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jueves, 21 de febrero de 2019

ATAQUE AL CARRO BLINDADO

(The war wagon, 1967)

Dirección: Burt Kennedy
Guion: Clair Huffaker

Reparto:
- John Wayne: Taw Jackson
- Kirk DouglasLomax
- Howard KeelLevi Walking Bear
- Robert Walker Jr.Billy Hyat
- Keenan WynnWes Fletcher
- Bruce CabotPierce
- Joanna BarnesLola
- Bruce DernHamond
- Gene EvansDeputy Hoag

Música: Dimitri Tiomkin
Productora: Batjac Productions, Universal Pictures, Marvin Schwartz

Por Jesús Cendón. NOTA: 6,5

El mío ha caído primero”. “Pero el mío era más alto”. Conversación entre Lomax y Taw Jackson tras haber acabado con dos de los esbirros de Pearce.


El coste de “El Alamo” (1960) se disparó obligando a John Wayne, productor del filme a través de su compañía la Batjac, a hipotecar todos sus bienes y después, al no haberse obtenido inicialmente el rendimiento económico previsto aunque finalmente fuera un wéstern muy rentable, a vender los derechos de la película a la United Artits, compañía distribuidora del filme. Prácticamente arruinada, la estrella tuvo que aparcar su labor de productor y dedicarse exclusivamente a interpretar películas a un ritmo frenético. Así, tan sólo en 1962 protagonizó “¡Hatari!”, modélica cinta de aventuras africanas rodada por Howard Hawks en su tercera colaboración con Wayne, y “El hombre que mató a Liberty Valance”, cumbre creativa de John Ford; y, además, realizó dos apariciones estelares en “La conquista del Oeste” y “El día más largo”, que le proporcionaron pingües beneficios.


Recuperado económicamente, en 1963 resucitó la Batjac con “El gran MacLintock” (Andrew Victor McLaglen) y en 1966 se asoció con la Brynna de Kirk Douglas (1) para producir “La sombra de un gigante” (Melville Shavelson), biopic del coronel David Marcus protagonizado por Douglas en el que se reservó un pequeño papel.


El entendimiento entre ambas estrellas fue total por lo que Wayne volvería a contar con Douglas para su siguiente proyecto “Ataque al carro blindado” una película del Oeste basada en la novela “Badman” escrita por Clair Huffaker, habitual autor wéstern (2), cuyos derechos había comprado hacía tiempo.


Al igual que con “El gran MacLintock” el veterano actor no quiso correr excesivos riesgos y se rodeó de colaboradores de su más absoluta confianza como el operador William H. Clothier, su director de fotografía favorito, o el mítico Dimitri Tiomkin, autor de la partitura de “El Alamo”, que compuso una banda sonora con sus característicos temas incidentales y una canción muy pegadiza, “La balada del carro blindado”, interpretada por Ed Ames que se escucha acompañando a los títulos de crédito mientras vemos al carro blindado y consigue predisponer al aficionado a favor del filme. Además confió la dirección al otrora gran guionista Burt Kennedy (3), un cineasta fiable y fácilmente manejable para John Wayne. De hecho Kirk Douglas ha señalado reiteradamente que Wayne constantemente daba instrucciones a Kennedy sobre cómo rodar determinadas secuencias e, incluso, llegó a filmar alguna escena.


ARGUMENTO: Una vez cumplida su condena de tres años en prisión, Taw Jackson decide vengarse del hombre que le acusó injustamente y se adueñó de su rancho en el que se había encontrado oro. Para llevar a cabo su plan, consistente en robar un carro que transportará próximamente 500.000 dólares, contratará a un grupo heterogéneo de individuos.



Pocas estrellas como Wayne sabían lo que el público esperaba de una película protagonizada por él, por eso concibió “Ataque al carro blindado” como un filme que reivindicaba los valores de las películas del Oeste clásicas cuando este, a finales de la década de los sesenta, comenzaba a dar muestras de su decadencia frente a la proliferación de los wésterns crepusculares, revisionistas e, incluso, los realizados en Europa, de creciente éxito, caracterizados por su excesiva violencia y por una visión más crítica y realista de los EEUU en el siglo XIX.


De hecho la premisa argumental del filme, un individuo que pretende recuperar la fortuna arrebatada por el ambicioso cacique del lugar, recuerda a “Los cuatro hijos de Katie Elder”; mientras que su estructura, con un grupo de amigos que deben mantenerse unidos para enfrentarse y vencer a un enemigo en común que le supera en número, remite a Howard Hawks. Incluso como en los wésterns del “viejo zorro plateado” el filme cuenta con un tono desenfadado; estando el humor muy presente durante toda la cinta. En este sentido destacan los diálogos cargados de ironía, sobre todo los correspondientes a Taw, Lomax y el indio Levi Walking Bear.


Sin embargo la originalidad del filme radica en trasladar al Lejano Oeste una trama propia de los thrillers y más concretamente del subgénero atraco perfecto, en los que la elaborada planificación y ejecución del robo, en esta ocasión brillantemente rodado, constituyen el núcleo de dichos filmes. En este, además, destacan igualmente, junto con la extraordinaria y larga secuencia del robo, la magnífica pelea, perfectamente coreografiada, que tiene lugar en el saloon con, de nuevo, elementos humorísticos y las escenas que ahondan en la relación de los dos socios principales (Taw y Lomax), sobre todo durante la primera media hora de la cinta; anticipándose en este aspecto a las denominadas buddy movies o películas de colegas de moda en los años ochenta.


