NOSOTROS

Mostrando entradas con la etiqueta Alan Ladd. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alan Ladd. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de enero de 2019

EL REBELDE ORGULLOSO

(The proud rebel - 1958)

Dirección: Michael Curtiz
Guion: Joseph Petracca, Lillie Hayward basado en un relato de James Edward Grant.

Reparto:
- Alan Ladd: John Chandler
- Olivia de Havilland: Lynett Moore
- Dean Jagger: Harry Burleigh
- David Ladd: David Chandler
- Cecil Kellaway: Dr. Enos Davis
- Harry Dean Stanton: Jeb Burleigh
- Tom Pittman: Tom Burleigh
- Henry Hull: Judge Morley
- John Carradine: Traveling salesman

Música: Jerome Moross
Productora: Samuel Goldwyn Jr. para Formosa Production

Por Jesús Cendón, NOTA: 7

“Algunas veces me gustaría ser ministro en vez de médico. Los ministros dan esperanza, los médicos sólo hechos”. El doctor Enos Davis a John Chandler tras haber examinado a su hijo David.


Segundo wéstern producido por Samuel Goldwyn Jr. tras “Con sus mismas armas” (Richard Wilson, 1955), película ya reseñada en este blog con la que comparte su excelente acabado formal.

En esta ocasión contó como director con Michael Curtiz, uno de los grandes artesanos de Hollywood y ,junto a Raoul Walsh, director bandera de la Warner Brothers en la que permaneció durante casi tres décadas poniendo su oficio e, incluso, talento al servicio de la major, y mostrando una enorme capacidad de adaptación a los diferentes géneros cinematográficos: aventuras, policiáco, drama, comedia, wéstern e, incluso, musical.


Prueba de su versatilidad es este pequeño wéstern. Así mientras que sus primeras películas ambientadas en el Far-West fueron grandes epopeyas al servicio de Errol Flynn, una de las mayores estrellas de la productora, caracterizadas por su espectacularidad y en las que contó con unos presupuestos holgados para narrarnos la historia de los EEUU: “Dodge, ciudad sin ley” (1939), “Oro, amor y sangre” (1940) y “Camino de Santa Fe” (1940); la película que nos ocupa se trata de un wéstern con un presupuesto mediano en la que desarrolla una historia intimista, cercana al melodrama, siendo su eje fundamental la relación entre un padre y su hijo.


De esta forma, el filme entronca con una serie de wésterns de corte familiar en los que la historia se articula con base en el especial vínculo establecido entre un adulto y un preadolescente o está narrada a través de los ojos del menor. Destacados títulos de esta corriente son “Raíces profundas” (George Stevens, 1953), “Hondo” (John Farrow, 1953), “Río sin retorno” (Otto Preminger, 1954), “Caravana del Oeste” (Francis D. Lyon, 1959) producida por la Batjac de John Wayne, la recientemente reseñada “El más valiente entre mil” (Tom Gries, 1967) o varios títulos menores protagonizados por Joel McCrea como “Amigos bajo el sol” (Kurt Neumann, 1951), coescrita también por Lillie Hayward, y “La mano solitaria” (George Sherman, 1953).


SINOPSIS: John Chandler, un antiguo oficial del ejército sudista, recorre sin descanso los EEUU en busca de un doctor que cure el mutismo sobrevenido de su hijo. Al recalar en Abeerdeen un médico le dará esperanzas, pero pronto se enfrentará de manera fortuita con los hijos de Harry Burleigh, el ranchero más poderosos del lugar; a su vez enemistado con Lynnett Moore propietaria de una granja ambicionada por el magnate. Lynnett protegerá a John y poco a poco nacerá una atracción entre ambos.


La acción del filme se sitúa tras el fin de la Guerra de Secesión (1861-1865), conflicto traumático con un legado de más de 600.000 víctimas mortales entre militares y población civil (1) que enfrentó, con la coartada de la abolición del esclavismo, a dos mundos opuestos: un norte moderno, burgués e industrializado y un sur tradicional, aristocrático y agrícola. El resultado fue un país devastado cuyas heridas tardarían en cicatrizar.


