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jueves, 3 de abril de 2025

CARAVANA DE MUJERES

 

(Westward the women, 1951)

Dirección: William A. Wellman
Guion: Charles Schnee

Reparto:
- Robert Taylor (Buck Wyatt)
- Denise Darcell (Fifi Danon)
- Hope Emerson (Patience Hawley)
- John McIntire (Roy E. Whitman)
- Julie Bishop (Laurie Smith)
- Lenore Lonergan (Maggie O’Malley)
- Henry Nakamura (Ito Kentaro)
- Marilyn Erskine (Jean Johnson)
- Renata Vanni (Mrs. Moroni)

Música: Jeff Alexander
Productora: Metro Goldwin Mayer

Por Jesús Cendón. NOTA: 9

“Sólo hay dos cosas que me dan miedo en este mundo, y las mujeres es una de ellas”. Buck Wyat a Roy Whitman.


Aunque habitualmente la mujer en el wéstern ha sido relegada a un papel secundario como sostén de la trama amorosa y con escasa o nula incidencia en el argumento principal del filme, no han sido raros los personajes femeninos que han supuesto una excepción a esta regla al adquirir el protagonismo o convertirse en un personaje clave de la película. Cabe citar a título de ejemplos a Connie (Veronica Lake), una auténtica femme fatale capaz de manejar a su antojo a los hombres para conseguir sus objetivos en “La mujer de fuego” (Andre de Toth, 1947); Vance (Barbara Stanwyck) en “Las Furias” (Anthony Mann, 1950) hija de un importante ganadero con complejo de Electra que urdirá vengarse de su padre; Altar Kane (Marlene Dietrich), propietaria de un refugio para pistoleros en “Encubridora” (Fritz Lang, 1952); Vienna (Joan Crawford) en “Johnny Guitar” (Nicholas Ray, 1954) western con los hombres relegados a un segundo plano y un enfrentamiento final revólver en mano entre las dos rivales; Martha (de nuevo Barbara Stanwyck) quien movía en la sombra los hilos que precipitaban el drama en “Hombres violentos” (Rudolph Maté, 1955); Leslie (Elizabeth Taylor) en el neowéstern “Gigante” (George Stevens, 1956), mujer de gran personalidad y fuertes convicciones que se enfrentará a un entorno hostil, clasista, machista y xenófobo e irá transformando ese mundo poco a poco gracias a su determinación; Jessica Drumond (la recurrente Barbara Stanwyck), una despótica terrateniente en “40 pistolas” (Sam Fuller, 1957); Julia Maragon (Jean Simmons) elemento fundamental en la trama ya que su propiedad era codiciada por las dos familias rivales en “Horizontes de grandeza” (William Wyler, 1958); o, por citar algún eurowéstern, “Antes llega la muerte” (Joaquín Luis Romero Marchent, 1964) en el que el personaje interpretado por Gloria Milland era el catalizador de la historia y “Hannie Caulder”, película fetiche de nuestro compañero Ron B. Sobbert dirigida en 1971 por Burt Kennedy en la que Raquel Welch consumaba su venganza acabando con tres forajidos.

Incluso los aficionados al género recordamos wésterns de serie b en los que varias actrices interpretaron, como protagonistas, a personajes famosos de la época, generalmente fuera de la ley. Así, por ejemplo, vimos a Barbara Stanwyck como Annie Oakley (George Stevens, 1935), la experta tiradora contratada por Buffalo Bill; a Gene Tierney dando vida a Belle Starr (Irving Cummings, 1941), personaje repetido por Jane Russell en “La bella de Montana” (Allan Dwan, 1952); a Yvonne De Carlo encarnando a Calamity Jane en “La verdadera historia de Calamity Jane” (George Sherman, 1949) o, una vez más, a Barbara Stanwyck en el rol de Kit Bannion, propietaria de un saloon y relacionada con los famosos forajidos Butch Cassidy y Sundance Kidd en “Los indomables” (Joseph Kane, 1956).



Más escasos fueron los wésterns que abordaron la situación de la mujer como colectivo y su papel en la construcción de los EEUU, destacando “El secreto de Convict Lake” (Michael Gordon, 1951), en el que un pueblo aislado en las montañas y habitado de manera temporal únicamente por mujeres era tomado por unos presidiarios evadidos; “Brigada de mujeres” (George Marshall, 1957) con un grupo de féminas que, en plena Guerra de Secesión, defendían una misión del ataque de los indios o la película objeto de esta reseña; un hermosísimo, necesario y sentido homenaje a todas aquellas mujeres que con sangre, sudor y lágrimas contribuyeron decisivamente a la conquista del Oeste (1).


SINOPSIS: El terrateniente Roy Whitman contrata al experto guía Buck Wyatt para que conduzca una caravana compuesta por ciento cincuenta mujeres desde Chicago a California, donde les esperan colonos que desean formar una familia. Un viaje peligroso de más de 5.000 kilometros en el que se deberán enfrentar a un territorio hostil. 


Concebida por Frank Capra con el título de “Pioner Women”; su historia, basada en un hecho real (2), fue rechazada alternativamente por la Columbia y la Paramount debido a su alto coste, ya que el director de origen siciliano pretendía rodarla en color y con Gary Cooper como protagonista.


El proyecto fue retomado por William A. Wellman, gran amigo de Capra, quien convenció a Dore Schary, nombrado recientemente presidente de la todopoderosa Metro Goldwyn Mayer en sustitución de Louis B. Mayer, para que financiase la película. 

