en 1967. Por otra parte, Delmer Daves desde finales de la década de los cincuenta se dedicó a rodar una serie de melodramas con el objeto de aliviar la delicada situación económica de la Warner Brothers, abandonando definitivamente el género por el que era mundialmente conocido; y un desengañado William Wellman a partir de 1952 abandonó el género, con la excepción de “El rastro de la pantera”, para dirigir básicamente, con más oficio que talento, varias películas de aventuras para la BATJAC de John Wayne. Así, de los grandes directores del wéstern clásico, sólo Howard Hawks con “Río Lobo” y Henry Hathaway con “Círculo de fuego”; dos filmes menores, aunque no carentes de interés, llegaron a ponerse detrás de la cámara en la década de los setenta para rodar wésterns.

(2) Recientemente la editorial Valdemar en su colección Frontera ha publicado la monumental novela escrita por Larry McMurtry por la que obtuvo el Pulitzer. McMurtry también es el autor de, entre otros, la novela “Hud, el más valiente entre mil” y los guiones para la película “Brokeback Mountain” (Ang Lee, 2005) y para la miniserie “Comanche Moon” (Simon Wincer, 2008), en la que nos reencontramos con los personajes de “Paloma solitaria” en plena juventud como rangers de Texas. 

(3) Lawrence Kasdan y Kevin Kline han rodado juntos, hasta la fecha, seis películas, entre las que destacan: “Reencuentro” (1983); “Grand Canyon” (1991), también coprotagonizada por Danny Glover; y “French Kiss” (1995).

(4) Los wésterns no han sido pródigos en ofrecer papeles importantes a actores negros. Fue precisamente John Ford con “El sargento negro” (1960) uno de los primeros directores en reconocer el papel fundamental de la comunidad negra en la conquista del Oeste. A partir de esa fecha, y como consecuencia de los profundos cambios vividos por la sociedad estadounidense (la Ley de Derechos Civiles fue aprobada en 1964), se filmaron varios wésterns con presencia de actores negros en papeles relevantes, entre los que destacan sólo en los sesenta: “Río Conchos” (Gordon Douglas, 1964), “Los profesionales” (Richard Brooks, 1966), “Duelo en diablo” (Ralph Nelson, 1966), “El póker de la muerte” (Henry Hathaway, 1968), “El camino de la venganza” (Sidney Pollack, 1968), “100 rifles” (Tom Gries, 1969) o “El Cóndor” (John Guillermin, 1970). Algo estaba cambiando también en Hollywood.

(5) Kasdan había contraído una deuda con Costner ya que su personaje en “Reencuentro” fue eliminado en el montaje final de la película, por eso pensó en él para este papel. Posteriormente, convertido el actor en una estrella, rodarían juntos la mencionada “Wyatt Earp”.

(6) Curiosamente Clint Eastwood situaría de la misma forma a sus dos personajes principales, el reverendo y el sheriff también corrupto, en el duelo final de “El jinete pálido”.