Sin embargo, y aunque hay continuas alusiones al contexto histórico, sobre todo en relación con los saqueos sufridos por los estados del Sur fundamentalmente debidos a la denominada guerra total protagonizada por los generales nordistas Sherman y Sheridan y cuyo paradigma fue el saqueo de Atlanta, a Curtiz no le interesa tanto narrar el drama histórico como la tragedia personal del protagonista, un exoficial confederado acaudalado que con la guerra no sólo perdió todas sus posesiones sino también a su mujer tras ser incendiada su hacienda. Individuo que, abrumado por su responsabilidad, se ha convertido en un nómada con un único objetivo en la vida, encontrar la cura para su hijo incapaz de hablar tras contemplar como las llamas devastaban su hogar y acababan con su madre.


Así, como señalé en un párrafo anterior, el filme se deslizará hacia el melodrama centrándose tanto en el vínculo especial existente entre el padre y su hijo, como en la nueva relación establecida entre ambos y Lynett Moore, otro personaje solitario al haber fallecido sus progenitores y sus hermanos y dueña de un rancho codiciado por Harry Burleigh, el ganadero más poderoso de la región; quedando, de esta forma, perfectamente engarzadas las dos líneas argumentales de la película:


- La primera sobre el paulatino acercamiento entre John y Lynett, que a su vez supone para David, el hijo de John, encontrar un nuevo hogar y a una segunda madre.




Curtiz narra este proceso con varias secuencias de una gran sutileza. Así, contemplaremos a Lynette, tras haber mantenido una conversación íntima con John, mirarse en el espejo y, en un gesto de coquetería, arreglarse el pelo. Posteriormente asistiremos al redescubrimiento de su feminidad al recuperar de un baúl su mejor vestido. Y, por último, ambos se fotografiarán de forma idéntica a la instantánea que conserva John con su mujer fallecida. La intención de Curtiz con la última secuencia es clara, poco a poco Lynett está ocupando el vacío que dejó en el corazón de John la muerte de su esposa. Para ambos se abré una nueva esperanza, una nueva vida, igualmente simbolizada en la edificación del establo sustituto del perdido en un incendio provocado por los hijos de Harry.


- La otra línea argumental se centra en el enfrentamiento de John y Lynette con el clan de los Burleigh. Nos encontramos con un tema recurrente en el wéstern, la rivalidad entre ganaderos y agricultores aunque con la peculiaridad de que el poderoso ganadero se dedica a la cría de ovejas y no al ganado vacuno como era habitual. En este enfrentamiento jugará un papel fundamental el perro pastor de David, pues al apropiárselo Harry se desencadenará el drama constituyendo el detonante del duelo final entre John y los Raleigh. De nuevo las similitudes con la citada “Raíces profundas” e incluso con el melodrama “El despertar” (Clarence Brown, 1946) son evidentes respecto a la profunda relación existente entre el chico y su mascota.


Por lo que respecta a la labor de Curtiz cabe señalar que narra la historia de forma plácida y con un ritmo pausado, caracterizándose la dirección por su elegancia y su clasicismo, destacando los bellos encuadres, los preciosos y precisos movimientos de cámara, la especial atención prestada a la composición de los planos y al lugar en el que sitúa la cámara, permitiendo a los actores moverse en secuencias de interior sin utilizar el montaje; de tal forma que en muchas de ellas tenemos la sensación de estar contemplando a los interpretes en la misma habitación, convirtiéndonos en espectadores privilegiados de los hechos.


La película supuso además el reencuentro profesional, tras dieciocho años de su última cinta, entre el cineasta y una esplendida Olivia de Havilland (2), a la que Curtiz presenta desprovista de todo glamour con un viejo vestido, un sombrero de paja, un chal ajado y mal peinada. Una mujer de carácter fuerte que no parece prestar atención a su imagen y que reivindicará delante del juez, en un discurso de gran modernidad, su individualidad, resistiéndose a ser un mero apéndice del hombre al afirmar: “¿Qué se supone que debo hacer? Arrojarme a los brazos del primer hombre que me proponga en matrimonio sólo para complacer a la gente… Como si vivir sola fuera un crimen, y todo porque soy una mujer y no un hombre”. Es, pues, una mujer adelantada a su tiempo que reivindica su singularidad e independencia como persona y un claro precedente del personaje de Mary Bee Cudy en la recientemente estrenada “Deuda de honor” (Tommy Lee Jones, 2014).