Entusiasmado por la originalidad de la historia y el mensaje subyacente, Schary se implicó directamente en la producción (3) en un momento en el que pretendía que la major, sin abandonar su zona de confort (filmes básicamente de aventuras y musicales), produjese películas más arriesgadas y socialmente comprometidas. Además, en su decisión también tuvo gran importancia su confianza en Wellman, un excelente profesional caracterizado no sólo por cumplir con las obligaciones contraídas en relación con el rodaje de las películas (duración, presupuesto, etcétera) sino por su querencia por los proyectos arriesgados (4).

Schary confió la elaboración del guion a Charles Scheene de cuya pluma habían nacido los libretos de las excelentes “Río Rojo” (Howard Hawks, 1948), con la que este wéstern comparte el tema de la marcha de los protagonistas a través de un territorio peligroso, y, la ya citada, “Las Furias”, en la que igualmente el peso principal recaía en un personaje femenino. 


Por su parte Wellman quiso dotar a la película del mayor realismo y crudeza posibles. Por lo que decidió rodar en B/N, abaratando además el coste de la misma; ordenó al magnífico operador William C. Mellor, con el que había colaborado ese mismo año en “Más allá del Missouri”, utilizar los filtros para para dar un aspecto neblinoso a las imágenes; filmó la mayor parte del largometraje en escenarios naturales como Kanab en Utah y el Desierto de Mohave y el Valle de la Muerte en California, endureciendo las condiciones del rodaje con el objeto de emular la situación vivida por las heroínas de la cinta; tuvo muy en cuenta tanto el espíritu de cintas precedentes que abordaron este tema (“La gran jornada” dirigida por Raoul Walsh en 1930, la primera parte de “California” rodada por John Farrow en 1947 o “Caravana de paz” filmada en 1950 por John Ford -5-), como determinados movimientos cinematográficos europeos, sobre todo el neorrealismo italiano, con homenaje incluido a “Arroz amargo” (Giuseppe de Santis, 1949), y el realismo socialista soviético, pudiéndose rastrear la huella en determinados planos y secuencias del wéstern de directores como Serguéi Eisenstein; y decidió suprimir la banda sonora, de tal manera que el himno To the West! To the West! tan sólo se escucha con los títulos de crédito iniciales y finales.


Como protagonista se escogió a Robert Taylor que, en plena madurez y tras haber protagonizado la superproducción de gran éxito “Quo Vadis” (Mervyn LeRoy, 1951), pretendía dar un giro a su carrera abandonando definitivamente su imagen de galán romántico.

El filme muestra una estructura clásica con una extensa presentación o prólogo, un nudo o parte central en el que se narra la odisea vivida por las mujeres y el desenlace o epílogo alejado del tono dramático de la película.


a) El prólogo se desarrolla en dos escenarios diferentes, California como lugar de destino y Chicago como punto de partida, y en él aparecen planteadas las cuestiones temáticas principales de la película:

- La visión del Oeste como tierra de promisión, un lugar en el que poder desarrollar una nueva vida; entroncando, de esta forma, con un tema fundamental en la cultura estadounidense: el derecho de todo ser humano a disfrutar de una segunda oportunidad. Pero el mencionado derecho no se regala sino que tiene que ganarse y la mujeres protagonistas de esta película demostrarán con su esfuerzo, sacrificio y determinación que son merecedoras de esa nueva vida soñada.
- La mujer no sólo como pilar fundamental de la familia sino como elemento básico en el asentamiento de las civilizaciones en un territorio. Así se lo expresará Roy a Buck al definirlas como “las raíces que mantienen vivos los territorios”.
- Los EEUU como mixtura de nacionalidades, credos y razas al aparecer en la película personajes franceses, italianos e, incluso, orientales.
Además, como suele ser habitual, en este tramo Wellman nos presenta a los personajes más destacados del drama. 


El guía de caravanas Buck Wyatt, un hombre duro, intransigente, implacable y misógino que mostrará a lo largo del filme su desprecio hacia las mujeres a las que trata de forma displicente y llega a considerar como ganado; de hecho en el inicio le comentará a Roy “Será mejor que traigas ciento cincuenta mujeres. Si tenemos suerte sólo perderemos una de cada tres”. No dudará en expulsar de la caravana a un cowboy por haber intentado mantener relaciones con una de las pioneras y de ajusticiar a otro sin darle la oportunidad de desenfundar el revólver por haber forzado a otra. El trayecto será para él no sólo un viaje físico sino también emocional. Así, a medida que el grupo de mujeres demuestre su valía, su fuerza de voluntad y su enorme arrojo abandonará sus prejuicios y comenzará a mostrar orgullo, respeto y admiración por ellas. Está interpretado, como ya he señalado, por Robert Taylor quien lleva a cabo un gran trabajo en uno de los papeles más oscuros y desagradables de su dilatada carrera.


Denise Darcel (6), que ya había colaborado con Wellman en “Fuego en la nieve” (1949), es Fifi Danon, una “corista” de origen francés en busca de su redención. Muestra una personalidad indómita y escogerá a Buck desde el primer momento como su futura pareja lo que provocará una tensión constante entre ellos al resistirse el guía a aceptar sus sentimientos, por lo que la tratará con mayor dureza que a las demás e, incluso, llegará a golpearla con un látigo y a pegarle una bofetada.


Hope Emerson (7) da vida a una inolvidable Patience Hawley; una marinera de tierra adentro maltratada por la vida al haberle arrebatado el mar a su marido y a sus tres hijos, pero tan dura como las montañas y los desiertos que tendrá que atravesar. Persona de gran fortaleza física y mental, su actuación será decisiva en los momentos más delicados. 


Roy E. Whitman, encarnado por el siempre fiable John McIntire, un ganadero que se preocupa por sus empleados y sabe que su sueño de crear un valle prospero pasa por atraer a mujeres al mismo.