Pero sin duda, la mejor baza de la cinta radica en el carisma del dúo protagonista. Un pletórico John Wayne y un atlético Kirk Douglas que se muestran muy cómodos en sus respectivos papeles como Taw Jackson y Lomax, un pistolero mujeriego contratado para matar a Taw que este convertirá en su socio por su rapidez con el revólver y su habilidad para abrir cajas fuertes.

Además de Lomax, Taw contará con un grupo variopinto de inadaptados:


Levi Walking Bear, un pintoresco indio interpretado por Howard Keel que intenta adaptarse sin éxito al mundo de los blancos. De hecho le comentará a Taw: “Sí, he aprendido a vivir en el mundo del hombre blanco. A hacer lo que el hace. A coger lo que se puede cuando se puede”. Su colaboración será fundamental ya que es el encargado de negociar el apoyo al robo con la tribu de los kiowas.


Billy Hyat al que da vida Robert Walker Jr. (hijo del prematuramente malogrado y gran actor Robert Walker), un joven alcoholizado experto en explosivos.


Wes Fletcher encarnado por Keenan Wynn, un individuo irascible y paranóico infiltrado en la banda de Pierce. Está casado con una mujer más joven, comprada a sus padres por 20 dólares y un caballo, por la que se sentirá atraído Billy, provocando este hecho fricciones en el grupo.


Con estos personajes protagonizando la trama del robo, el tándem Kennedy-Huffaker construye una cinta agradable de ritmo trepidante y caracterizada por su jovialidad, dinamismo, vitalidad y ligereza (aunque se alude a la injusta situación de los indios; el propio carro blindado remita a un mundo incipiente en el que los pistoleros no tendrán cabida y de hecho el robo se pueda entender como un enfrentamiento entre clasicismo y modernidad; o el final tenga un carácter moralizante con homenaje incluido a “El tesoro de Sierra Madre”-John Huston, 1948-).


“Ataque al carro blindado”, es, por tanto, un filme honrado, técnicamente bien hecho y que no defrauda al proporcionarnos lo que nos ofrece: cien minutos de plena diversión, hecho que siempre es de agradecer.


(1) La primera película en la que intervinieron ambos fue el drama bélico dirigido por Otto Preminger en 1965 “Primera victoria” y, a pesar de sus conocidas diferencias políticas y sus fuertes personalidades, se entendieron perfectamente.

(2) Clair Huffaker es autor, entre otras, de las novelas en las que se basaron “El precio por la libertad” (Harry Keller, 1960), “Estrella de fuego” (Don Siegel, 1960), “Justicieros del infierno” (Herbe Coleman, 1961), “Río Conchos” (Gordon Douglas, 1964) o “La quebrada del diablo” (Burt Kennedy, 1971), de cuyas adaptaciones al cine también se ocupó. Además de escribir los libretos originales de “Los comancheros” (Michael Curtiz, 1961) o “Los 100 rifles” (Tom Gries, 1969).

(3) Burt Kennedy era un profesional bien conocido por John Wayne ya que fue el responsable de los guiones de tres películas producidas por la Batjac en la década de los cincuenta: “Tras la pista de los asesinos”, wéstern dirigido por Budd Boetticher con el que se inició el ciclo Ranown; “Matar a un hombre”, debut como director de Andrew Victor McLaglen; y “Man in the vault”, un thriller igualmente filmado por McLaglen.

jueves, 27 de diciembre de 2018

EL MÁS VALIENTE ENTRE MIL

(Will Penny, 1967)

Dirección: Tom Gries
Guion: Tom Gries

Reparto:
- Charlton Heston: Will Penny
- Joan Hackett: Catherine Allen
- Donald Pleasence: Preacher Quint
- Lee Majors: Blue
- Bruce Dern: Rafe Quint
- Ben Johnson: Alex
- Slim Pickens: Ike Walterstein
- Clifton James: Carlton
- Anthony Zerbe: Dutchy
- Roy Jenson: Boetius Sullivan
- G. D. Spradlin: Anse Howard

Música: David Raskin
Productora: Paramount Pictures

Por Jesús Cendón. NOTA: 7’5

“Y ¿Qué destino es ese? No hay una botella de whisky a cientos de kilómetros de él, ni un asomo de ciudad donde gastar un dólar”. Blue tras haber transportado el ganado.


Con el incomprensible y desafortunado título en castellano de “El más valiente entre mil” nos encontramos con la aportación más personal a este género de su director-guionista Tom Gries; un profesional dedicado fundamentalmente a la televisión que firmó con este wéstern su mejor película (1).