Junto a ella un Alan Ladd en uno de sus mejores trabajos quizás por interpretar a un hombre corriente, un papel más acorde con su físico, y por dar vida a su vástago en el filme su verdadero hijo David Ladd (3) con el que muestra en todo momento una gran complicidad. Estamos ante un individuo duramente golpeado por la vida pero no vencido que conservará su dignidad, orgullo e, incluso, testarudez, rechazando la ayuda gratuita ofrecida por los distintos personajes del filme. Un ser atormentado al haber ocurrido la tragedia a su familia mientras estaba ausente por lo que la curación de su hijo constituye su peculiar acto de expiación, y a su búsqueda dedica su vida. Tanto John como su hijo David nos muestran, por tanto, que los conflictos bélicos no acaban al abandonar las armas su discurso macabro sino que las secuelas se prolongan a lo largo del tiempo en los supervivientes que deben aprender a vivir con sus heridas.



Acompañando a los protagonistas nos encontramos con veteranos de la fiabilidad de Dean Jagger como el poderosos ganadero obsesionado con las tierras de Lynett, Cecil Kellaway en el papel del bondadoso médico y atisbo de esperanza para John, Henry Hull en la piel de un peculiar y heterodoxo juez o John Carradine como un comerciante al que el director y los guionistas reservan las mejores líneas de diálogo en la conversación inicial mantenida con John; así como, con un joven Harry Dean Stanton dando vida al hijo camorrista de Harry.


Por último, debo referirme a la banda sonora de Jerome Moross que anticipa la que compondría ese mismo año para “Horizontes de grandeza” (William Wyler, 1958), su obra maestra con la que revolucionó el género.


“El rebelde orgulloso” es, pues, un wéstern bien construido, amable, conmovedor y hermoso, destinado a toda la familia, centrado en el ser humano y sus sentimientos, filmado en las postrimerías de su carrera por un grandísimo director, de los que hicieron grande al Hollywood clásico, al que no se ha prestado la atención merecida y que volvería a acercarse al género con la más oscura “El justiciero” (1959) y la vitalista “Los comancheros” (1961), su último filme.


(1) La verdadera dimensión del conflicto se aprecia al comparar los fallecidos en él; ya que los estadounidenses muertos en la Guerra de Secesión superaron en número a la suma de las bajas que tuvieron los EEUU en las dos guerras mundiales.

(2) Entre 1935 y 1940 rodaron juntos ocho películas, entre ellas clásicos del cine de aventuras como “El capitán Blood” (1935), “La carga de la Brigada Ligera” (1936) o “Robín de los bosques” (1938); y wésterns del nivel de los nombrados “Dodge, ciudad sin ley” y “Camino de Santa Fe”; todas ellas, además, protagonizadas por la estrella de la Warner Errol Flynn.

(3) David Ladd, que ya había trabajado junto a su padre en “Grandes horizontes” (Gordon Douglas, 1957), sin alcanzar el estrellato de Alan ha desarrollado una fecunda carrera como actor y productor. Sin embargo, es más conocido por su matrimonio con el ángel de Charlie Cheryl Ladd.

lunes, 1 de febrero de 2016

RAÍCES PROFUNDAS


(Shane) - 1953

Director: George Stevens
Guion: A.B. Guthrie

Intérpretes:
- Alan Ladd: Shane
- Van Heflin: Joe Starret
- Jean Arthur: Marian Starret
- Jack Palance: Wilson
- Ben Johnson: Calloway

Música: Victor Young
Productora: Paramount Pictures
País: Estados Unidos

Por: Güido Maltese. Nota: 9

Joey: “Creo que le quiero mamá, casi tanto cómo a papá..."

He aquí uno de los mejores westerns del Cine, dirigido por George Stevens e interpretado por Alan Ladd, Van Heflin, Jean Arthur y Jack Palance.


Copiado, imitado y recordado por multitud de autores posteriores (Leone, Peckinpah, Eastwood, etc...)