Ito, un pequeño pero aguerrido japonés protagonista de las escenas cómicas, aunque también, al ser un hombre reflexivo, se convertirá en la conciencia de Buck (“Cuando equivocarte , yo decirlo aunque no te guste”, le advertirá al guía en un momento determinado).


Rose Meyer, una joven soltera y embarazada quien ha decidido alejarse del hogar familiar para evitar a sus padres la humillación y el oprobio derivados de su “pecado”.


La italiana Renata Vanni, viuda y con un hijo, símbolo del amor materno. Padecerá, además de las dificultades del viaje, su personal calvario al perder a quien más quiere en un accidente estúpido.


Maggie y Jean, las únicas tiradoras del grupo, que mantendrán una creciente rivalidad a lo largo del trayecto.

b) La parte central, y más larga, narra el penoso y peligroso viaje por un territorio desconocido y hostil. Wellman, como en otros títulos de su filmografía, nos presenta una naturaleza adversa convertida en un elemento dramático fundamental en el desarrollo del filme. 

Pero el grupo de pioneras no sólo tendrá que atravesar las Montañas Rocosas, el Gran Lago Salado e infernales desiertos sino que también se enfrentará a los pieles rojas, a inclemencias imprevistas y a ellas mismas.


Y sabrán superar todas las pruebas gracias a su capacidad de aprendizaje (al comienzo tan sólo cuatro mujeres saben conducir carros), su tesón, su coraje y su voluntad. Incluso lograrán sobreponerse a dos momentos críticos que hacen dudar al propio Buck de la viabilidad de la empresa: el abandono de los cowboys que debían escoltarlas y el gran número de bajas sufrido tras el ataque indio.


Frente a la actitud de las mujeres, durante el viaje, el rígido y despótico guía mostrará sus debilidades cometiendo dos errores gravísimos: estar alejado de la caravana durante el ataque de los pieles rojas al encontrarse persiguiendo, llevado por su ira, a Fifi por lo que no podrá ocuparse de la defensa; y estar borracho durante una inundación que se cobra la vida de otra pionera. Fallos de mayor trascendencia que los cometidos por las inexpertas pioneras en toda la película. 


Este tramo nos ofrece grandes escenas. Aquella en la que los carros atraviesan las montañas mediante poleas y cuerdas sufriendo un accidente mortal otra de las mujeres, con una labor de dirección y montaje prodigiosa; la de las pioneras cruzando un inclemente desierto mientras Rose da a luz un bebe que ayudará a Renata a reconciliarse con la vida, escena en la que el espectador, gracias de nuevo al enorme trabajo de Wellman, puede sentir el calor, el polvo y la fatiga de las futuras colonas; la persecución a caballo de Buck a Fifi rodada a base de panorámicas mientras que sólo escuchamos el ruido de los cascos de los equinos; o el ataque indio en off. Pero, sin duda, la secuencia que permanece imborrable en la memoria por su dramatismo y emotividad es la posterior al ataque de los pieles rojas con las mujeres nombrando una a una a las compañeras muertas mientras vemos sus cuerpos inertes. Sólo por esta escena creo que la cinta merece estar considerada entre las mejores de este género.


c) Por último, el epílogo, en donde más se aprecia el cine de corte humanista propio de Frank Capra; así como su sentido del humor.


Tras el tortuoso y largo viaje, en el que la muerte ha sido omnipresente, las futuras colonas han llegado a su destino y han sabido conquistar su futuro superando los innumerables obstáculos del trayecto.


Pero antes de encontrarse con sus parejas recuperan su feminidad y coquetería exigiendo a un satisfecho y orgulloso Buck que les proporcione ropa con la que estar presentables. Una vez arregladas acuden al pueblo donde les esperan los hombres.


 Y serán ellas, porque se lo han ganado con creces, quienes elegirán a sus maridos para compartir una nueva vida en la tierra prometida.



(1) A todos los que queráis profundizar en el tema de la mujer en los filmes del Oeste os recomiendo el estupendo capítulo escrito por nuestro compañero Sintu Amat en el imprescindible “Grandes temas del wéstern” (Dolmen editorial).

(2) Capra escribió un primer boceto del guion basándose en el periplo realizado en el siglo XIX por varias mujeres sudamericanas a un pueblo minero habitado solamente por hombres. 

(3) Gracias a Dore Schary la Metro rodó en la década de los cincuenta cuatro de sus wésterns más insólitos y de mensaje progresista: “Medalla roja al valor” (John Huston, 1951) basada en la novela de Stephen Crane, “Caravana de mujeres”, “Conspiración de silencio” (John Sturges, 1955), incisiva crítica a la situación vivida por los EEUU con la caza de brujas y, por extensión, a todo tipo de totalitarismo y “La última caza” (Richard Brooks, 1956), también protagonizada por Robert Taylor, con una mirada nada complaciente hacia la conquista del Oeste y en la que mostraba al hombre blanco como un depredador sin escrúpulos.

(4) Wellman había rodado ese mismo año, también para la Metro Goldwyn Mayer, “Más allá del Missouri”, wéstern de tintes ecológicos sobre los mountain men y unos años antes nos había deleitado con dos wésterns tan conseguidos como originales: “Incidente en Ox-Bow” (1942) y “Cielo amarillo” (1948).

(5) No sé si Wellman pretendió homenajear a John Ford o simplemente le gustó la idea, pero al comienzo del filme hay una secuencia con Robert Taylor y John McIntire conversando agachados muy similar a otra protagonizada por Ben Johnson en “Caravana de paz”.