Estamos ante un proyecto largamente acariciado por su autor basado en el episodio que dirigió en 1960 para la serie de televisión “The westerner” (2), serie cuya autoría se debe a Sam Peckinpah. De hecho la película presenta ciertos elementos en común con el cine del director californiano, desde la visión melancólica y otoñal del Oeste hasta su veterano protagonista representante de un colectivo, los cowboys, condenado a su extinción con la llegada del progreso al ser incapaz de adaptarse a la nueva era. Así nos retrata un Oeste en profunda evolución en el que el desarrollo del ferrocarril, símbolo tanto de los nuevos tiempos como de la cohesión del país, pondrá fin inexorablemente a un modo de vida vinculado al ganado y a su transporte en viajes maratonianos atravesando extensos territorios. Además, Tom Gries contó con Lucien Ballard, operador habitual de Peckinpah, que contribuyó cromáticamente a dotar al filme de su aspecto nostálgico; así como con algunos secundarios “peckinpahnianos” del nivel de Ben Johnson o Slim Pickens, este último presente también y con el mismo rol en el episodio de la serie en el que está basado el filme.


Según contó Charlton Heston en una entrevista, Gries mostró parte de su guion a Walter Seltzer, productor y gran amigo del actor con el que trabajó en numerosas ocasiones, quien entusiasmado no dudó en enseñarlo a la estrella. Igualmente deslumbrado por la calidad del guion (3), el actor propuso al productor como posibles directores del filme a William Wyler o George Stevens, convencido de que ninguno de los dos rechazaría rodarlo, sin embargo Gries se negó a venderles su libreto si no filmaba personalmente la película. Tras una ardua negociación, al no confiar ni la veterana estrella ni el productor en el escritor por su escasa experiencia, finalmente este se impuso y consiguió dirigir su guion.


ARGUMENTO: Will Penny, un veterano cowboy cercano a los cincuenta años, tras finalizar su trabajo transportando ganado y como ocupación invernal es contratado para vigilar las lindes del rancho Flatiron. Sin embargo, lo que debería haber sido una ocupación solitaria y rutinaria se verá alterada por la presencia en su cabaña de Catherine Allen y su hijo; así como, por su encuentro con el predicador Quint y su familia, sedientos de venganza tras haber acabado Will en un tiroteo anterior a su llegada al rancho con uno de sus miembros.


Si por algo se caracteriza “El más valiente entre mil” es por su autenticidad y veracidad al mostrarnos la vida de los cowboys desprovista de todo glamour y carente del sentido épico de otros wésterns (4). Personajes fundamentales en el desarrollo de los EEUU al transportar el ganado desde los estados productores de carne hasta aquellos que demandaban este producto, el trabajo de los vaqueros se nos presenta como trivial, rutinario y penoso; mientras que estos son retratados como individuos desaliñados y anclados en el pasado que en la mayoría de los casos apenas saben escribir sus nombres o, como el protagonista, son analfabetos. En este sentido cobran gran importancia dos escenas de una gran sutileza: aquella en la que, para poder cobrar, Will debe estampar su marca, una cruz, en un libro e intenta con su mano evitar que otros compañeros lo vean, y otra en la que observa avergonzado leer a Horace, el hijo de Catherine.


En este mismo sentido, la falta de glamour de la vida de los vaqueros, se encuadran otras secuencias como aquella en la que vemos a Will zurcir unos calcetines (escena que también aparecía en el episodio de “The westener”), en la que aluden a los piojos o cuando el protagonista reconoce a Catherine que sólo toma un baño ocho o nueve veces al año: al empezar un trabajo, al terminarlo, otros dos en fechas importantes y el resto variando según los ríos que deba cruzar. Incluso se nos muestra a los cowboys como individuos algo torpes con las armas (a Dutchy, compañero de Will, se le disparará accidentalmente su revólver hiriéndose de gravedad) o preocupados por no dañarse sus manos ya que son su medio de vida (Will pelea con otro cowboy utilizando su sombrero, primero, y una sartén, después).


Asimismo este deseo tanto del director-guionista como de los productores por mostrar un Far West lo más auténtico posible se aprecia también en el atrezzo empleado. De esta forma, se envejeció la ropa usada por los actores con lejía; mientras que las armas utilizadas son auténticas y se alquilaron a coleccionistas, en vez de emplear las que se encontraban en el departamento de la Paramount. Todo ello redunda en una visión más realista del Oeste.


Además la película constituye un canto a la amistad, representada sobre todo en Blue (un Lee Majors anterior a hacerse famoso con la serie “El hombre de un millón de dólares”) verdadero elemento cohesionador del trío compuesto por Will, Dutchy y él, al permanecer al lado del segundo tras su desafortunado accidente y posteriormente no dudar, a pesar de estar en juego su vida, en ayudar al primero en su enfrentamiento con los Quint. Es el tipo de amistad surgida entre hombres rudos como consecuencia de haber cabalgado juntos en infinidad de jornadas, enfrentándose hombro con hombro a un sinfín de peligros y compartiendo interminables noches al raso con el único consuelo de una fogata para calentarse por fuera y una botella de whisky para caldearse por dentro.


Tom Gries construyó el filme, en su parte central, en torno a dos líneas argumentales perfectamente hilvanadas.


Por una parte nos encontramos con el enfrentamiento de Will con la familia Quint al haber acabado con uno de sus miembros tras un tiroteo en un río. La familia, al frente de la cual se encuentra un falso predicador (excepcional Donald Pleasence) que justifica su comportamiento psicótico tendente a la violencia y al sadismo en los textos bíblicos y es padre de tres tarados que han heredado sus instintos homicidas, perseguirá a Will y tras herirlo de gravedad lo abandonará con el objeto de que sufra una muerte lenta y horrible. Sin embargo nuestro protagonista conseguirá llegar a su pequeño refugio en donde previamente había permitido quedarse de manera temporal a Catherine y a Horace.


