Dirección: William A. Wellman
Guion: Charles Schnee
Reparto:
- Robert Taylor (Buck Wyatt)
- Denise Darcell (Fifi Danon)
- Hope Emerson (Patience Hawley)
- John McIntire (Roy E. Whitman)
- Julie Bishop (Laurie Smith)
- Lenore Lonergan (Maggie O’Malley)
- Henry Nakamura (Ito Kentaro)
- Marilyn Erskine (Jean Johnson)
- Renata Vanni (Mrs. Moroni)
Música: Jeff Alexander
Productora: Metro Goldwin Mayer
Por Jesús Cendón. NOTA: 9
“Sólo hay dos cosas que me dan miedo en este mundo, y las mujeres es una de ellas”. Buck Wyat a Roy Whitman.
Aunque habitualmente la mujer en el wéstern ha sido relegada a un papel secundario como sostén de la trama amorosa y con escasa o nula incidencia en el argumento principal del filme, no han sido raros los personajes femeninos que han supuesto una excepción a esta regla al adquirir el protagonismo o convertirse en un personaje clave de la película. Cabe citar a título de ejemplos a Connie (Veronica Lake), una auténtica femme fatale capaz de manejar a su antojo a los hombres para conseguir sus objetivos en “La mujer de fuego” (Andre de Toth, 1947); Vance (Barbara Stanwyck) en “Las Furias” (Anthony Mann, 1950) hija de un importante ganadero con complejo de Electra que urdirá vengarse de su padre; Altar Kane (Marlene Dietrich), propietaria de un refugio para pistoleros en “Encubridora” (Fritz Lang, 1952); Vienna (Joan Crawford) en “Johnny Guitar” (Nicholas Ray, 1954) western con los hombres relegados a un segundo plano y un enfrentamiento final revólver en mano entre las dos rivales; Martha (de nuevo Barbara Stanwyck) quien movía en la sombra los hilos que precipitaban el drama en “Hombres violentos” (Rudolph Maté, 1955); Leslie (Elizabeth Taylor) en el neowéstern “Gigante” (George Stevens, 1956), mujer de gran personalidad y fuertes convicciones que se enfrentará a un entorno hostil, clasista, machista y xenófobo e irá transformando ese mundo poco a poco gracias a su determinación; Jessica Drumond (la recurrente Barbara Stanwyck), una despótica terrateniente en “40 pistolas” (Sam Fuller, 1957); Julia Maragon (Jean Simmons) elemento fundamental en la trama ya que su propiedad era codiciada por las dos familias rivales en “Horizontes de grandeza” (William Wyler, 1958); o, por citar algún eurowéstern, “Antes llega la muerte” (Joaquín Luis Romero Marchent, 1964) en el que el personaje interpretado por Gloria Milland era el catalizador de la historia y “Hannie Caulder”, película fetiche de nuestro compañero Ron B. Sobbert dirigida en 1971 por Burt Kennedy en la que Raquel Welch consumaba su venganza acabando con tres forajidos.
Incluso los aficionados al género recordamos wésterns de serie b en los que varias actrices interpretaron, como protagonistas, a personajes famosos de la época, generalmente fuera de la ley. Así, por ejemplo, vimos a Barbara Stanwyck como Annie Oakley (George Stevens, 1935), la experta tiradora contratada por Buffalo Bill; a Gene Tierney dando vida a Belle Starr (Irving Cummings, 1941), personaje repetido por Jane Russell en “La bella de Montana” (Allan Dwan, 1952); a Yvonne De Carlo encarnando a Calamity Jane en “La verdadera historia de Calamity Jane” (George Sherman, 1949) o, una vez más, a Barbara Stanwyck en el rol de Kit Bannion, propietaria de un saloon y relacionada con los famosos forajidos Butch Cassidy y Sundance Kidd en “Los indomables” (Joseph Kane, 1956).
Más escasos fueron los wésterns que abordaron la situación de la mujer como colectivo y su papel en la construcción de los EEUU, destacando “El secreto de Convict Lake” (Michael Gordon, 1951), en el que un pueblo aislado en las montañas y habitado de manera temporal únicamente por mujeres era tomado por unos presidiarios evadidos; “Brigada de mujeres” (George Marshall, 1957) con un grupo de féminas que, en plena Guerra de Secesión, defendían una misión del ataque de los indios o la película objeto de esta reseña; un hermosísimo, necesario y sentido homenaje a todas aquellas mujeres que con sangre, sudor y lágrimas contribuyeron decisivamente a la conquista del Oeste (1).