(6) De carrera efímera, Denis Darcel también encarnó a la ambiciosa y traicionera condesa Marie Duvarre en “Veracruz” (Robert Aldrich, 1954)

(7) Hope Emerson interpretó un papel muy parecido en la anteriormente citada “Brigada de mujeres”.


jueves, 27 de marzo de 2025

HUD, EL MÁS SALVAJE ENTRE MIL

Hud, 1963)

Dirección: Martin Ritt
Guion: Irving Ravetch y Harriet Frank Jr

Reparto:
- Paul Newman (Hud Bannon)
- Melvyn Douglas (Homer Bannon)
- Patricia Neal (Alma Brown)
- Brandon De Wilde (Lonnie Bannon)
- Whit Bissell (Mr. Burris)
- Crahan Denton (Jesse)
- John Ashley (Hermy)
- Val Avery (Jose)

Música: Elmer Bernstein
Productora: Salem-Dover Productions, Paramount Pictures

Por Jesús Cendón. NOTA: 8

Si hay petróleo aquí abajo que lo exploten cuando yo esté enterrado. No me gusta y no pienso explotarlo(Hommer Bannon a su hijo Hud)


En la década de los cincuenta la introducción de la televisión en los hogares estadounidenses la convirtió en un serio rival del cine. Las grandes productoras reaccionaron experiementando con nuevos formatos para dotar de mayor espectacularidad a sus producciones, al mismo tiempo que rechazaron la oferta de los distintos canales televisivos consistente en la compra de sus catálogos de películas (1). Esta negativa originó la reacción de las emisoras de televisión con la realización de sus propias producciones que fueron filmadas por un grupo de jóvenes directores de gran talento.


Dados el éxito y la popularidad obtenidos con sus productos televisivos, las compañías cinematográficas se fijaron muy pronto en sus realizadores y no tardaron en ofrecerles dirigir largometrajes. Nace de esta forma, al incorporarse a la gran pantalla, la denominada “Generación de la televisión”(2) compuesta por un grupo de artistas ideológicamente identificados con la izquierda liberal que junto con el denominado “New American Cinema” (3),transformaron la industria del cine a través de una serie de películas (generalmente en blanco y negro y con un formato estándar) caracterizadas por su ajustado presupuesto y su presteza en el rodaje, heredados de la forma de trabajar en la televisión, y en las que abordaron una temática más realista y cercana a la realidad social estadounidense de la década de los cincuenta, con personajes fácilmente identificables para el norteamericano medio. Además de ser, generalmente, producciones independientes, aunque distribuidas por las grandes productoras, a través de las cuales sus directores comenzaron a reivindicar su carácter de autores. Por ello  la “Generación de la televisión”, se puede considerar como una generación precursora a la de la década de 1970 (Spilberg, Coppola, Martin Scorsese, Cimino) en la que los directores se convirtieron en los verdaderos dueños de sus filmes, por lo menos hasta el desastre originado por “La puerta del cielo” (1980) tras el cual los productores retomaron el control sobre las películas.


Martin Ritt fue uno de los miembros más destacados de la mencionada generación (4), formando un tándem artístico de gran éxito con Paul Newman al rodar juntos seis películas entre 1958 y 1967, tres de ellas wésterns: “Cuatro confesiones” (1964), adaptación al Far-West de “Rashomon” (Akira Kurosawa, 1950), quizás su colaboración menos lograda con un Paul Newman encarnando de forma poco convincente a un bandido mexicano; Un hombre” (1967) excelente wéstern proindio, ya reseñado en este blog, basado en una novela corta del gran especialista Elmore Leonard; y “Hud, el más salvaje entre mil”, un wéstern contemporáneo objeto de esta reseña.


SINOPSIS: Los Bannon son una familia de rancheros. La tensión entre sus miembros, larvada durante años, estallará tras ver como todo su ganado debe ser sacrificado.


“Hud” es la adaptación al celuloide de “Horsemen, pass by” (título más apropiado al contenido del libro), primera novela escrita por Larry McMurtry, uno de los grandes cronistas del sur de los EEUU durante la segunda mitad del siglo XX y ganador del Pulitzer (5), adaptada a la gran pantalla por la pareja cinematográfica y sentimental compuesta por Harriet Frank Jr. e Irving Ravetch, habituales colaboradores de Martin Ritt y grandes especialistas en relatos ambientados en el sur (6).


La primera imagen de la película constituye toda una declaración de intenciones por parte de Martin Ritt al mostrarnos las grandes extensiones típicas del Farwest pero mortalmente heridas al estar atravesadas por carreteras, cicatrices de asfalto símbolo del deterioro de la naturaleza, por las que circulan caravanas a motor transportando caballos, animales que han sido sustituidos por estos vehículos como medio de locomoción; todo ello mientras escuchamos el evocador y minimalista tema compuesto por Elmer Bernstein.


A continuación, para reforzar esta idea, Ritt nos muestra la pequeña ciudad situada en medio de ninguna parte, clara reminiscencia de los antiguos poblados de los colonizadores, con su calle principal donde se encuentran los edificios más importantes así como las tabernas, antiguos saloons, o la general store. Finalmente enfoca un cartel anunciando la celebración del rodeo, último reducto de los antiguos cowboys que ha convertido el trabajo de éstos en un mero espectáculo. 


Con este inicio el director nos plantea uno de los temas fundamentales del filme: el profundo cambio vivido por la sociedad rural estadounidense durante la primera mitad del siglo XX; y, con ello, el fin de una época y el de los hombres y mujeres que la protagonizaron.