A partir de ese momento se desarrolla la segunda trama centrada en la historia de amor entre Will y Catherine, dos seres provenientes de mundos diferentes e, incluso, opuestos. Es, sin duda, una de las más bellas y mejor contadas en este género que entronca la película con rarezas intimistas y líricas como “Johnny Guitar”. Así asistiremos en la pequeña cabaña al recelo y a la desconfianza iniciales de ambos personajes, pasando por su mutuo acercamiento a medida que van mostrándose el uno al otro y conociéndose, su creciente atracción y, finalmente, a su enamoramiento.


Y es en el interior de esas cuatro paredes en el que el filme alcanza un nivel altísimo con escenas de una gran naturalidad y sensibilidad, como aquella en la que Will reconoce a Catherine y a su hijo su desconocimiento de los villancicos y culmina con el niño abrazando a quien le gustaría fuese su padre, lo que provoca el aturdimiento en nuestro protagonista por la muestra espontánea de cariño del chaval; o cuando Will, un hombre acostumbrado a mantener su alma plegada para evitar exponer sus sentimientos, se sincera con Catherine y habla de su existencia solitaria o de su escaso conocimiento de las mujeres al haberse relacionado tan sólo con prostitutas; hasta llegar a la memorable y desgarradora escena final en la que la figura de Will se agiganta ante nuestros ojos al comprender que es tarde para poder ofrecer una vida en común a Catherine, renunciando no sólo a la única mujer amada y a la posibilidad de tener lo que nunca tuvo, una familia, sino a la propia felicidad.


Para poner en pie estas escenas se necesitaba contar con grandes actores, y tanto Charlton Heston como Joan Hackett están esplendidos, además de mostrar una enorme complicidad.


Pocas veces he visto en la pantalla grande a Heston como en esta película. Realiza una interpretación memorable y muy sentida de Will, un hombre solitario, desarraigado, con una existencia nómada y que desde pequeño, al haber sido abandonado por su familia, ha tenido que luchar para poder subsistir en un mundo hostil. Un individuo acostumbrado a la falta de cariño que en el otoño de su vida, demasiado tarde para él, encontrará el amor y a una compañera con la que en otras circunstancias no habría dudado en compartir su existencia.


En cuanto a Joan Hackett, simplemente borda su papel de Catherine. Su constante cruce de miradas con Charlton Heston es antológica. La actriz fue escogida tras haber rechazado el papel varias estrellas (5) y está perfecta dando vida a Catherine, una mujer culta, educada, no demasiado agraciada y algo remilgada que arrastra el fracaso de su matrimonio ya que, según reconoce, su marido tan sólo la espera porque la necesita como mano de obra. Encontrará en Will, una persona totalmente diferente a ella, todas las cualidades que busca en un hombre, integridad, rectitud, bonhomía, nobleza, honestidad; aptitudes de las cuales se da a entender carece la persona con quien se casó.


Mención especial merece Jon Gries, hijo del director, como Horace (6); al obsequiarnos con una actuación plena de naturalidad y alejada de la ñoñería y cursilería habituales en este tipo de personajes. Un preadolescente que encontrará en Will a un inesperado progenitor, estableciendo un sólido vínculo afectivo con el veterano vaquero.


“El más valiente entre mil” es un relato realista de la vida de los cowboys y, al mismo tiempo, una bellísima y lúcida reflexión sobre el paso del tiempo y la imposibilidad de recuperar los años perdidos. Un buen y semidesconocido wéstern, filmado en un momento en el que el género en los EEUU comenzaba su lento declive, que con un director de mayor entidad se hubiera convertido, sin duda, en un clásico.


(1) Dos años después Tom Gries filmaría “Los 100 rifles”, un mediocre wéstern rodado en España recordado por mostrar por primera vez una relación sexual interracial; mientras que en 1975 se despediría del género con “Nevada Express”, mixtura de wéstern y thriller protagonizada por Charles Bronson.

(2) “The westerner” fue una serie creada en 1960 por Sam Peckinpah e interpretada por Brian Keith. Se emitieron trece episodios de los cuales Peckinpah dirigió cinco, además de participar en el guion de todos ellos, André de Toth dos y Tom Gries uno, “Line Camp”.

(3) En sus memorias Charlton Heston considera como su mejor película a “El más valiente entre mil”.

(4) Ya en 1958 Delmer Daves había filmado “Cowboy”, una versión realista de la vida de los vaqueros.

(5) El guion definía a Catherine como una mujer poco atractiva, hecho que suscitó el rechazo de las actrices a las que se propuso el papel antes que a Joan Hackett.

(6) Tras realizar infinidad de entrevistas para el papel de Horace, los productores de la película (Walter Seltzer y Fred Engel) se encontraron con Jon que estaba esperando a su padre tomando un refresco. Después de mantener una pequeña charla con él no dudaron en llamar a Tom para comunicarle que por fin tenían a Horace.

lunes, 25 de enero de 2016

LOS ODIOSOS OCHO

(The hateful eight) - 2015

Director: Quentin Tarantino
Guion: Quentin Tarantino

Reparto:
Samuel L. Jackson: Major Marquis Warren
Kurt Russell: John Ruth "La Horca"
Jennifer Jason Leigh: Daisy Domergue
Walton Goggins: Sheriff Chris Mannix
Tim Roth: Oswaldo Mobray
Michael Madsen: Joe Gage
Bruce Dern: General Sandy Smithers
Demián Bichir: Bob

Música: Ennio Morricone
Productora: The Weinstein Company
País: Estados Unidos

Por: Xavi J. Prunera. Nota: 8,5

“Cuando llegue al infierno, diga que le envía Daisy” (Daisy Domergue a John Ruth)

Si soy objetivo o no con mis reseñas no lo sé. Pero lo que sí sé, sin lugar a dudas, es que jamás he pretendido serlo. Y menos, con Tarantino. Un cineasta al que admiro y que nunca -repito: nunca- me ha decepcionado.


Dicho esto también me gustaría añadir que me considero una persona con criterio. O con cierto criterio, al menos. Como poco, el mío. Y ese criterio propio, personal e intransferible, me dice que “The Hateful Eight” no decepcionará a los que, como yo, admiramos a Tarantino. En primer lugar, porque su autor es fiel a sí mismo y no hace nada que no esperáramos de él. Y en segundo lugar, porque siendo incuestionablemente fiel a sus propios principios cinematográficos, con “The Hateful Eight” los rebasa y los sublima logrando su más preciada y genuina quintaesencia.



Así pues, si os gustan los personajes inequívocamente tarantinianos, en “The Hateful Eight” vais a encontrar unos cuantos. Si os gustan las frases y los diálogos para enmarcar, en “The Hateful Eight” no vais a saber con cuál quedaros. Si os gustan las explosiones de violencia tras una larga y dilatada calma tensa, en “The Hateful Eight” se os van a juntar algunas. Si os gustan los buenos planos, los encuadres perfectos y que las secuencias duren lo que tengan que durar, en “The Hateful Eight” lo tenéis asegurado.



Si os gusta que la música (en este caso, de un escalofriante Morricone ni más ni menos) enriquezca, si cabe, escenas de gran poderío visual, en “The Hateful Eight” lo vais a poder constatar más de una, de dos y de tres veces. Si os gusta el Spaghetti-Western, en “The Hateful Eight” descubriréis referencias. Si os gusta el humor negro, pero negro-negro —como el café de Minnie— en “The Hateful Eight” Tarantino os servirá no una, sino dos tazas. Y si os gusta un buen baño de sangre (con toque emotivo incluido) antes de levantaros de la butaca, os aseguro que ésta es vuestra peli. 



Pero si en algún aspecto Tarantino riza el rizo por encima de cualquier expectativa previa es, sin lugar a dudas, en el guión, en la trama. Una trama que podría haber firmado el mismísimo Alfred Hitchcock o la insigne Agatha Christie y que Tarantino va desmadejando sin prisa pero sin pausa. Administrando los tiempos y los recursos (elipsis, capítulos…) como solo un gran narrador sabe hacerlo y manteniendo el pulso, la fluidez y la tensión de la historia en todo momento hasta los títulos de crédito finales. Algo que no debe resultar nada fácil cuando manejas un metraje tan largo y una localización (la parada de postas en las montañas) que si bien no llega a ser tan claustrofóbica como había imaginado a priori, sí podemos considerarla —naturalmente— como cargada, viciada y explosiva hasta límites insospechados. Un polvorín, vaya.



Y si no le otorgo mayor puntuación, la verdad, es porque la primera media hora se me hizo algo remolona (la peli va, descaradamente, de menos a más), porque algunos secundarios están desaprovechadísimos (Samuel L. Jackson, Kurt Russell y Jennifer Jackson Leight, por otra parte, se “comen” a todos los demás) y porque siempre espero un poco más de Tarantino. Y algo me dice que su última obra maestra… aún está por llegar.

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Por: Valen García. Nota: 7,5

Bob: Parece que con eso me está llamando mentiroso, mi negro amigo.

Mayor Marquis Warren: ¡Sí, lo parece! ¡tiene usted razón! Pero aún no lo he hecho.

No me gustó que el cartel promocional rezara “La 8ª película de Quentin Tarantino”. Al principio pensé que podría tratarse de un simple y llano recurso de marketing pero, obviamente, a Tarantino eso no le hace falta. Por si fuera poco, la frasecita de marras estropea incluso el diseño realizado por BLT Communications, que recupera el estilo de las ilustraciones en los carteles cinematográficos. Pero es que, además, también la introduce en el trailer.



Y hoy he descubierto que Tarantino vuelve a autohomenajearse en los créditos iniciales de la película con la misma frase. Resumiendo: cuando al talento de QT se le suma la vanidad, a este director le da por regalarnos tonterías como ésta. Pero olvidemos este detalle y vayamos al grano. En capítulos, como le gusta a él.



Capítulo 1º - El engaño

Acabo de visionar un western, con una puesta en escena muy teatral, que transcurre al final de la Guerra Civil. Un western del que yo, francamente, esperaba mucho más. O mejor dicho: del que no esperaba esto. Un western que todo el mundo recordará, en un futuro, por una felación y un gran baño de sangre. 