SINOPSIS: El terrateniente Roy Whitman contrata al experto guía Buck Wyatt para que conduzca una caravana compuesta por ciento cincuenta mujeres desde Chicago a California, donde les esperan colonos que desean formar una familia. Un viaje peligroso de más de 5.000 kilometros en el que se deberán enfrentar a un territorio hostil.
Concebida por Frank Capra con el título de “Pioner Women”; su historia, basada en un hecho real (2), fue rechazada alternativamente por la Columbia y la Paramount debido a su alto coste, ya que el director de origen siciliano pretendía rodarla en color y con Gary Cooper como protagonista.
El proyecto fue retomado por William A. Wellman, gran amigo de Capra, quien convenció a Dore Schary, nombrado recientemente presidente de la todopoderosa Metro Goldwyn Mayer en sustitución de Louis B. Mayer, para que financiase la película.
Entusiasmado por la originalidad de la historia y el mensaje subyacente, Schary se implicó directamente en la producción (3) en un momento en el que pretendía que la major, sin abandonar su zona de confort (filmes básicamente de aventuras y musicales), produjese películas más arriesgadas y socialmente comprometidas. Además, en su decisión también tuvo gran importancia su confianza en Wellman, un excelente profesional caracterizado no sólo por cumplir con las obligaciones contraídas en relación con el rodaje de las películas (duración, presupuesto, etcétera) sino por su querencia por los proyectos arriesgados (4).
Schary confió la elaboración del guion a Charles Scheene de cuya pluma habían nacido los libretos de las excelentes “Río Rojo” (Howard Hawks, 1948), con la que este wéstern comparte el tema de la marcha de los protagonistas a través de un territorio peligroso, y, la ya citada, “Las Furias”, en la que igualmente el peso principal recaía en un personaje femenino.
Por su parte Wellman quiso dotar a la película del mayor realismo y crudeza posibles. Por lo que decidió rodar en B/N, abaratando además el coste de la misma; ordenó al magnífico operador William C. Mellor, con el que había colaborado ese mismo año en “Más allá del Missouri”, utilizar los filtros para para dar un aspecto neblinoso a las imágenes; filmó la mayor parte del largometraje en escenarios naturales como Kanab en Utah y el Desierto de Mohave y el Valle de la Muerte en California, endureciendo las condiciones del rodaje con el objeto de emular la situación vivida por las heroínas de la cinta; tuvo muy en cuenta tanto el espíritu de cintas precedentes que abordaron este tema (“La gran jornada” dirigida por Raoul Walsh en 1930, la primera parte de “California” rodada por John Farrow en 1947 o “Caravana de paz” filmada en 1950 por John Ford -5-), como determinados movimientos cinematográficos europeos, sobre todo el neorrealismo italiano, con homenaje incluido a “Arroz amargo” (Giuseppe de Santis, 1949), y el realismo socialista soviético, pudiéndose rastrear la huella en determinados planos y secuencias del wéstern de directores como Serguéi Eisenstein; y decidió suprimir la banda sonora, de tal manera que el himno To the West! To the West! tan sólo se escucha con los títulos de crédito iniciales y finales.
Como protagonista se escogió a Robert Taylor que, en plena madurez y tras haber protagonizado la superproducción de gran éxito “Quo Vadis” (Mervyn LeRoy, 1951), pretendía dar un giro a su carrera abandonando definitivamente su imagen de galán romántico.
El filme muestra una estructura clásica con una extensa presentación o prólogo, un nudo o parte central en el que se narra la odisea vivida por las mujeres y el desenlace o epílogo alejado del tono dramático de la película.
a) El prólogo se desarrolla en dos escenarios diferentes, California como lugar de destino y Chicago como punto de partida, y en él aparecen planteadas las cuestiones temáticas principales de la película:
- La visión del Oeste como tierra de promisión, un lugar en el que poder desarrollar una nueva vida; entroncando, de esta forma, con un tema fundamental en la cultura estadounidense: el derecho de todo ser humano a disfrutar de una segunda oportunidad. Pero el mencionado derecho no se regala sino que tiene que ganarse y la mujeres protagonistas de esta película demostrarán con su esfuerzo, sacrificio y determinación que son merecedoras de esa nueva vida soñada.