Tras este excelente inicio la película se centra en el protagonista cuyo carácter queda perfectamente definido con tan sólo dos escenas: aquella en la que el barman recoge los destrozos causados por Hud en una noche de juerga y, posteriormente, otra en la que sale de una vivienda tras haber mantenido relaciones sexuales con una mujer casada, no dudando en atribuirle a su sobrino el romance con el objeto de evitar la ira del marido.


Así Hud se nos presenta como un individuo pendenciero, carente de moral, fullero y tramposo que no respeta nada ni a nadie. Un ser egoísta sin la menor empatía cuyo único objeto en la vida es satisfacer sus instintos y cuyo vacio existencial pretende llenar con noches de violencia, sexo y alcohol. Sin duda, uno de los personajes más desagradables en la filmografía de Paul Newman quien lleva a cabo una actuación esforzada pero, para mi gusto, excesivamente apegada todavía a las enseñanzas del Actor’s Studio por lo que en ocasiones se muestra como un clon de Marlon Brando o Montgomery Clift. Es un personaje, por momentos repugnante, que va más allá del grupo de jóvenes inconformistas y airados surgidos en la década anterior gracias a papeles protagonizados por actores como James Dean o el nombrado Marlon Brando. Mostrándonos su lado más oscuro en la escena nocturna en la que intenta violar a Alma, la mujer encargada de las tareas domésticas del rancho propiedad de su padre; secuencia maravillosamente fotografiada por James Wong Howe cuyo trabajo en la película es sobresaliente y fue merecedor de un Oscar. 


En el rancho habitan junto a Hud su sobrino y su progenitor, respecto al que mantiene una tensa relación presidida por la incomunicación y la incomprensión, agravada por un hecho trágico acaecido en el pasado y del que el protagonista fue el mayor responsable; convirtiéndose, de esta forma, el peso de la ausencia y los remordimientos en otros de los leitmotivs de la cinta.


Con este enfrentamiento paternofilial nos encontramos otro de los temas principales de la película, la oposición entre tradición y modernidad, entre un mundo cuya muerte, a pesar de su resistencia, es inexorable frente a otro que, una vez nacido, comienza a imponerse. Así, al igual que abordó George Stevens en “Gigante” (1956), Hommer Bannon, encarnado por un Melvin Douglas (7) en estado de gracia que obtuvo un merecidísimo Oscar, pretende seguir dedicando el rancho a la compra , cría y venta de ganado, la actividad que ha llevado a cabo durante toda su vida y de la que se siente enormemente orgulloso, mientras que su hijo anhela iniciarse en el negocio del petróleo explotando las reservas existentes en su propiedad; incluso, al mostrar su oposición Hommer a los planes de su vástago, éste no dudará en intentar inhabilitarlo para adueñarse de la propiedad. De esta forma el patriarca simboliza la cultura del esfuerzo frente a su hijo, representante de la ganancia fácil.


Ambos personifican, por tanto, generaciones diferentes con una visión del mundo distinta, pero además Hommer, heredero directo de los cowboys que cabalgaron por las infinitas llanuras del Oeste durante el siglo XIX, es un hombre integro, de conducta intachable, preocupado por distinguir en todo momento el bien del mal y de cumplir con la ley por muy dolorosa que sea; lo que le lleva a despreciar a su hijo por carecer de principios. Mientras que éste le recrimina el haberle tratado con dureza y no haber contado nunca con su opinión al haberlo considerado como un peón más del rancho. 


La tensión entre ambos estallará en una noche de reproches y dolor tras haber asumido el padre el sacrificio de todo su ganado por padecer fiebra aftosa, mientras Hud era partidario de su venta antes de que se hiciera pública la desgracia; estafa no permitida por su progenitor. De nuevo aparece el enfrentamiento entre la ética, la honradez y la honestidad, y la inmoralidad, la falta de escrúpulos y valores y el egoísmo e individualismo más extremos.


Junto a los dos personajes principales nos encontramos con Lonnie, al que dio vida el malogrado Brandon de Wilde en su mejor trabajo hasta el momento (8). Nieto de Hommer y sobrino de Hud, es un individuo en plena formación que se debate entre el cariño y admiración profesados a su abuelo y la atracción por el espíritu rebelde de su tío; aunque tras una serie de incidentes comprenderá cuál es el verdadero carácter de Hud, no dudando en abandonarlo y marcharse lejos del ambiente enrarecido del rancho para buscar su lugar en el mundo.


Igualmente, con ellos vive Alma, interpretada por una magnética y cautivadora Patricia Neal cuyo trabajo también fue recompensado con el Oscar. Contratada por Hommer para atender a las necesidades domésticas del rancho, es una mujer experimentada y golpeada por la vida; revelándose como el único personaje capaz de proporcionar un poco de calor y humanidad al rancho de los Bannon.



Coherentemente con el tono amargo del filme, la película cuenta con un final duro y nada complaciente en el que todos los personajes principales aparecen como perdedores, caracterizándose por su desarraigo físico y emocional. Sobre todo Hud, quien pagará un precio muy alto por su ambición y su codicia al verse arrastrado a la más absoluta soledad. Totalmente aislado, tan sólo le quedará refugiarse en su casa, una vivienda que desde hace mucho tiempo ha dejado de ser un hogar.