Y aunque ya se sabe que de Tarantino siempre cabe esperar sangre, tiros, puñetazos, torturas y mucha charlatanería… ¿Por qué no me lo esperaba en “Los odiosos ocho”? Pues porque el trailer, perfectamente construido, nos engañaba con bellos paisajes nevados de Colorado y un ritmo trepidante. Porque nos vendió en el mismo trailer una vuelta al sistema Ultra Panavision 70 mm para captar escenarios inmensos y yo pensé, automáticamente, en la épica del western. Pensé en un renacer del western bien hecho. Pensé que todo iba a ser diferente a lo facturado por QT. Pero no. La cosa no ha sido así.



Los exteriores están ahí y son los que son pero el resto, el 90% de la trama, transcurre en el interior de una mercería, de una diligencia y de un granero. Y para ello no necesitaba para nada un formato cinematográfico obsoleto y tanto metraje. Pero, claro, como yo soy Tarantino y yo lo valgo… pues cualquiera le dice que no. Total, que al final todo acaba como siempre: con verborrea, tiroteos y derramamiento de sangre a tutiplén “marca de la casa”. 

Capítulo 2º - 100% Tarantino

Naturalmente, la criatura también tiene sus cosas buenas. Y aunque no me acabaron de convencer esos títulos iniciales, con los que "a priori" tendría que haberse lucido, debo reconocer que el arranque de la peli, con esos paisajes y esos personajes, me cautivó plenamente.

Y lo mismo, el guión. Un guión original del propio Tarantino repleto de humor negro que conduce al espectador donde quiere y que, en ocasiones, incluso despierta más de una sonrisa. Y es que “Los odiosos ocho” es una película entretenida, lenta, larga, violenta, sangrienta (en ocasiones, casi gore) que trata, desde un punto de vista general, de la política racial posterior a la Guerra de Secesión y, desde un punto de vista más íntimo, sobre desconfianza, odios y rencores. Por todo ello y más, a los admiradores de QT les encantará. Por todo ello, por saber colocar la cámara en el lugar preciso y por seleccionar planos muy efectistas, por supuesto. Una de las cosas que más me gustan de él.



Al margen de eso, no obstante, “Los odiosos ocho” posee detalles y singularidades que no me han pasado desapercibidas. Detalles como esos ingredientes directamente procedentes de “Reservoir Dogs”, como esos decorados que nos recuerdan a películas admiradas por su director como “El Gran Silencio” y “Hasta que llegó su hora”, como esos “primerísimos primeros planos” que el maestro Sergio Leone puso de moda hace 50 años, como esos contraluces a lo “Centauros del desierto” o como esas dosis de intriga a lo Sherlock Holmes o Agatha Christie. 

Capítulo 3º - Tarantino tiene a Morricone

Una atmósfera, gélida e intrigante, perfectamente lograda. Unas partículas de polvo y de nieve que se aprecian en el ambiente. Unos halos de vapor que salen de las bocas al hablar. Unas magníficas luces volumétricas obra de Robert Richardson, el director de fotografía, que realiza un trabajo excelente.





Una decoración de interiores maravillosa a cargo de Yohei Taneda. Toda una serie de detalles que constatan, en definitiva, que “Los odiosos ocho” es una peli trabajada. Que cuida hasta el más mínimo detalle. Pero ninguno tan importante, sin lugar a dudas, como la partitura de Morricone, el músico italiano que, a sus 87 años, se va a llevar el Oscar a la mejor BSO que aún le deben.



Capítulo 4º - Los Act8res

QT se rodea de un gran elenco de actores de confianza a quienes saca lo mejor de ellos. El trabajo final yo diría que es muy correcto. Destacan una casi irreconocible Jennifer Jason Leigh, un gran trabajo de Kurt Russell y un valor seguro para Tarantino que es Samuel L. Jackson. Éste último y Walton Goggins, no obstante, un poco sobreactuados.



Capítulo 5º - Mi resumen

Pese a que la peli empieza muy bien, con planos y encuadres muy elegantes, lo cierto es que al cabo de un rato la cosa se tuerce. Me da la sensación que QT no puede continuar sin ser él mismo y su juego de preguntas y respuestas, sus repeticiones y su verborrea me agotan. Momentos interminables que alargan el metraje y no aportan nada. Me estoy refiriendo a cuando Michael Madsen se ata el pañuelo al cuello, a cuando van clavando los postes y la cuerda que conecta la mercería al granero y al retrete, a cada vez que deben cerrar la puerta de entrada clavando esos dos puñeteros tacos de madera...  Así pues, me sobra todo eso y la enumeración de capítulos, la voz en off, la cámara lenta y un buen par de arrobas de tinta roja. Y es que, Querido Quentin, como amante del western me quedo definitivamente con tu 7ª película.

Capítulo 6º - Puntazo final 

Eso sí: el diseño de los créditos finales, con sus puntitos y sus llaves “al estilo de antes”, es un bonito detalle para el espectador. Eso y la gran canción de Roy Orbison, por supuesto.

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Por: Güido Maltese. Nota: 7

John Ruth "La Horca": ¡Acércate! pero, recuerda... suave como la melaza!

Decepción, esto es lo que sentí ayer después de 3 horas sentado en una butaca del cine.

Decepción, sí, pero no toda la culpa es de Tarantino….fuí con tantas expectativas de ver una obra maestra y tantas ganas de disfrutar cómo un enano con diálogos maravillosos y una gran banda sonora, tantas ganas de vibrar con esa violencia final típica de Quentín y tanta ilusión por ver un nuevo gran western…que el batacazo fue mayor del que, en justicia, me infringió la película en sí.



Hacer una reseña con un sólo visionado y unas pocas horas después de dicho visionado, me resulta bastante complicado y, por añadidura, siendo la película tan reciente, procurando no contar nada que pueda dar pistas a los que no la hayáis visto aún. Aún así, intentaré daros mi opinión personal de la manera más objetiva posible.


En primer lugar, el metraje es excesivo para soportar un guión muy "justito”, unos diálogos banales y unas actuaciones “correctitas”. Cierto que no me aburrí ni desesperé en ningún momento, no sentí ganas de salirme del cine como me ocurrió con “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, por ejemplo. Pero El bueno de Quentín no fue capaz de mantenerme pegado al asiento sin moverme por si me perdía algo, como hizo con “Django Desencadenado” en su día. Me pasé esa hora y pico de metraje que le sobra, deseando que llegase el final y eso no dice nada bueno a favor del film.



Veréis, la película tiene un inicio bueno, muy bueno incluso… la presentación de los personajes, el paraje dónde se desarrolla, la fotografía, los diálogos, etc, crean en el espectador ese sentimiento de “menudo peliculón voy a ver hoy!”, pero a medida que el film avanza y se convierte prácticamente en una obra de teatro, ese sentimiento va decayendo y tornándose en ese otro de “venga coño, que llegue el clímax final ya!”



Para mí, la culpa de todo esto la tiene, en gran medida, el guión….aparte de hacer algunas aguas que no puedo explicar por los spoilers, los diálogos, tan buenos y típicos en el cine de Tarantino, son aquí insulsos, sin fuerza, no logran engancharme, no tienen nada de especial. Esos diálogos maravillosos entre el doctor King Schulz y Django aquí no existen. Aquí son conversaciones banales que no aportan nada y, encima, se agrava con el excesivo metraje que tampoco nos aporta nada.



Las interpretaciones tampoco son nada del otro mundo. Kurt Russel pone su imponente presencia, pero poco más. Samuel L. Jackson su gran carisma, pero eso lo pone en todas sus actuaciones y acaba siendo siempre más de lo mismo (por lo menos en su gran papel de Stevens en Django nos daba algún que otro registro nuevo... y lo bordaba!). De Jennifer Jason Leigh había leído mucho sobre su gran interpretación en este film…pues para nada, está correcta y punto. Tim Roth, que siempre he tenido gran debilidad por él, sobreactúa exageradamente intentando ser Christophe Waltz… y la caga estrepitosamente! Michael Madsen es Michael Madsen, o sea, una cara y poco más. Bruce Dern muy correcto en su papel y, por encima de todos, Walton Goggins! Este sí que me ha sorprendido y gustado mucho! El mejor del elenco sin ninguna duda.



La película es técnicamente perfecta, estaría bueno lo contrario con las cifras que se manejan. Fotografía correcta, nada del otro mundo tampoco. Y la banda sonora, de mi amado Morricone, normalita, normalita (¡cómo me duele decir esto!).



En cuánto a los típicos homenajes de Tarantino, aquí tenemos muchos….desde guiños al Coronel Mortimer, a “El gran Silencio”, a Agatha Christie pasando por Hitchcock y, el que más me ha gustado: el personaje de L. Jackson se llama “Marquis Warren”, supongo que en clara alusión a ese director y guionista de serie B en los 50 llamado Charles Marquis Warren.



El clímax final, la sangre que todos esperamos ver con Tarantino, llega por fin a las dos horas y media… de esto no voy a hablar para no desvelar nada, pero sí diré que “Quentin se te ha ido la olla un poco más de lo normal… te has pasado!”



En fin, y para terminar ya, la película está bien (de hecho le pongo un 7 después de todo), no aburre, no defrauda en exceso y contiene (casi) todo lo que esperamos de Tarantino… pero me decepcionó! (Ya veremos con el paso del tiempo y nuevos visionados si me cambia este sentimiento!)

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Por: Jesús Cendón. Nota: 6

John Ruth "La Horca": Nadie dijo que ese trabajo fuera a ser fácil.
Mayor Marquis Warren: Tampoco dijeron que fuera a ser tan difícil.

No soy un fan de Tarantino pero reconozco que he disfrutado, y mucho, con sus películas. Me impactó la violencia seca y contundente de “Reservoirs Dogs”; en “Pulp Fiction”, su mejor filme para mí, las distintas historias encajaban perfectamente, “Jackie Brown” supuso un sincero y sereno homenaje al cine blaxpoitation; tanto “Kill Bill” como “Malditos bastardos” me entretuvieron además de contener escenas magistrales; y aunque me mosqueó “Django desencadenado”, porque creo que su ego nos impidió ver una película extraordinaria (malditos cuarenta últimos minutos), me divertí bastante viéndola. Todas ellas tienen una característica en común, son muy entretenidas.