- La mujer no sólo como pilar fundamental de la familia sino como elemento básico en el asentamiento de las civilizaciones en un territorio. Así se lo expresará Roy a Buck al definirlas como “las raíces que mantienen vivos los territorios”.
- Los EEUU como mixtura de nacionalidades, credos y razas al aparecer en la película personajes franceses, italianos e, incluso, orientales.
Además, como suele ser habitual, en este tramo Wellman nos presenta a los personajes más destacados del drama.
El guía de caravanas Buck Wyatt, un hombre duro, intransigente, implacable y misógino que mostrará a lo largo del filme su desprecio hacia las mujeres a las que trata de forma displicente y llega a considerar como ganado; de hecho en el inicio le comentará a Roy “Será mejor que traigas ciento cincuenta mujeres. Si tenemos suerte sólo perderemos una de cada tres”. No dudará en expulsar de la caravana a un cowboy por haber intentado mantener relaciones con una de las pioneras y de ajusticiar a otro sin darle la oportunidad de desenfundar el revólver por haber forzado a otra. El trayecto será para él no sólo un viaje físico sino también emocional. Así, a medida que el grupo de mujeres demuestre su valía, su fuerza de voluntad y su enorme arrojo abandonará sus prejuicios y comenzará a mostrar orgullo, respeto y admiración por ellas. Está interpretado, como ya he señalado, por Robert Taylor quien lleva a cabo un gran trabajo en uno de los papeles más oscuros y desagradables de su dilatada carrera.
Denise Darcel (6), que ya había colaborado con Wellman en “Fuego en la nieve” (1949), es Fifi Danon, una “corista” de origen francés en busca de su redención. Muestra una personalidad indómita y escogerá a Buck desde el primer momento como su futura pareja lo que provocará una tensión constante entre ellos al resistirse el guía a aceptar sus sentimientos, por lo que la tratará con mayor dureza que a las demás e, incluso, llegará a golpearla con un látigo y a pegarle una bofetada.
Hope Emerson (7) da vida a una inolvidable Patience Hawley; una marinera de tierra adentro maltratada por la vida al haberle arrebatado el mar a su marido y a sus tres hijos, pero tan dura como las montañas y los desiertos que tendrá que atravesar. Persona de gran fortaleza física y mental, su actuación será decisiva en los momentos más delicados.
Roy E. Whitman, encarnado por el siempre fiable John McIntire, un ganadero que se preocupa por sus empleados y sabe que su sueño de crear un valle prospero pasa por atraer a mujeres al mismo.
Ito, un pequeño pero aguerrido japonés protagonista de las escenas cómicas, aunque también, al ser un hombre reflexivo, se convertirá en la conciencia de Buck (“Cuando equivocarte , yo decirlo aunque no te guste”, le advertirá al guía en un momento determinado).
Rose Meyer, una joven soltera y embarazada quien ha decidido alejarse del hogar familiar para evitar a sus padres la humillación y el oprobio derivados de su “pecado”.
La italiana Renata Vanni, viuda y con un hijo, símbolo del amor materno. Padecerá, además de las dificultades del viaje, su personal calvario al perder a quien más quiere en un accidente estúpido.
Maggie y Jean, las únicas tiradoras del grupo, que mantendrán una creciente rivalidad a lo largo del trayecto.
b) La parte central, y más larga, narra el penoso y peligroso viaje por un territorio desconocido y hostil. Wellman, como en otros títulos de su filmografía, nos presenta una naturaleza adversa convertida en un elemento dramático fundamental en el desarrollo del filme.
Pero el grupo de pioneras no sólo tendrá que atravesar las Montañas Rocosas, el Gran Lago Salado e infernales desiertos sino que también se enfrentará a los pieles rojas, a inclemencias imprevistas y a ellas mismas.
Y sabrán superar todas las pruebas gracias a su capacidad de aprendizaje (al comienzo tan sólo cuatro mujeres saben conducir carros), su tesón, su coraje y su voluntad. Incluso lograrán sobreponerse a dos momentos críticos que hacen dudar al propio Buck de la viabilidad de la empresa: el abandono de los cowboys que debían escoltarlas y el gran número de bajas sufrido tras el ataque indio.