(1) En plena crisis, la negativa de los grandes estudios a vender sus filmes a los distintos canales de televisión duró escasos años; siendo la RKO la primera gran compañía que subastó su amplia filmoteca a mediados de la década de los cincuenta.
(2) Tradicionalmente se considerá a “Marty” (Delbert Mann, 1955), producida por la Hecht-Hill-Lancaster y ganadora de los Oscar a la mejor película, director, guion adaptado (Paddy Chayefsky) y protagonista (Ernst Borgnine), el debut de la “Generación de la televisión” en el cine; mientras que 1957 fue un año fundamental al estrenarse “Doce hombres sin piedad” (Sidney Lumet), película modélica sobre juicios, y dos cintas filmadas por el propio Martin Ritt: “Donde la ciudad termina”, drama social protagonizado por Sidney Poitier y John Cassavetes que denunciaba el racismo latente en la sociedad estadounidense, y “Más fuerte que la vida”, visión ácida de la “American Way of Life” a través de la historia de cuatro matrimonios que contó con una esplendida Joanne Woodward.
(3) Nacido en Nueva York, el “New American Cinema” fue una corrienta cinematográfica vanguardista muy cercana estilísticamente al cine europeo de la época que tuvo como mayores representantes a John Cassavetes y Andy Warhol.
(4) Además de los nombrados Delbert Mann, Sidney Lumet y Martin Ritt, se encuadran en esta generación directores de la talla de Robert Altman, John Frankenheimer, Robert Mulligan, Arthur Penn, Sidney Pollack, Stuart Rosenberg o Franklin J. Schaffner, entre otros.
(5) Entre las obras de Larry McMurtry llevadas al cine con gran acierto debemos citar, aparte de “Hud”, a la cinta de culto “La última película” (Peter Bogdanovich, 1971), en cuyo guion también intervino el novelista. Además escribió los libretos de la excelente serie, basada en su propia novela, “Paloma solitaria” (Simon Wincer, 1989) y de “Brokeback Mountain” (Ang Lee, 2005) por el que obtuvo el Oscar. Tanto “Hud” como “La última película” han sido editados en España por Gallo Nero Ediciones.
(6) Harriet Frank Jr. y Irving Ravetch habían colaborado con Martin Ritt escribiendo los guiones de dos dramas situados en el sur de los EEUU basados en obras de William Faulkner: “El largo y cálido verano” (1958), también protagonizado por Paul Newman, y “El ruido y la furia” (1959) con Yul Brynner y Joanne Woodward; además de haberse ocupado del libreto de “Con el llegó el escándalo” (Vincente Minelli, 1960), película ambientada en Texas en la década de los cincuenta y protagonizada por Robert Mitchum. 
(7) La carrera de Melvin Douglas se vio muy perjudicada al ser acusada su mujer de comunista por haberse enfrentado a Nixon en California y, más tarde, oponerse al Comité de Actividades Antiamericanas. Así, en la década de los cincuenta tan sólo intervendría en dos filmes.
(8) Brandon de Wilde falleció en 1972 a los treinta años en un fatídico accidente de tráfico. Entre las películas que rodó destacan “Raíces profundas” (George Stevens, 1953); “El niño y el perro” excelente y desconocido largometraje rodado por William Wellman en 1956; “La última bala” (James Neilson, 1957) wéstern protagonizado por James Stewart que, en principio, debía haber dirigido Anthony Mann; o “Primera victoria” (Otto Preminger, 1965), filme bélico protagonizado por John Wayne, Kirk Douglas y, como éste, Patricia Neal.

jueves, 13 de marzo de 2025

RÍO LOBO


 (Rio Lobo, 1970)

Dirección: Howard Hawks
Guion: Burton Wohl y Leigh Bracket

Reparto:
- John Wayne (Coronel Cord McNally)
- Jorge Rivero (Capitán Pierre Cordona)
- Jennifer O’Neill (Shasta Delanay)
- Jack Elam (Phillips)
- Christopher Mitchum (Sargento Tuscarora Philips)
- Victor French (Ketcham)
- Susana Dosamantes (María Carmen)
- Sherry Lansing (Amelita)
- Mike Henry (Sheriff Tom Hendrinks)

Música: Jerry Goldsmith
Productora: Cinema Center Films, Batjac Production y Malabar

Por Jesús Cendón. NOTA: 6,75

Lo suyo fue una acción de guerra pero vender información significa traición, una sucia traición por dinero” El coronel McNally al capitán Cordona y el sargento Tuscarora.


SINOPSIS: En las postrimerías de la Guerra de Secesión un grupo de sudistas comandado por el capitán Cordona y el sargento Tuscarora asalta un tren para robar el oro trasportado. El coronel McNally, militar al frente de los envíos, jura encontrar al traidor que posibilitó el robo y vengar la muerte en el asalto de un oficial muy querido. Una vez finalizada la guerra sus pesquisas le llevarán a Río Lobo, una localidad controlada por el sheriff corrupto Hendrinks.



Tras el fracaso cosechado por su anterior filme “Peligro…línea 7000” (1965), quizás una de las películas menos logradas de su excelente filmografía, Hawks decidió no arriesgar y sus siguientes proyectos fueron dos wésterns protagonizados por John Wayne, para asegurarse con la presencia del veterano actor una excelente acogida en la taquilla (1), que suponen una especie de revisitación de la esplendida “Río Bravo” (1959), de tal forma que componen un peculiar tríptico popularmente conocido como “la trilogía de los ríos” donde se repiten personajes, situaciones y paisajes (los tres se rodaron, entre otras localizaciones, en el pueblo de Old Tucson).


Pero si en “El Dorado” Hawks retoma “Río Bravo” con unos héroes más vulnerables y avejentados por el paso del tiempo y las secuelas derivadas de sus profesiones, deslizándose de esta forma por la corriente crepuscular del género a pesar de su enorme vitalidad y la proliferación de gags; con “Río Lobo” nos deleitó a los amantes del género con un wéstern de tono optimista y postulados clásicos, con Wayne volviendo a representar a la justicia y a la ley frente a la anarquía del viejo Oeste y los abusos cometidos por poderosos sin escrúpulos; de tal forma que el filme constituye una rareza anacrónica respecto a las películas del Oeste filmadas durante esa época caracterizadas por su tono crepuscular o su perspectiva revisionista (2).


Para sacar adelante el proyecto Hawks, en su calidad de productor, se rodeó de profesionales de reconocido prestigio: el excelente músico Jerry Goldsmith quien compuso una gran banda sonora en la que sobresalen tanto los temas de corte intimista, destacando el que acompañaa los títulos de crédito de carácter minimalista, como los más épicos; el montador John Woodcock, quien ya había colaborado con él en “El Dorado”; el sobresaliente director de fotografía William H. Clothier, cuya presencia fue constante en este género; y, sobre todo, la magnífica guionista Leigh Bracket (3), prestigiosa escritora de novelas de ciencia ficción y autora de los libretos de los otros dos títulos de la trilogía quien sustituyó a Burton Wohl, autor del relato en el que se basa la película y de la mayor parte del libreto relativo al episodio desarrollado durante la Guerra de Secesión.



Bracket junto a Hawks, que como era costumbre en él retocó continuamente el guion, estructuró el filme en dos partes muy diferenciadas:

La introducción, de media hora, sin duda el tramo más original de la película, transcurre durante la Guerra Civil de los EEUU (de hecho “Río Lobo” es el único wéstern en el que Hawks abordó este conflicto), caracterizada por su dinamismo y ritmo trepidante y centrada en el asalto al tren, excelentemente planificado, dirigido y montado, y la posterior persecución al grupo sudista por parte del coronel McNally, quien ira dividiendo sus tropas hasta quedar sólo y ser atrapado por sus enemigos; aunque, posteriormente, los dos cabecillas rebeldes serán apresados por nuestro protagonista. Esta primera parte acaba con el fin del conflicto y la reunión mantenida por el coronel con sus anteriores enemigos en la que les revelará su plan de descubrir a los nordistas traidores que posibilitaron los robos a los trenes y la muerte de un oficial nordista muy querido por él. A través de la actitud mantenida con los sudistas Cordona y Tuscarora por parte del coronel nordista, mostrándoles su respeto e incluso camaradería por su condicón de exmilitares y no reprochándoles sus golpes de mano al haber cumplido en todo momento con su deber, Hawks introduce el tema de la reconciliación entre los bandos que protagonizaron el conflicto bélico; cuestión que planeará a lo largo de todo el filme.


La parte central y más larga, un wéstern urbanita y en determinados momentos claustrofóbico, se localiza fundamentalmente en los pueblos de Blacthorne y, sobre todo, Río Lobo, repitiendo el esquema básico desarrollado en los dos filmes anteriores de la trilogía: un grupo reducido de individuos enfrentados con una banda de malechores superior en número que intentan imponer su voluntad a los habitantes del pueblo mediante el uso de la violencia. Además de repetir situaciones ya vistas en las anteriores películas como por ejemplo la decisión de hacerse fuertes en la cárcel (símbolo de la ley y el orden transgredido por el sheriif y sus ayudantes) o todo el enfrentamiento final con intercambio de rehenes incluido. Incluso varios personajes parecen recuperados tanto de “Río Bravo” como de “El Dorado”. Así Shasta, “una mujer triste con una historia triste que contar”, contiene rasgos tanto de Feathers (Angie Dickson en el clasíco de 1959) al presentárnosla como un personaje enérgico, independiente, con gran determinación y fortaleza, como de Mississippi (James Caan en el filme de 1967) al perseguir al asesino de su amigo y mentor; mientras que no es difícil rastrear la huella de Stumpy (Walter Brennan) y Bull (Arthur Hunnicutt) en el viejo, bebedor y cascarrabias Phillips, estupendamente interpretado por Jack Elam.


Incluso los guiños a los dos filmes anteriores son constantes; así, por ejemplo, tras tirar Phillips una botella McNally le dirá que sólo hace falta que toque la trompeta (clara alusión al personaje de Bull en “El Dorado”) o justo antes del enfrentamiento final McNally cambiará su rifle por el wínchester con la palanca más redondeada que portó en los dos wésterns anteriores.


Este tramo, además, permite al director abordar temas habituales en su filmografía como el de la amistad varonil, la lealtad, la profesionalidad (Wayne sólo aceptará la ayuda de varios hombres al saber que fueron soldados en la guerra y no simples granjeros) o el sentido del deber; además de ahondar en el relativo a la necesaria reconciliación nacional tras la guerra civil a través de la unión en un mismo grupo de los antiguos enemigos.


Pero, a pesar de contener buenas escenas de acción como el tiroteo en el saloon, y acertados gags, destacando el de la visita de McNally al dentista quien se ve obligado a ponerle realmente una inyección dadas sus escasa aptitudes como actor (4), la película va poco a poco perdiendo intensidad y brio, encontrándonos con una dirección de Hawks meramente funcional e incluso desganada en varias secuencias del filme. Al parecer su actitud se debió a los constantes choques mantenidos con Jennifer O’Neill que en palabras de “el zorro plateado” se comportó durante todo el rodaje como una estrella caprichosa cuando, prácticamente, debutó con esta película en la gran pantalla. De hecho fue Wayne el que, como favor a Hawks y para evitar mayores enfrentamientos, se ocupó durante gran parte de la filmación de dirigir a los actores.


Y es precisamente en el elenco donde encontramos otra de las debilidades de la película. Wayne ofrece una actuación inferior a las que nos tenía acostumbrados aunque, a sus sesenta y tres años, vuelve a mostrar que su carisma se mantenía intacto; pero parece algo incómodo con un personaje que no correspondía a su edad y, de hecho, no protagonizará ninguna trama amorosa mostrándose ante las mujeres tan sólo como “un hombre confortable”. Además, dada la diferencia de edad, no se percibe demasiada química con el resto de reparto: Jorge Rivero, Jenniffer O’Neill y Chris Mitchum, añorándose el magnífico entendimiento que tuvo con sus compañeros de las otras dos películas de la trilogía: Dean Martin y, sobre todo, Robert Mitchum. De hecho Hawks pensó en este último como coprotagonista pero tener a ambas estrellas disparaba el presupuesto del filme concebido como un wéstern modesto y la Cinema Center Films (5), coproductora de la película, se negó a abonar los emolumentos de Mitchum; por lo que Hawks decidió dividir el papel inicialmente previsto en dos: el capitán Cordona al que dio vida Jorge Rivero y el sargento Tuscarora asignado a Chris Mitchum (6), precisamente el hijo mediano de Bob.


El primero, un actor mejicano con algunos filmes en su haber, se muestra bastante soso, titubeante (tuvo problemas con el idioma) e incapaz de brillar en la relación amorosa mantenida con Jennifer O’Neill que resulta bastante anodina. Mientras que el segundo se limita a desplegar su simpatía natural a lo largo de la cinta.


Por su parte Jenniffer O’Neill no era la actriz adecuada para dar vida a una mujer de fuerte carácter como Shasta Delanay y, además, sus constantes choques con el director llevaron a éste a recortar su papel. Así, pasará de tener un gran protagonismo, incluso en las escenas de acción (tiroteo en el saloon, rescate del viejo Philips) a desaparecer en todo el tramol final de la película provocando un cierto desconcierto en el espectador; mientras que paralelamente adquieren mayor peso durante el desenlace de la cinta  otros dos personajes femeninos: María Carmen interpretada por Susana Dosamantes (madre de la cantante Paulina Rubio) y, sobre todo, Amelita, a la que dio vida Sherry Lansing, quien acaba con la vida del sheriff Hendrinks, encarnado por Mike Henry (6), y comparte el último plano del filme con John Wayne.


Del inadecuado elenco se salva un estupendo Jack Elam al dar vida al viejo Phillips; pero, en realidad, el actor era trece años más joven que John Wayne acentuándose aún más el desajuste existente entre ambos personajes. De tal forma que Wayne, consciente de este hecho, parece parodiar su personaje en varias escenas de la película.



No obstante cabe señalar que “Río Lobo”, pese a la opinión de Hawks sobre ella (8), sus baches narrativos y los problemas anteriormente citados, constituye un sólido y a veces vigoroso wéstern, un regalo muy especial de “el zorro plateado” a las personas que crecimos con este género y una más que digna despedida de uno de los tres grandes directores, junto a John Ford y Raoul Walsh, del Hollywood clásico.


(1) John Wayne, como recoge el crítico y especialista Juan Tejero en su libro “Duke, la leyenda de un gigante”, se mantuvo entre los diez actores más taquilleros durante el período 1949-1973, con la excepción de 1958. De hecho fue el primero en 1950. 1951, 1954 y 1971; el segundo en 1956, 1957, 1963, 1965 y 1969; el tercero en 1952, 1953 y 1955; y el cuarto en 1949, 1961, 1962, 1964, 1968, 1970 y 1972. Tal era su popularidad que se extendió la frase “voy a ver una película de John Wayne” con independencia del director que filmaba la cinta protagonizada por él y la temática de la misma.

(2) Solamente en 1970, año del rodaje de “Río Lobo”, se produjeron, entre otras, las desmitificadoras y revisionistas “Pequeño gran hombre” y “Soldado azul”, la también revisionista y naturalista “Un hombre llamado caballo”, las crepusculares “La balada de Cable Hogue” y “Monty Walsh”; las spaghetteras “El Cóndor”, “Los forajidos de Río Bravo” y “Cañones para Córdoba”; o la memorable farsa “El día de los tramposos”. Películas muy alejadas de la visión y el tono empleados por Howard Hawks en el largometraje objeto de esta reseña.

(3) Recientemente la editorial Valdemar en su colección Frontera ha publicado su excelente novela wéstern “Sigue el viento libre”.

(4) En realidad fue una broma improvisada por Hawks a modo de homenaje al protagonista del filme ya que el actor por fin había visto reconocida su carrera al recibir el Oscar por su interpretación del sheriff Rooster Cogburn en “Valor de ley” (Henry Hathaway, 1969); coincidiendo su entrega con el rodaje de esta película.

(5) Cinema Center Films, compañía cinematográfica de la CBS, produjo desde 1968 a 1972 treinta filmes, generalmente de presupuesto ajustado. Entre ellos el mencionado “Monty Walsh”, cuya dirección ofrecieron precisamente a Howard Hawks quien declino la oferta, por lo que finalmente se ocupó de ella el televisivo William A. Fraker; y otras dos wésterns en 1970 que cosecharon un gran éxito, las también citadas “Pequeño gran hombre” (Arthur Penn) y “Un hombre llamado caballo” (Elliot Silverstein).

(6) Christopher Mitchum volvería a trabajar junto a John Wayne en “El gran Jack” (George Sherman-John Wayne, 1971), interpretando, junto a Patrick Wayne, a uno de sus hijos. 

(7) Mike Henry, que actuó junto a John Wayne en “Boinas Verdes” (John Wayne-Ray Kellog, 1968), panfleto bélico a favor de la intervención estadounidense en Vietnam mal acogido por crítica y público, fue el encargado de dar vida a Tarzán en tres producciones entre 1966 y 1968, obteniendo cierta popularidad. 

(8) Llegó a afirmar que la película no valía nada y que Wayne estaba demasiado mayor y torpe.