Sin embargo “Los odiosos ocho” es tremendamente aburrida, una película con una larguísima primera parte en la que no avanza la historia y se pierde en diálogos interminables e intrascendentes, así como en situaciones repetitivas (¿cuántas veces tiene Tarantino que contarnos que la puerta está rota y necesita que se le claven dos maderas para permanecer cerrada o que la carta del Mayor la escribió Lincoln?) e insignificantes para la evolución del filme (¿A qué viene mostrar cómo aseguran un camino hacia el establo y otro a las letrinas si después no vuelven aparecer en la película, ni este hecho tiene valor dramático alguno?). Incluso el final caracterizado por su típica orgía de sangre se hace pesado e interminable al estar alargado de forma artificial. Y a ello tenemos que añadir personajes (el general Smithers) que no aportan absolutamente nada a la historia salvo dilatarla a través de un flashback bastante grotesco.



El resultado es una película plomiza y demasiado larga; y, como debería saber el director, no siempre una película grande es una gran película, no siendo necesario estirarla si no se cuenta con un guion que lo justifique.



Porque una película no sólo consiste en rodearte de un grupo de buenos profesionales sino en tener una buena historia que contar. Así, la cinta desde el punto de vista técnico (fotografía, dirección artística) es irreprochable, la banda sonora de Morricone aunque no contiene temas pegadizos es muy adecuada y Tarantino nos muestra una vez más que sabe situar y mover la cámara como pocos realizadores en la actualidad; pero el filme falla por la base, por el guion y, lógicamente, el resultado no puede ser bueno si el libreto en el que se fundamenta es tramposo y mediocre, carece de lógica y cuenta con fallos garrafales.



Atención a los que no hayáis visto la película porque a partir de ahora os puedo destripar la misma.

En primer lugar, Tarantino empieza con engañarnos mediante el título ¿Quiénes son los odiosos ocho y por qué? Los principales personajes son nueve y a ellos, en el tramo final, se le suma un décimo. Y en este último radica la mayor trampa del guionista-director. En una película no vale todo para atraer la atención del espectador. Así se saca de la chistera un conejo con el que obtiene un giro inesperado, pero es que ni tan siquiera lo había anunciado mínimamente sino que aparece por sorpresa y es posteriormente, a través de un desafortunadísimo flashback, cuando el espectador conoce de su existencia. Tarantino nos ha tendido una trampa que resta credibilidad al filme.



En segundo lugar, nos encontramos con el gran fallo que desmonta por completo la película. La banda de Daisy planea liberarla en una posta a la que esta llega por casualidad. Es decir, montan todo un plan con el asesinato de cinco o seis personas en un lugar en el que, en principio, la diligencia en la que viaja la condenada no suele pasar. Y llega Tarantino por si no nos hemos enterado y por dos veces a través de uno de los personajes afirma: “No solemos utilizar esta ruta pero nos hemos desviado por la tormenta”. ¡Ole tus narices, Quentin! Y sobre todo qué visión de futuro del grupo de forajidos que por la mañana, con un sol espléndido, intuyen la tormenta y el cambio de ruta de la diligencia. Aquí comienza mi gran duda ¿Estamos hablando de una película seria o Tarantino, contando con la respuesta entusiasta de su legión de admiradores, se está quedando con el espectador?



En tercer lugar el flashback. Desastre total. Es bastante improbable que una negra, recién acabada la Guerra de Secesión, fuera propietaria de una posta y pudiera tener el comportamiento que muestra en el filme; pero lo vamos a dejar pasar porque es Quentin Tarantino, el gran gurú. Ahora, lo que carece por completo de lógica interna es que una persona que no acepta ni a perros ni a mexicanos a los que profesa un odio visceral según ha comentado el mayor Marquis Warren, deje que Bob el mexicano se pasee como Perico por su casa antes de asesinarlos a todos. ¡Hombre Quentin aquí te has p’asao! O tiene fobia a los mexicanos y no los deja pasar a su establecimiento o no les tiene fobia.



Seguimos con inventos-errores y toca ahora hablar del hermano de Daisy, que se ha escondido en el sótano vaya usted a saber por qué, ya que eran, en principio, cuatro pistoleros contra un cazador de recompensas, ¿Son tan torpes que entre cuatro no pueden acabar con él o ha sido una trampa que nos ha colado Tarantino, como dije en el primer punto, para sorprendernos de forma artificiosa? A lo que iba. El pistolero agazapado dispara en sus partes nobles al mayor y este, lógicamente, cae. Pues el amigo, con sus santas narices, no le remata y tampoco se sabe el porqué. Claro, pasa lo que tiene que pasar que le vuelan la cabeza. Tarantino, a través de este personaje, demuestra, a pesar de su pasión por el spaghetti western, que no ha aprendido la lección de “El día de la ira”: Cuando dispares contra un hombre mátalo, si no antes o después te matará él a ti.



Y para no cansaros os dejo la última. ¿Alguien me puede explicar cómo dos hombres desangrándose, que apenas pueden sostener sus armas y menos moverse son capaces de ahorcar a una persona? Porque Tarantino, que precisamente no es amigo de la elipsis narrativa, elude la explicación.

En definitiva, una película tramposa y autocomplaciente de un director tan talentoso como egocéntrico y megalómano al que quizás, como al rey del cuento, se le debería decir que va desnudo; por lo menos en esta ocasión.

Por último comentaros, como anécdota, que el personaje interpretado por Samuel L. Jackson se apellida igual que un director y guionista de westerns televisivos y de serie B, Charles Marquis Warren, y siendo el filme de Tarantino no creo que sea casualidad.




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