Frente a la actitud de las mujeres, durante el viaje, el rígido y despótico guía mostrará sus debilidades cometiendo dos errores gravísimos: estar alejado de la caravana durante el ataque de los pieles rojas al encontrarse persiguiendo, llevado por su ira, a Fifi por lo que no podrá ocuparse de la defensa; y estar borracho durante una inundación que se cobra la vida de otra pionera. Fallos de mayor trascendencia que los cometidos por las inexpertas pioneras en toda la película.
Este tramo nos ofrece grandes escenas. Aquella en la que los carros atraviesan las montañas mediante poleas y cuerdas sufriendo un accidente mortal otra de las mujeres, con una labor de dirección y montaje prodigiosa; la de las pioneras cruzando un inclemente desierto mientras Rose da a luz un bebe que ayudará a Renata a reconciliarse con la vida, escena en la que el espectador, gracias de nuevo al enorme trabajo de Wellman, puede sentir el calor, el polvo y la fatiga de las futuras colonas; la persecución a caballo de Buck a Fifi rodada a base de panorámicas mientras que sólo escuchamos el ruido de los cascos de los equinos; o el ataque indio en off. Pero, sin duda, la secuencia que permanece imborrable en la memoria por su dramatismo y emotividad es la posterior al ataque de los pieles rojas con las mujeres nombrando una a una a las compañeras muertas mientras vemos sus cuerpos inertes. Sólo por esta escena creo que la cinta merece estar considerada entre las mejores de este género.
c) Por último, el epílogo, en donde más se aprecia el cine de corte humanista propio de Frank Capra; así como su sentido del humor.
Tras el tortuoso y largo viaje, en el que la muerte ha sido omnipresente, las futuras colonas han llegado a su destino y han sabido conquistar su futuro superando los innumerables obstáculos del trayecto.
Pero antes de encontrarse con sus parejas recuperan su feminidad y coquetería exigiendo a un satisfecho y orgulloso Buck que les proporcione ropa con la que estar presentables. Una vez arregladas acuden al pueblo donde les esperan los hombres.
Y serán ellas, porque se lo han ganado con creces, quienes elegirán a sus maridos para compartir una nueva vida en la tierra prometida.
(1) A todos los que queráis profundizar en el tema de la mujer en los filmes del Oeste os recomiendo el estupendo capítulo escrito por nuestro compañero Sintu Amat en el imprescindible “Grandes temas del wéstern” (Dolmen editorial).
(2) Capra escribió un primer boceto del guion basándose en el periplo realizado en el siglo XIX por varias mujeres sudamericanas a un pueblo minero habitado solamente por hombres.
(3) Gracias a Dore Schary la Metro rodó en la década de los cincuenta cuatro de sus wésterns más insólitos y de mensaje progresista: “Medalla roja al valor” (John Huston, 1951) basada en la novela de Stephen Crane, “Caravana de mujeres”, “Conspiración de silencio” (John Sturges, 1955), incisiva crítica a la situación vivida por los EEUU con la caza de brujas y, por extensión, a todo tipo de totalitarismo y “La última caza” (Richard Brooks, 1956), también protagonizada por Robert Taylor, con una mirada nada complaciente hacia la conquista del Oeste y en la que mostraba al hombre blanco como un depredador sin escrúpulos.
(4) Wellman había rodado ese mismo año, también para la Metro Goldwyn Mayer, “Más allá del Missouri”, wéstern de tintes ecológicos sobre los mountain men y unos años antes nos había deleitado con dos wésterns tan conseguidos como originales: “Incidente en Ox-Bow” (1942) y “Cielo amarillo” (1948).
(5) No sé si Wellman pretendió homenajear a John Ford o simplemente le gustó la idea, pero al comienzo del filme hay una secuencia con Robert Taylor y John McIntire conversando agachados muy similar a otra protagonizada por Ben Johnson en “Caravana de paz”.
(6) De carrera efímera, Denis Darcel también encarnó a la ambiciosa y traicionera condesa Marie Duvarre en “Veracruz” (Robert Aldrich, 1954)
(7) Hope Emerson interpretó un papel muy parecido en la anteriormente citada “Brigada de mujeres”.