La historia de Shane, un pistolero que huye de su pasado violento y encuentra refugio con una familia de granjeros que luchan por mantenerse en un territorio dominado por un ganadero que no acepta a los intrusos y pretende echarlos a toda costa.


Aunque la trama es previsible desde el inicio de la película, el director nos mantiene interesados en todo momento, gracias a un guión prácticamente sin fallas (A.B.Guthrie, según la novela de Jack Shaeffer), a una fotografía espléndida (Loyal Griggs), una gran banda sonora y unas actuaciones notables (incluso el soso y mal escogido Alan Ladd, se mueve cómo pez en el agua en su papel de Shane... lo que hubiera sido esta película con Kirk Douglas!).



Ya desde la llegada de Shane, que ve cómo es acosada la familia de Starret para obligarles a abandonar el valle y se coloca junto a Joe Starret para que los vaqueros sepan que no está sólo, Stevens nos engancha a la historia y consigue mantenernos atentos a pesar de que ya sabemos perfectamente lo que va a ser la película a grandes rasgos.


Que bien retrata, en el personaje de Shane, a ése pistolero solitario que busca una nueva vida y encuentra en la familia Starret todo lo que ansía, todo lo que nunca tuvo...


Y Van Heflin, perfecto en su papel de Joe Starret, un hombre honrado, de fuertes convicciones, apegado a la tierra, a su tierra, que con tanto sudor y esfuerzo ha sacado adelante. Líder y apoyo de los demás granjeros del valle, muchos deseando irse a otra parte, pero que aguantan gracias a la fortaleza, al orgullo y la tesonería de Joe...


Jean Arthur, cómo la esposa enamorada y fiel a su marido pero que ve tambalear su interior por la atracción hacia Shane. “Abrázame, no me digas nada, sólo abrázame” le dice a Joe cuando se da cuenta de la atracción que le produce Shane.


Aquí, Stevens no llega a la finura de Ford en “Centauros del Desierto” cuando nos descubre la atracción entre Martha e Ethan, pero claro, es que Ford era Ford.


Preciosa la relación que se crea entre Shane y el pequeño Joey Starret... Lástima que el niño se me haga tan insoportable con esa voz y esa manera de repetir incesantemente el nombre de “Shane”.


Cómo Shane, a petición de Joe, cuelga la pistola y evita enfrentamientos con los Ryker. Memorable la pelea con Ben Johnson y la posterior de Shane y Joe contra los Ryker y sus hombres. Así cómo inmenso Jack Palance en el papel de Wilson, pistolero contratado por Ryker para terminar con los granjeros.


Pero aún así, tiene que volver a empuñar las armas, para defender a la que ha sido su familia, para defender un estilo de vida que le estaba gustando, pero que no es para él. Que bien tratada la escena en que Joe decide ir a enfrentarse a Ryker y Shane se lo impide (“esto es lo mío,Joe”), golpeándole en la cabeza y ganándose el desprecio del pequeño Joey (“Has golpeado a papá con el revólver, te odio Shane!) con el posterior arrepentimiento de éste, que se lanza tras él en la noche para decirle que le quiere, que no le odia.


Y así, llegamos al esperado duelo entre Shane y Wilson, al que asistimos con la misma expectación que Joey (escondido tras la puerta) y al sublime final de Shane alejándose a caballo hacia las montañas mientras el pequeño Joey grita “Shane, no te vayas Shane!!” y las montañas le devuelven el eco.

“Dile a tu madre que ya no quedan revólveres en el valle”, le dice Shane antes de partir y dejando bien claro que alguien con un pasado cómo el suyo nunca podrá ser parte de una familia, de una comunidad, de una vida en paz en definitiva...


En fin, una gran película, que fue inspiración de muchos... recordemos que Joe de “Por un puñado de dólares” de Leone, es un pistolero que llega de repente, nadie sabe de dónde y que se va por dónde vino, al igual que Shane.



Y no olvidemos “El Jinete Pálido”, quizas el mejor western de Eastwood después de “Sin Perdón”, que es un remake en toda regla de “Raices profundas”. Y tantas y tantas otras...


TRAILER: